Democratizar el ciclo del agua
Un estudio universitario expone la necesidad de iniciar un sistema de gestión más democrático y participativo, empezando por recuperar el carácter público del agua
El trabajo de fin de máster de Carlos Shanka explora “la paradoja crítica entre la abundancia y la escasez de agua en Lanzarote, una isla seca cuya dependencia de la desalinización ha transformado su desarrollo”. Aunque hace más cosas. Su investigación, en realidad, aborda de manera crítica los desafíos locales en esta ecología política de la escasez y la abundancia de agua. Lanzarote sirve, en este caso, como un caso de estudio destacado para analizar la ecología política del agua. El ejemplo demuestra cómo la abundancia puede ser escasa, y la escasez, abundante.
Shanka estudió Biología y posteriormente realizó un Máster en el Instituto de Estudios de Desarrollo de la Universidad de Sussex (Reino Unido). Recibió el Premio Joven Científico de la UNESCO, junto a otros catorce estudiantes de todo el mundo, para poder investigar. Escogió el caso del agua en Lanzarote pero no para hablar de “litros ni kilovatios hora, sino sobre justicia y dinámicas de poder”. La tesis trata sobre el agua, pero el asunto principal que intenta abordar mediante el agua “como un recurso no solo natural, sino conceptual o intelectual, es la abundancia”, señala.
Como conclusión, o quizá como el paso inicial para el futuro, apunta a la necesidad de no privatizar el agua. “Es un error muy grave en cuanto a la soberanía y la seguridad hídrica, que se pagará caro”, describe. Sin embargo, lo contrario, que el agua sea pública, tampoco garantiza por sí sola, un buen funcionamiento. “Hay que poder matizar qué significa un agua para todos y una gestión hídrica justa”, dice el autor.
La escasez, en este caso, es un resultado de las relaciones entre el poder, la infraestructura y el discurso, en lugar de la “retórica reduccionista” que menciona la aridez como la causa principal de esa escasez. Es decir, como resultado de las decisiones que se han tomado: quién asegura el agua, cuándo y cómo. Para ello, Shanka llevó a cabo diversas entrevistas con actores clave en la Isla, además de encuestas online y un análisis del discurso de políticas y de medios, así como otros datos secundarios.
Los resultados muestran tres dinámicas entrelazadas. Por un lado, la desalinización crea vulnerabilidades de bloqueo y de dependencia del petróleo, por otro la periferia infraestructural y la financiarización reproducen la desigualdad y la deuda. Y el tercero: las experiencias cotidianas de desconfianza, insatisfacción y exclusión perpetúan márgenes escalares que cristalizan en la “triple periferia”.
El autor hace un repaso por la historia del agua en Lanzarote, desde el aprovechamiento tradicional de cada gota de agua, el cambio económico de una isla agrícola a una turística... hasta la llegada de la desalación, la aparición del Consorcio del agua y de Inalsa y finalmente la llegada de Canal Gestión.
En la situación actual, mientras que el sector turístico disfruta de abundancia de agua, y un turista gasta entre tres y cuatro veces más agua por persona que un residente, muchos vecinos se enfrentan a la escasez, con cortes continuos de suministro.
Las respuestas ortodoxas de gobernanza ante esta situación o situaciones anteriores se han centrado en soluciones tecnológicas, especialmente en el aumento de la capacidad de desalinización. Sin embargo, esta expansión oculta vulnerabilidades sistémicas: el deterioro de infraestructuras, la dependencia energética y las desigualdades crecientes en el acceso al agua.
Debate
El trabajo contribuye al debate de diferentes maneras. Ofrece un análisis crítico de la dependencia de la desalinización mostrando cómo una tecnología celebrada como solución a la escasez ha creado “nuevos confinamientos y vulnerabilidades”, incluyendo la dependencia energética y el fallo de infraestructuras. Además, explora el concepto de periferia enmarcando Lanzarote como un caso de doble periferia, marginal respecto al núcleo español, europeo y a las islas capitalinas del Archipiélago, y en la escala local destacando la “triple periferia de Haría”.
“Cometer un error ahora en su gestión puede suponer graves consecuencias”
La escasez de la era de la desalinización “no es casual”, sino que sería la consecuencia de un “peligroso discurso neoliberal y tecnocrático que ha trazado un camino de desarrollo totalmente dependiente de una planta desalinizadora, sin tener en cuenta las limitaciones de la insularidad”. Al mismo tiempo, este modelo proporciona la “ilusoria creencia de lujo, riqueza y prosperidad a corto plazo”. Por eso, la inicial abundancia de agua propició un auge turístico de monocultivos, un crecimiento demográfico y una riqueza “de la noche a la mañana”. Pero, aun así, con el tiempo, la abundancia se volvió frágil, “en silencio”, hasta que finalmente se derrumbó.
Por otro lado, la abundancia turística coexiste con la escasez que sufren los residentes. Existe una jerarquía hidrosocial marcada por la visibilidad (turismo), la voz (centralidad institucional) y la posición en la red (distancia del núcleo). Son criterios clave para determinar quién tiene acceso fiable al agua, con qué calidad y a qué coste. El Gobierno insular y la empresa concesionaria discuten sobre tecnología, mientras que los residentes se centran en la justicia, respecto al agua, según las conclusiones del trabajo.
