Inadaptados: rock rápido a fuego lento
José María de Páiz retrata en una nueva película la historia de Inadaptados, uno de los grupos de rock más originales y con más personalidad de la Isla
Por el documental desfilan amigos, conocidos, miembros de otras bandas, productores o programadores. Si en algo coinciden es en que en Canarias, Inadaptados eran, y son, únicos en su especie. Unos hablan de rockabilly, otros de psichobilly, de afterpunk o de garaje. Otros los califican como música acelerada, como algo original pero a la vez clásico, “agresivo pero no ruidoso”, otros dicen que es “rock and roll crudo, rápido y salvaje”. Y hay definiciones más elaboradas: una mezcla entre el garaje de Sonic Youth, el psichobilly de The Cramps con sus letras oscuras y el punk rock de los Dead Boys, “todo mezclado en una licuadora endemoniada”.
Inadaptados: Rock & Roll desesperado se estrenó el 13 de mayo en la sala Buñuel de El Almacén. Es el último documental, hasta la fecha, de José María de Páiz, que se ha centrado por primera vez en una banda lanzaroteña para continuar con su serie de películas centradas en la música que se ha hecho en el Archipiélago en las últimas décadas.
Al finalizar la proyección, en el turno de preguntas, alguien dijo que Inadaptados habían sido profetas en su tierra. En una época en que los matices musicales servían para edificar diferencias irreconciliables, Inadaptados era el grupo de todos: generaba un consenso entre rockeros, punks, heavys y demás calaña.
Sea cual sea su etiqueta o “su propia travesía en el desierto”, la han ido despegando siempre fieles a estilo. No solo a su estilo musical. “Sonaban muy bien y eran grandes personas”, dice en el documental Juan Salán, que los subió al escenario del Pub La Calle en Las Palmas de Gran Canaria.
Inadaptados tocan rápido pero van despacio. Empezaron en 1990 y están a punto de sacar su segundo LP. Grabaron un EP en 1996 con Ruin Records y un LP en 2017 con el sello madrileño Folc. Por el camino crearon King Trash Fandango, un grupo paralelo, y tuvieron un paréntesis de inactividad que duró 16 años.
Es evidente que tocan porque les gusta, porque lo necesitan o porque les divierte. Buli dice que nunca pensaron en ganar dinero ni en ser famosos pero que cuando grabaron las cuatro canciones del primer EP vio que ya habían llegado donde querían. También dice, aunque de otra manera, que a lo mejor por separado no son unos virtuosos, pero que cuando se juntan ya son algo más que la suma de cuatro individuos. Que en esa conjunción pasa algo.
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Jóvenes
Las primeras imágenes que aparecen en la película son de unos Inadaptados jóvenes y con ganas de comerse el mundo, quejándose ante la cámara de una televisión local de la lejanía de los circuitos de rock y de que no se apostaba por las bandas de la periferia “Yo estoy aquí porque me gusta tocar y para no estar sentado en la moto, que estoy más quemao ya...”, dice Buli. “El rock and roll es violencia y velocidad”, remata Antonio.
Dice de ellos Domingo Alemán, en la película, que eran “los Clash de La Geria”
En la película se explica su historia inicial, que es la historia inicial de miles de grupos de rock. Dos amigos que escuchan música, que les gusta el rock and roll y que fantasean con montar una banda aunque apenas saben tocar y no tienen instrumentos. Lo que sí tenían, Javi y Carlos, era un programa en Radio 86, El gato descarriado, y por allí apareció Buli, con sus patillas, o lo buscaron, que ya tocaba la batería en el grupo La Estación.
El nombre se lo propuso un amigo, Pablo Rebelión. Era el título del primer disco de la banda navarra Cicatriz. Les gustó y se lo quedaron. Empezaron a ensayar, con otros grupos, en un local de la calle La Inés y de allí pasaron a estrenar los locales de ensayo de la Casa de la Juventud, donde estuvieron ocho años, hasta 1998.
El grupo nació en el verano de 1990, y en noviembre, con siete u ocho temas preparados, debutaron en el Lemon, en el Charco de San Ginés. El primer tema que sacaron, Sacrificio, nació de la lectura de una noticia que apareció en Interviú sobre unos ritos en un cementerio.
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Cuatro
Después se incorporó Antonio, con otra guitarra, que era un poco más joven que ellos y los conocía en calidad de seguidor y admirador de la banda. Incluso grababa los conciertos. También se había sumado Roberto, que había sido el cantante de Goma 2. Llegó al grupo, entre otros motivos, porque, como explica Carlos en la película, aún no sabían tocar y cantar a la vez y solo les llegaba la destreza para hacer coros. Pero aprendieron rápido.
Grabaron una maqueta, cuando se grababan maquetas, y la presentaron al certamen de pop-rock de Canarias. Fueron finalistas del concurso y fueron a tocar a Infecar, a Gran Canaria. También empezaron a sonar en En bandeja de plata, el programa de radio de Vicente Abreu, y salieron en Enróllate, el programa que tenía en TVE en Canarias, Lola Atienza.
Después de un largo paréntesis de 16 años, reaparecieron en 2015 en el Callejón
Y además de en el Pub La Calle, por donde pasaban todos los músicos canarios que querían hacer carrera, tocaron en La Fábrica. Pero donde más tocaron fue en Arrecife, en La Virasón. Tocaban tantas veces que Buli decía entonces que deberían cambiarse el nombre a Orquesta Inadaptados, porque no fallaban ni un viernes.
Dice de ellos Domingo Alemán, en la película, que eran “los Clash de La Geria”. Fue el productor de su primer disco, con Ruin Records, que grabaron “en la bodega de Manolo en agosto de 1996”, según reza la contraportada. Gracias a ese trabajo empezaron a sonar en el Diario Pop de Jesús Ordovás, en Radio 3. Los ponía tan a menudo que, a veces, iban en el coche, ponían la radio y sonaban ellos mismos.
Después de un largo paréntesis de 16 años, reaparecieron en 2015 en El Callejón. Del reencuentro nació el disco Rock and roll desesperado, que lo grabaron en Studios Neptar y salió en 2018 con el sello madrileño Folc Records, que ya les conocía por King Trash Fandango, aunque no sabía que era los mismos pero con otro nombre. Hace poco grabaron otro disco, el segundo en 36 años, Olor a fuzz, esta vez con Malpaís Récords y mezclas de Mike Mariconda, que saldrá en breve.
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Facundo
Después de ensayar se iban a la Eskina Facundo, en las naves de Los Betancores, junto a El Reducto. Lo que empezó como un lugar, en plena calle, para beber, escuchar música en cassette y hacer alguna pintada, acabó como un punto de encuentro de colegas, de otras bandas, de “los peludos” y de todo el que llegaba a tocar a la Isla.
Había más lugares de encuentro, como explica en la película Jonás Martín, el creador del fanzine Sancocho Metálico, que también aporta al documental una buena cantidad de vídeos de las actuaciones de la banda. Dice Jonás que estaban todo el día (la noche) activados, “en on”, porque la ruta habitual pasaba por estos bares: El Balcón, El Callejón, El Rincón, El Porrón y, por supuesto, La Virasón.
Dirección
El guion y la dirección del documental es de José María de Páiz, que en esta ocasión se acompaña de Héctor Alemán en la dirección de imagen y sonido, de la edición de Luis Guadalupe, las colaboraciones de Álvaro Carrero, Tairy Panés y Catalina Garcés. La producción es de Jonathan Delgado, de Los 80 pasan factura.


















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