
La talla [escasa] de Clavijo
Imaginemos por un momento que en un buque lleno de canarios, en pleno Atlántico, se detecta uno de esos brotes víricos como el que sufrió el MV Hondius —el buque de expedición al que Cabo Verde impidió el desembarco de los pasajeros y Marruecos negó el aterrizaje del avión que transportaba a dos pasajeros del buque por un brote de Hantavirus—. Pongamos por caso que el barco navega ahora en aguas del Caribe y que en uno de esos países un dirigente bananero decide que no, que allí no desembarca nadie, ni tan siquiera para coger el avión que los repatrie a sus países de origen. No atiende a razones humanitarias ni de salud. La solidaridad se la suda y el sentido común no existe.
Pongamos por caso que una hija del presidente Clavijo va a bordo porque fue a avistar mariposas a algún país americano. No imagino que el padre se contente ni que comparta las razones de aquel país para impedir el desembarco. Todo lo contrario: andaría vociferando porque aquel energúmeno no merece tutelar a pueblo alguno.
Pues eso mismo deben estar pensando de Clavijo no sé cuántas familias de otras tantas nacionalidades. El MV Hondius —ese buque de expedición que recaló en aguas canarias con varios tripulantes afectados por un virus a bordo— pedía, simplemente, poder atracar para repatriar a sus pasajeros y recibir la atención médica necesaria. Una petición humanitaria elemental, de esas que no deberían generar el menor debate. Y sin embargo, Clavijo opuso resistencia. No encontró la manera de decir que sí. No encontró el gesto que la ocasión exigía. Pensó que la dimensión turística de las islas, o la de Tenerife, a la que se debe, impedía otra decisión, sin valorar que la negativa al atraque iba a ser una pésima campaña de promoción para las islas. Que eso de la legendaria hospitalidad de los canarios es una patraña. La misma patraña que predica toda Coalición Canaria y todo el PP canario, que no osan replicarle la toletada a su propio líder cuando la ocasión lo exige.
Porque liderar no es gestionar un confortable silencio. Es tener la talla moral de decir lo que hay que decir, aunque incomode. Es estar a la altura cuando el mundo te está mirando. Y esa talla, por lo visto, le viene grande al presidente del Gobierno de Canarias, a todos sus dirigentes y a sus mezquinos socios de gobierno. Lo grave es que nos situamos en un poco honroso puesto en un ranking junto a Marruecos y Cabo Verde, a la misma altura que estos.
Penoso.












Comentarios
1 Que fácil Mié, 13/05/2026 - 11:08
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