![]()
Carlos Shanka.
Pública
Si el agua estuviera en manos públicas, serían necesarias instituciones que redistribuyan el poder e impusieran el mantenimiento y una reinversión a largo plazo que priorice la reducción de pérdidas. Por otro lado, el enfoque en la propiedad “nos distrae de las cuestiones de participación y toma de decisiones”, señala el autor, que considera que “democratizar los futuros hidrosociales de Lanzarote requiere ir más allá de esta dicotomía entre lo público y lo privado para imaginar modelos de gobernanza que redistribuyan la voz, prioricen la equidad y afronten los confinamientos sistémicos de la dependencia desalinizadora”.
El sector turístico disfruta de la abundancia y los vecinos de la escasez
En este sentido, apunta que el fracaso de Inalsa, la empresa pública de agua, no se debió solamente a una mala gestión del agua, sino también a los sistemas de gobernanza “con mecanismos de rendición de cuentas y transparencia negligentes”. El agua, lejos de concebirse como un bien público común, fue capitalizada “por las poderosas manos de un gobierno autocrático y orientado al mercado, creando una empresa pública como herramienta política para controlar sectores específicos”.
La transformación, por otro lado, solo será posible con la democratización del ciclo hidrosocial porque Lanzarote “se enfrenta a un grave problema de confianza y legitimidad en la gobernanza del agua, construido a lo largo de décadas de fallos en las infraestructuras, corrupción y la exclusión de ciudadanos, municipios y agricultores de la política del agua”. Funcionaría mejor, por tanto, un sistema en el que haya “diferentes partes que puedan tener poder en la toma de decisiones de la gobernanza del agua y que no sólo sean el Cabildo y los ayuntamientos”.
Prioridades
El trabajo identifica cuatro prioridades. La primera sería la de reconocer los límites al crecimiento en una isla pequeña. Los hoteles operan con desalinización privada, una situación que cuestiona la soberanía insular sobre el territorio. Habría que tender a evitar el aprovechamiento total de redes y ecosistemas públicos e incluir aranceles progresivos de bloque y una gestión estacional de la demanda.
“Precisamente ahora es cuando la democracia participativa es más necesaria”
En segundo lugar, hace falta “imaginación colectiva radical” para el futuro. Los municipios deberían tener un poder de veto significativo y de facto en cualquier proceso de toma de decisiones dentro del Consorcio, para evitar el clientelismo. También deberían tener un papel los Consejos de usuarios como la Mesa de Agua, con capacidad de influencia sobre los planes de inversión y las mejoras arancelarias.
La tercera prioridad parte de la base de escapar de la escasez sin aumentar la producción, sino reduciendo las pérdidas de agua. Por eso hace falta un plan integral y a largo plazo que considere el agua como un bien común. “Los desafíos financieros pueden superarse mediante la planificación estratégica y una ecotasa sobre el turismo masivo puede servir como subvención para la infraestructura de red”. La cuarta habla de profundizar en la autonomía hidrológica y energética y reducir la dependencia de la desalación de los combustibles fósiles.
Crisis
El trabajo considera que la crisis hídrica se arrastra desde hace varios años “y no se puede caer en esa trampa de que por urgencia o por prisa se tengan que tomar decisiones apresuradas”. “Precisamente ahora es cuando la democracia participativa es más necesaria”, apunta el autor, que explica que la situación del agua está mal, pero puede empeorar. “El autor insiste en que “no somos conscientes de la alta vulnerabilidad” del ciclo integral del agua, que depende de los mercados de petróleo. “Es cuestión de tiempo que el agua, que determina la economía, la vida, la sociedad y el medio ambiente se encarezca o directamente no se pueda desalar”, apunta.
Por todo ello, queda mucho trabajo por delante y es “objetivamente mejorable la democratización deliberada”, es decir, que haya mayor incidencia y mayor voz y voto respecto a las decisiones sobre el agua. Otra reflexión es la de que todas las propuestas son mayoritariamente teóricas pero no se podrán llevar a cabo “sin la movilización ni la acción ciudadana”, y estas, a su vez, no se pueden producir sin la conciencia previa.
En resumen, la principal apuesta del trabajo es “la democratización del futuro del agua” que no podrá producirse mientras esté privatizada, por lo que el primer paso sería el de lograr un sistema o una gestión del ciclo integral del agua que sea pública. “Si la crisis del agua es la principal amenaza que supone para el futuro de la vida en Lanzarote, la principal solución es la democratización deliberada, una democratización en la que las partes interesadas, la sociedad en su manera más representativa posible, pueda tener voz y voto de facto, pueda decidir su propio futuro y que no lo decidan por ella -señala esta tesis-. Por eso hay que concienciar y movilizar a la gente para que exija esa democratización”.
El autor considera que estos meses son “absolutamente claves para determinar el futuro de Lanzarote” y que “cometer un error ahora en la gestión del agua puede suponer graves consecuencias a largo plazo para la Isla”.
















Añadir nuevo comentario