“Nuestro sector es el de los titiriteros, que siempre ha sido infravalorado”
Eduardo Ferrer, gerente del grupo de empresas de iluminación, sonido y producción de eventos TSC
-Quedan uno días para el primer fin de semana de la tercera edición de Lava Live Fest. ¿Qué novedades nos esperan?
-Bueno, pues como siempre, hemos intentado hacer un festival que sea para todos los públicos, con este primer fin de semana muy enfocado al pop rock español. El viernes, tendremos el mejor directo que hay ahora, que es Leiva, junto con Iván Ferreiro, que qué vamos a decir de Los Piratas, que son todo un clásico, y Molotov, un grupo al que tengo muchísimo cariño porque lo escuchaba en los 90 y porque fue el primer grupo que hice fuera de Lanzarote, en la Plaza de Toros de Tenerife. Seguiremos el sábado con Hombres G, banda icónica del pop español, acompañada en el cartel por Ke personaje, un grupo de cumbia argentina, y La Cabra Mecánica. Somos un festival bastante mainstream, generalista, que programa distintos tipos de música, intentando que sean lo más populares posibles para un público nacional y latino. Respecto a las novedades, el recinto estará ubicado en el parking del Parque Temático, frente al Ágora, que tendremos que construir desde cero. También hemos hecho un esfuerzo con la oferta gastronómica, de la mano de Germán Blanco, para impulsar los productos de calidad, de kilómetro cero, para ayudar al paisaje y a la economía de la Isla. Y para que ese 25 por ciento de público que viene de fuera, tenga una experiencia completa.
-¿El objetivo para esta edición es más público, mejor oferta musical, más impacto mediático y prestigio corporativo o mayor promoción turística?
-Intentamos cubrirlo todo. Seguimos descubriendo cuáles son los límites de público en la Isla, cuáles son los techos de asistencia. Programar se ha convertido en algo muy difícil en un mercado con mil festivales por toda España, donde todos nos peleamos por los grupos, donde los grupos han multiplicado los cachés por cinco y que, incluso, cobran en función del público que estiman que van a meter en cada concierto. Desde luego, en esta edición sí pretendemos consolidar la marca, hacer un festival con un gran cartel del que todos los patrocinadores puedan sentirse orgullosos; e intentaremos que venga el máximo de gente posible, con el máximo de promoción en medios locales y nacionales y acciones en Madrid. Ofrecer un producto lo suficientemente bueno para que el público de Lanzarote no tenga que hacer la maleta para disfrutar de un buen evento. Todos recordamos la época oscura, entre 2010 y prácticamente 2020, cuando no hubo prácticamente festivales, excepto Sonidos Líquidos, que ha sido un referente, extraordinariamente bien hecho, pero con un público limitado a menos de tres mil personas. Con Lava Live nos hemos lanzado a hacer un festival masivo porque también hemos visto la posibilidad de patrocinios institucionales que ayuden a mitigar el riesgo. Y en esas estamos, intentando encontrar nuestro hueco.
“Somos una empresa grande, con inmovilizado y una plantilla fija de 150 personas”
-La nueva ubicación de Lava Live, y es ya la tercera, se acerca de nuevo a la zona residencial. ¿Tienen previsto fórmulas para mitigar los impactos sonoros sobre la población más próxima?
-Lo primero que haremos es acabar pronto. Todos nuestros eventos terminan antes de las doce de la noche. Sé que es posible que molestemos un poco, pero nos interesa muchísimo la posibilidad de generar economía en el resto de negocios. Entendemos que no vamos a hacer más ruido del que se hacía en la carpa del Recinto Ferial, y además estamos mucho más lejos. Nunca más tarde de la medianoche apagamos el sonido y dejamos que la gente salga tranquilamente, disfrute de la gastronomía y continúe, si lo desea, en los negocios nocturnos; que los que vienen de Fuerteventura y de otros lugares, consuman, se alojen en hoteles y disfruten de la restauración por el día. Lo cierto es que nos hubiese encantado repetir en Agramar, como estaba previsto, pero nadie imaginaba que la empresa que nos alquilaba el espacio sufriera un incendio en sus cocheras y necesitara el solar para guardar las guaguas.
-¿Han valorado las ventajas de una u otra orientación del escenario para reducir el ruido en la zona de El Reducto?
