Pedro Hernández

Lanzarote: ¿Qué está pasando con el territorio de la Isla?

Hay momentos en la historia de un territorio en los que  no basta con mirar cada agresión de forma aislada. La ciudadanía tiene la obligación moral de detenerse, levantar la mirada y preguntarse qué está ocurriendo realmente. ESE MOMENTO HA LLEGADO EN LANZAROTE.

Es una pregunta que DEBE HACERSE TODA LA SOCIEDAD: ciudadanos y ciudadanas, responsables públicos, ayuntamientos, Cabildo, Gobierno de Canarias, diputados y diputadas. LO QUE ESTÁ OCURRIENDO EN LA ISLA YA NO PUEDE INTERPRETARSE COMO UNA SUMA DE ACTUACIONES INCONEXAS.

Cuando se observa en conjunto, aparece un   patrón inquietante: un proceso continuado de degradación del paisaje, de los ecosistemas y de la identidad territorial de Lanzarote.

Durante años, muchos de estos impactos apenas eran percibidos porque llegaban fragmentados. Una torre aquí. Un cableado allá. Un nuevo parque industrializado en mitad del paisaje agrario. Un proyecto energético. Una gran infraestructura de telecomunicaciones.

Ahora, vistos globalmente, forman una imagen estremecedora.

El debate abierto por las llamadas zonas de aceleración de las renovables ha provocado un despertar colectivo. De repente, una parte importante de la sociedad ha comprendido que no se trata únicamente de instalar energías limpias, sino de decidir qué modelo de isla se quiere construir y hasta dónde estamos dispuestos a destruir para hacerlo.

¿QUÉ ESTÁ PASANDO EN EL SUR DE LANZAROTE?

¿Por qué se pretende atravesar con grandes torres el paisaje de Playa Blanca, Femés y todo el valle de Femés para conectar con  Mácher?

¿Por qué se acepta semejante impacto visual y ecológico en uno de los paisajes más extraordinarios de Canarias?

¿QUÉ ESTÁ PASANDO EN MASDACHE?

¿Por qué el Ayuntamiento de Tías y el Cabildo facilitaron la instalación de una gran torre de telefonía móvil en el corazón visual y geográfico de la isla, en la cuenca central que se abre desde La Florida hasta Uga?

¿Cómo se explica que se siga apostando por megainfraestructuras de telecomunicaciones cuando buena parte de Europa avanza hacia sistemas menos invasivos, con pequeñas infraestructuras distribuidas y menor impacto paisajístico y electromagnético?

La realidad es evidente: Lanzarote se ha llenado de postes, torres y cableados. La mayoría de las líneas no están soterradas. Existen tramos enteros con cables tirados sobre el suelo, generando un deterioro visual insoportable en un territorio que fue referencia mundial precisamente por su relación armónica entre paisaje y actividad humana.

¿QUÉ ESTÁ PASANDO CON EL MOLINO QUE INSTALARÁN EN LA SANTA?

La amenaza se extiende sobre la rampa noroeste de la isla. Desde Soo hasta Tenesar, pasando por La Costa, El Cuchillo y Tinajo. Ese paisaje agrario de multiparcela perimetrada, construido con siglos de esfuerzo campesino, constituye uno de los espacios culturales más singulare.

Una rampa visual que se abre hacia el Archipiélago Chinijo y hacia el horizonte infinito del Atlántico.

¿Por qué también ahí? ¿Por qué esa necesidad constante de industrializar cada horizonte?

La pregunta de fondo es inevitable: ¿quién ha otorgado legitimidad para producir esta agresión territorial?

Porque hablamos de Lanzarote, un paisaje único. Un territorio modelado primero por la violencia volcánica y después por la inteligencia de generaciones de agricultores y agricultoras que, desde las erupciones de 1730, fueron capaces de construir un sistema agrícola extraordinario basado en los enarenados. Un modelo admirado internacionalmente y premiado recientemente por su valor patrimonial y ambiental.

Y, sin embargo, ocurre algo profundamente contradictorio: las mismas instituciones que viajan por el mundo recogiendo premios y alabando la singularidad de Lanzarote son las que luego firman informes que facilitan proyectos que destruyen ese mismo paisaje.

¿QUÉ EXPLICA ESA FRACTURA MORAL Y  POLÍTICA?

¿Cómo puede defenderse públicamente el valor excepcional del territorio mientras se autorizan actuaciones que lo degradan irreversiblemente?

El problema no es únicamente estético. Es también jurídico, ambiental y democrático.

El Plan Insular de Ordenación del Territorio de 1991 ya establecía directrices claras para proteger el paisaje y ordenar las infraestructuras. Era obligatorio avanzar hacia el soterramiento de líneas y minimizar los impactos territoriales. Nada de eso se ha cumplido. Décadas después, buena parte de la isla se encuentra sumida en un caos creciente de postes, torres y cableados.

Tampoco se está respetando el Convenio Europeo del Paisaje, que obliga a considerar el paisaje como un elemento esencial del bienestar colectivo, de la identidad cultural y de la calidad de vida.

Y mientras tanto siguen apareciendo proyectos incomprensibles. Ahí está el caso del molino previsto en La Santa para desalar agua agrícola. Un proyecto cuya declaración de impacto ambiental lleva tiempo caducada y que, sin embargo, pretende ejecutarse de manera inmediata en un corredor ecológico de enorme sensibilidad para las aves.

La contradicción alcanza niveles absurdos. Hace poco se suspendió un rally en la zona de Las Betancoras por el impacto que podía generar sobre determinadas especies, entre ellas las avutardas. Sin embargo, el rally se paraliza y, al mismo tiempo, se permite una infraestructura industrial permanente en un espacio de altísimo valor ecológico y paisajístico.

¿DÓNDE ESTÁ LA COHERENCIA?

Lanzarote necesita detenerse y reflexionar de manera global. No se puede analizar por separado el proyecto de las torres de Los Ajaches, la torre de Masdache, el molino de La Santa o las zonas de aceleración de renovables. Todo forma parte de una misma dinámica de ocupación intensiva del territorio.

Y precisamente por eso resulta imprescindible recuperar la memoria de la isla. Recordar las advertencias que hizo César Manrique desde los años sesenta y que quedaron reflejadas con claridad en su libro "Lanzarote, arquitectura inédita". Manrique entendió antes que nadie que el verdadero valor de Lanzarote no estaba en convertirla en un territorio industrializado, sino en preservar la armonía entre naturaleza, cultura y paisaje.

Hoy esa armonía está en peligro.

Y la pregunta ya no puede aplazarse más:

¿QUÉ ESTÁ PASANDO EN LANZAROTE?

En un lugar de horizonte con paisaje de Lanzarote en los inicios del creciente de mayo de 2026.

Confunden los necios el valor  y la belleza del paisaje de la isla. Decía el poeta Machado que " todo necio, confunde valor con precio"

 

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