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José Antonio Maldonado, el campeón de China que forma en Lanzarote

El preparador ha encontrado en el CD Orientación Marítima una nueva manera de entender el fútbol

Rubén Betancort 0 COMENTARIOS 26/07/2026 - 09:44

Hay entrenadores que persiguen el siguiente banquillo. Otros, en cambio, terminan encontrando el sentido de su carrera donde menos lo esperaban. La historia de José Antonio Maldonado Medrano (San José de la Rinconada, Sevilla, 1973) pertenece al segundo grupo.

Su currículum habla de una larga trayectoria como futbolista profesional. Sus primeros pasos los dio en la AD San José, el club de su pueblo. Con apenas diez años firmó por el Sevilla y defendió las camisetas de filiales como Zaragoza, Betis y Mallorca, además de clubes como Lleida, Terrassa, Ávila, Manchego o Los Palacios, entre otros. También la de un entrenador que cruzó medio mundo para trabajar en la Primera División de China, vivió desde dentro el estallido del coronavirus en Wuhan y hoy dedica sus conocimientos a la formación de jóvenes futbolistas en Lanzarote. Un recorrido poco habitual que demuestra que el éxito no siempre se mide por la categoría en la que se entrena.

“Soy un entrenador con una larga etapa como jugador”, resume con naturalidad. No es una frase improvisada. Maldonado se retiró tarde, con 38 años, después de una carrera en la que el fútbol ocupó absolutamente todo. “Cuando dejas el fútbol tienes que reacondicionarte a la vida real porque la vida del futbolista es muy diferente. El fútbol, para mí, es todo”.

Como ocurre con tantos deportistas, su carrera también estuvo marcada por los golpes. Las lesiones llegaron cuando atravesaba uno de los mejores momentos de su trayectoria. “Me lesioné con 27 años y estuve casi dos temporadas sin jugar. Es entonces cuando descubres que el fútbol también tiene una cara muy dura. La gente parece olvidarse de ti”. Aquella experiencia terminó convirtiéndose en uno de los mayores aprendizajes de su vida deportiva.

Si hubo un punto de inflexión positivo, ese fue su llegada al Mallorca de Héctor Cúper. Allí dejó de ser un profesional anónimo para debutar en Primera División, disputar la Copa del Rey y vivir el fútbol europeo. “Fue cuando pasé a ser un jugador conocido”, recuerda.

Pensar como entrenador

Mientras competía, Maldonado ya pensaba como entrenador. “Siempre organizaba a mis compañeros, hablaba mucho con los técnicos y me interesaban los sistemas. Siempre supe que acabaría entrenando”. Entre sus referencias aparecen nombres como Lorenzo Serra Ferrer, Héctor Cúper o Víctor Muñoz, aunque también observa con admiración la evolución del fútbol moderno representada por técnicos como Luis Enrique o Pep Guardiola.

En noviembre de 2019 llegó una oportunidad tan inesperada como ilusionante: el Wuhan Three Towns de China le ofreció dirigir a su equipo filial. Apenas necesitó dos meses para proclamarse campeón, pero la historia dio un giro imposible de prever. Wuhan se convirtió en el epicentro mundial del coronavirus y tuvo que regresar precipitadamente a España, dejando un proyecto que apenas acababa de comenzar.

Un cambio de rumbo

Tras dirigir de nuevo a la AD San José, el destino volvió a sorprenderle. Llegó a Lanzarote inicialmente por motivos laborales y con la intención de desconectar después de años de máxima exigencia. Fue entonces cuando apareció la llamada del CD Orientación Marítima. Basilio Coco, con la mediación de Luis Helguera, le abrió las puertas del club. Aquella llamada cambió el rumbo de su carrera.

“Organizaba, hablaba con los técnicos y me interesaban los sistemas”

Durante la temporada 2024-25 asumió el reto de dirigir al equipo femenino del Orientación Marítima en Segunda Federación, una experiencia que recuerda con especial cariño. “Fue un placer entrenar a un grupo de chicas extraordinarias. Era un reto diferente y me devolvió esa dinámica competitiva de viajar cada quince días”. Lejos de buscar inmediatamente un nuevo destino en el fútbol sénior, aceptó continuar en el club entrenando al equipo infantil durante la temporada 2025-26. Una decisión que, vista desde fuera, puede parecer un paso atrás, pero que él interpreta justamente al contrario.

“En estas edades todo es importante: la táctica, la técnica y la formación personal. Es un momento decisivo porque dejan atrás el fútbol base para empezar a construir la personalidad con la que llegarán al fútbol juvenil”. Para Maldonado, competir y formar no son conceptos enfrentados. “Van de la mano. Mientras aprenden, también compiten y crecen como futbolistas y como personas”.

Una vida diferente

La tranquilidad que buscaba también la encontró fuera del campo. Lanzarote le ha ofrecido una calidad de vida difícil de igualar. “Soy una persona tranquila. Me gusta la playa, pasear y la calma. Aquí encontré todo eso”. Solo de vez en cuando necesita volver a Sevilla para reencontrarse con su familia y sus amigos antes de regresar a una isla que ya siente como propia.

Quizá por eso sorprende aún más una confesión que realiza casi al final de la conversación. Hace poco tuvo la posibilidad de regresar a entrenar en la Primera División china. Sin embargo, decidió quedarse. “Estoy muy cómodo en el club, muy bien en la Isla y completamente implicado con el proyecto de Pedro Cabrera en el CD Orientación Marítima”.

No renuncia al fútbol sénior. Reconoce que le gustaría volver porque cree que todavía tiene mucho que aportar. Pero tampoco esconde que la formación le apasiona. Hoy disfruta ayudando a crecer a futbolistas que apenas comienzan el camino que él recorrió durante casi cuatro décadas.

Por eso, cuando se le pregunta qué le diría al niño que empieza a jugar en un campo de tierra de Sevilla, no habla de títulos, de contratos ni de categorías. Su respuesta es mucho más sencilla. “Que disfrute, que nunca pierda su personalidad, que sea buena persona. Ya descubrirá más adelante que el fútbol se vuelve cada vez más complicado”.

Quizá esa frase explique mejor que ninguna otra el momento que vive José Antonio Maldonado. Después de recorrer el fútbol profesional, de entrenar en China y de convivir con la élite, ha encontrado en un campo de Lanzarote el lugar desde el que seguir construyendo fútbol. Esta vez no persigue ascensos ni grandes focos. Persigue algo mucho más difícil: formar a quienes algún día ocuparán su lugar.

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