-La orientación del escenario es algo que sí se ha estado estudiando, aunque la opción elegida tampoco es la que más nos gusta. Cualquier conejero estimaría que es mejor la orientación a sotavento, o sea, mirando hacia El Cable. Pero eso nos llevaría a bloquear durante alrededor de mes y medio la zona de aparcamiento de los trabajadores del Cabildo y de la ciudadanía que acude a hacer gestiones. Así que vamos a poner el escenario justo al revés, mirando al viento y a la ciudad, lo cual es una apuesta muy arriesgada, pero pensamos que menos lesiva.
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“Con los primeros conciertos de rock, nos daban la electricidad del alumbrado”
-Nos encontramos en unas nuevas oficinas que, de alguna manera, culminan una peripecia emprendedora que comenzó en un garaje, hace casi 40 años.
-Mi peripecia como emprendedor empezó en el instituto, cuando cursaba 3º de BUP y decidimos organizar unos guateques con el fin de recaudar dinero para el viaje de fin de curso. Nunca hicimos el viaje pero ese fue el germen de TecnoSound. Éramos tres amigos haciendo lo que nos gustaba, uno venía del break dance, y el otro y yo, de Radio 86. Queríamos buscarnos la vida, ganar algo de dinero, entretenernos sin más, pero nos tocó una época de eclosión cultural; en 1991 había en la Isla 36 bandas de rock, para las que organizamos el primer circuito insular. Era un tiempo de atrevimiento y experimentación: montamos una empresa casi sin querer. También recuerdo estar con Félix Hormiga y ayudarle a montar El Minotauro, de la compañía Regartija; nos llevó a Gran Canaria al Teatro Guiniguada. Y a partir de ahí, con Nicolás de Páiz, de la UCD, incluyeron el auditorio de Jameos del Agua dentro del Circuito Nacional de Teatro, y como no tenían ni idea de los equipos que hacían falta para una tal Nuria Espert, nos llamaron y salimos en el recreo del instituto a las oficinas de Cultura, en la Casa Amarilla. Al poco empecé Teleco en la universidad, pero murió mi padre y tuve que volver a Lanzarote, y empezaron a llamarnos para hacer fiestas, carnavales, festivales folclóricos, el Ironman... Cuando las fiestas empiezan a ser de interés turístico y todo el mundo se dedicó a construir, a montar empresas de coches de alquiler o restaurantes, nosotros nos dedicamos a la cultura. Lo bueno es que en Lanzarote no teníamos competencia, porque nadie quería trabajar los sábados y los domingos y en horario nocturno. Y así hasta hoy.
-¿Qué lugar ocupa TSC en el panorama empresarial de Lanzarote en cuanto a plantilla, equipos y solidez?
-Nuestra voluntad ha sido siempre destacar por hacer bien las cosas. En una primera etapa, TecnoSound, que fue la primera sociedad limitada de las seis que conforman el grupo TSC, se creó para ofrecer equipos de sonido. Después nos dimos cuenta de que el sonido, sin iluminación, no servía para nada. Cuando empezamos a hacer los primeros conciertos de rock, nos daban la electricidad del alumbrado público, con lo cual, hasta que no se encendían las farolas, no podíamos encender los equipos. Eso nos llevó a comprar un grupo electrógeno. Los escenarios, en aquel entonces, se hacían con bloque y encofrado... pues acabamos comprando un pequeño escenario. No había baños, pues compramos baños. Así hemos ido levantando la empresa, intentando hacer las cosas bien y prosperar. Hemos ido reinvirtiendo todo lo que hemos ganado con el fin de poder tener los medios materiales suficientes para poder atender el crecimiento del trabajo en la Isla. Después nos surgió la posibilidad de ir a Gran Canaria: el auditorio Alfredo Kraus nació con problemas de sonido, así que trajimos a un técnico de Estados Unidos, que diseñó un sistema acústico y el 1 de enero del 2000 ya estábamos trabajando en Las Palmas. Allí pudimos hacer a un grupo como Les Luthiers, que después ofrecimos en Lanzarote, o a músicos como Norah Jones, Joe Cocker, Alan Parson Project... los mejores eventos que jamás pudimos soñar. Y de ahí a Juanes, en el año 2005, Bryan Adams en 2006, Shakira en 2007, Luis Miguel en 2008, Bruce Springsteen en 2012... Para hacerlo hemos tenido que reinvertir absolutamente todo lo que hemos ganado y, además, endeudarnos.
“Nunca más tarde de la medianoche se apaga el sonido y dejamos que la gente salga”
-¿Se siente reconocido como una firma pionera y puntera en Canarias?
