Teleasistencia para personas mayores: una solución que gana peso
Envejecer en casa, en el propio entorno, con las rutinas de siempre y cerca de los recuerdos acumulados durante toda una vida es el deseo de la mayoría de las personas mayores. No es solo una cuestión de comodidad; tiene que ver con identidad, con sentirse en control de la propia vida. Sin embargo, ese deseo suele ir acompañado de una preocupación muy concreta, tanto para quien envejece como para su entorno, la seguridad. ¿Qué pasa si ocurre algo y no hay nadie cerca? ¿Y si una caída, un mareo o una simple desorientación se convierten en un problema serio?
Ahí es donde la teleasistencia ha ido ganando protagonismo en los últimos años. Lo que antes se veía como algo excepcional o reservado a casos muy concretos, hoy empieza a percibirse como una ayuda lógica y bastante normalizada en muchos hogares.
En ese sector, los servicios de teleasistencia de SICOR son una opción que encaja con lo que hoy demandan muchas familias, tranquilidad real, rapidez de respuesta y una atención que no resulte invasiva ni complique el día a día de la persona mayor.
Mucho más que un botón de emergencia
Durante bastante tiempo, la teleasistencia se asoció casi exclusivamente a un colgante o pulsera con un botón para pedir ayuda en caso de emergencia. Esa imagen sigue estando ahí, pero se ha quedado corta. La realidad actual es bastante más amplia y, sobre todo, más flexible.
Hoy estos servicios combinan tecnología y atención humana para dar respuesta a situaciones muy distintas entre sí. Desde una caída en casa hasta un momento de ansiedad, pasando por dudas puntuales, o simplemente la necesidad de hablar con alguien cuando se siente soledad. Porque no todo son urgencias médicas, y entender eso ha sido vital para que la teleasistencia evolucione.
Además, la conexión permanente con una central atendida por profesionales permite que la respuesta sea rápida y adaptada a cada caso. No es lo mismo una urgencia sanitaria que una consulta breve o una situación en la que basta con avisar a un familiar o persona de confianza.
Tranquilidad para la persona mayor y para su entorno
Uno de los grandes valores de la teleasistencia es que no solo beneficia a quien la utiliza directamente. Sus familiares también ganan en tranquilidad, especialmente cuando no pueden estar presentes todo el tiempo. Saber que hay un respaldo activo las 24 horas del día reduce esa sensación de preocupación constante que muchas familias arrastran. No se trata de sustituir el cuidado familiar ni de desentenderse, sino de complementarlo con un apoyo profesional que está ahí cuando realmente hace falta.
Para la persona mayor, además, el servicio suele vivirse como una forma de mantener la autonomía. Poder seguir viviendo en casa, tomando decisiones propias y manteniendo cierta independencia, pero con la seguridad de que no está sola ante un imprevisto, es una gran mejora en su día a día.
Todo apunta a que la teleasistencia seguirá ganando peso en los próximos años. No solo por el envejecimiento de la población, sino porque cada vez se entiende mejor su valor como herramienta de prevención, acompañamiento y apoyo emocional para afrontar uno de los grandes retos sociales actuales, cuidar mejor a las personas mayores, respetando su independencia y su forma de vida.