-Ahora somos una empresa grande, con bastante inmovilizado y una plantilla fija de 150 personas, entre Gran Canaria y Lanzarote; algunos de los trabajadores llevan más de treinta años conmigo. Pero respecto al reconocimiento, nuestro sector es el de los titiriteros, que siempre ha sido infravalorado. Ser la primera empresa cultural de la Isla no ha sido una tarea fácil. A veces da rabia ver cómo se quieren salvar sectores más o menos productivos, pero nadie se acuerda de este. Cada vez que hay un problema económico, lo primero que se sacrifica son las fiestas. Es muy fácil criticar que un ayuntamiento gasta dinero en fiestas cuando la gente lo está pasando mal, es una demagogia muy fácil de usar. Pero nadie piensa en los profesionales o las familias que trabajamos en este sector.
“Programar se ha convertido en algo muy difícil en un mercado con mil festivales”
-Pese a su situación judicial, inmerso en un procedimiento pendiente de sentencia que se ha dilatado durante 15 años, ha sido capaz de mantenerse a flote, e incluso, de crecer. ¿Cómo ha vivido estos tres lustros?
-Lo primero, sorprendido de verme involucrado, como un daño colateral, por contratar y prestar servicios con la administración pública. He sido imputado en la pieza de Tunera, del caso Montecarlo, pero confío que, en breve, haya sentencia y tener la satisfacción de salir absuelto, porque entiendo que en mi caso no ha habido nada; soy un prestador de servicios, el que pone los aparatos de música, no el abogado del Ayuntamiento o un funcionario de la administración pública, que son los garantes de la legalidad. Todos los servicios que se contrataron sin procedimiento pueden ser reparados en un reconocimiento extraoficial de crédito. O sea, la propia administración tiene la posibilidad de reparar la circunstancia, pero los prestadores de servicio somos el eslabón más débil de la cadena. A Dios gracias, no todos los que han prestado servicios en las mismas circunstancias han sufrido la misma agonía que yo he vivido, e, increíblemente, no todas las facturas por otros servicios, igualmente prestados, han sido objeto de investigación. Lo que ocurre es que, si sistemáticamente se lleva todo a Fiscalía, la Fiscalía tiene que actuar. Si lo que prima es que se repare al Ayuntamiento, te vas al contencioso-administrativo, y si se tiene que reparar y reembolsar el dinero, se hace. La realidad es que a nadie le interesa la reparación de la Administración: lo que interesa es que la Fiscalía reviente al que está gobernando.
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“Seguimos descubriendo los techos de asistencia de público en la Isla”
-¿Cómo le ha afectado, desde el punto de vista empresarial?
-Ha sido algo realmente terrorífico, porque el riesgo reputacional nos ha llevado a que me cancelaran las cuentas personales y que las sociedades donde participo no tengan financiación. Es una situación absolutamente perversa e irreparable, porque estamos en un fregado que no tiene nada que ver con nosotros y que nos ha llevado a las puertas de un preconcurso de acreedores. Por fortuna, casi todos los clientes saben de nuestro buen hacer y han seguido contando con nosotros, aunque con el miedo normal y natural de poder verse afectados por contratarnos, lo cual es doblemente terrorífico.
-Ha mostrado ser una persona en constante búsqueda de desafíos. ¿Tiene ya en mente una cima más alta o una meta más lejana?
-Sin duda. Ahora mismo estamos trabajando en la futura generación de contenidos audiovisuales, vía Inteligencia Artificial o con material de nuestras producciones. Queremos generar docuseries o documentales sobre el Ironman, Saborea Lanzarote, la Feria de Artesanía, el Festival Nanino Díaz Cutillas, por ejemplo, que podamos vender a plataformas. También estamos buscando una parcela donde construir un espacio que sirva como plató para esos trabajos y también para hacer eventos, al estilo del Marbella Starlite; que sea para nuestra programación, con oferta de ocio complementario para los extranjeros, y donde podamos tener instalado de manera fija el escenario y los equipos, y ahorrarnos el montaje y desmontaje. Y hacerlo fuera de la ciudad, para no molestar a nadie. Quizá el Lava Live, que trae a 17 artistas este año, en un futuro próximo podría hacerse en 17 fines de semana. A la vista de que el sector público no lo saca, pues vamos a intentar hacerlo. Esta edición llevamos el festival a su tercer recinto; quizá en unos años, el recinto será nuestro.


















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