5 COMENTARIOS 02/05/2023 - 10:14

Llegó de nuevo el Primero de mayo. Este año los sindicatos reivindican la subida de los salarios, la bajada de los precios y el reparto de beneficios. Es difícil no estar de acuerdo. “Los sindicatos no aspiramos a ser un partido, pero no somos neutrales cuando hay tanto en juego en este país”, ha dicho Unai Sordo, secretario general de CC.OO. Hay muchos retos por delante además de esos tres: la edad de jubilación, el teletrabajo, la tecnología o la reducción de jornada.

En España la afiliación está bajo mínimos: el 13 por ciento, aunque en su mejor momento estuvo en el veinte por ciento de los trabajadores. Estamos junto a Bulgaria, Letonia o Polonia. En Suecia, Dinamarca o Finlandia, más de seis de cada diez trabajadores están afiliados a un sindicato. A lo mejor tiene algo que ver con eso que se llamó estado del bienestar.

Sería digno de estudio el odio o animadversión hacia los sindicatos por parte de muchos trabajadores, de autónomos que se creen empresarios y de pequeños empresarios que creen que sus intereses sin los mismos que los del Ibex 35. No puede ser solo por errores propios, que los tienen, y muchos, sino que debe haber algo más profundo. Vagos, corruptos o vendidos hay en todos los sitios: en los clubes de fútbol, en los partidos políticos, en la Iglesia o en las familias, y poca gente se plantea que no tengan alguna utilidad. Incluso los que se la niegan no renuncian a las mejoras conseguidas por la negociación colectiva.

‘Divide et impera’ se le atribuye a Julio César. Divide y vencerás. Una frase sobre el poder, tan antigua como el poder. En realidad, es una frase sobre la negociación. El poder de una de las partes equivale a la fuerza que la otra le reconoce. Si las fuerzas se dividen, la otra parte se crece en la negociación.

Uno de los elementos clave de la reforma laboral del PP fue el intento de eliminación de los convenios colectivos. Los convenios de empresa o, peor aún, la negociación individual puede favorecer a algunos trabajadores durante un tiempo, pero perjudicará a la mayoría, incluidos los que se creían beneficiados, a largo plazo.

Se habla cada vez más de bajas por ansiedad en el trabajo. Se combaten mejor esas situaciones, para prevenirlas, desde el sindicalismo que desde la psicología. En un mundo cada vez más individualizado, sigue siendo más eficaz para todos la negociación colectiva que el coaching. Es mejor la ayuda mutua que la autoayuda.

Los tiempos cambian. La estructura laboral y empresarial también. Los sindicatos deberán cambiar. Pero mientras no nos inventemos otra cosa y mientras la proporción negociadora siga estando descompensada, y siempre lo va a estar si a la propiedad no se le opone la unidad, los sindicatos seguirán siendo necesarios.

Comentarios

Los sindicatos españoles no entienden de diplomacia. Son revolucionarios más preocupados en la teoría trasnochada que en la práctica. Su intención no es la de cooperar con la empresa porque para ellos el empresario siempre es el malo. ¿Qué otro propósito tienen las banderitas y las camisetas con las que acuden a las manifestaciones, incluso las separatistas? ¿Buscan la cooperación de los trabajadores con la empresa y viceversa, o buscan la crispación esperando ilusamente que eso dé lugar a una revolución de las clases obreras? Ojalá algún día copiemos el sistema alemán, pero creo que el temperamento Español es incompatible. Tendemos al blanco o negro; al bueno vs el malo. Huimos de los matices y la complejidad y las emociones muchas veces hablan por encima de la razón y la empatía. La picaresca se impone a los escrúpulos y al sentido del deber porque importa más no salir perdiendo que conservar los principios y la integridad. Una empresa nunca funcionará bien si los trabajadores y sindicatos tienen una caricatura del empresario explotador y el empresario y los accionistas tienen una caricatura del trabajador vago y con mala voluntad. Si algo podemos aprender del sistema alemán es que la empresa funciona mejor cuando todas las partes cooperan y negocian para conseguir el bien común y que el reparto sea justo (que no equitativo) en base al sacrificio (que no siempre es evidente). En otras palabras: diplomacia. Quizás necesitemos un mediador entre la empresa y los sindicatos que actúe como terapeuta de parejas. Si quieren revolución, atrévanse a ponerse un chaleco amarillo.
Algo habrán hecho mal los sindicatos para que exista tal desapego. Claro que son necesarios, pero es necesaria una reformulación que los adapte a los tiempos.
Desgraciadamente en la isla la imagen del sindicalismo , de los sindicalistas, no es buena y eso se debe a que muchos y muchas eran ampliamente conocidos por su escasa actividad laboral cuando estuvieron en activo y en diferentes empresas. Ser sindicalista no es solo calentar a los compañeros contra toda decisión legal de implanta la empresa , es establecer vías de diálogo y puntos de encuentro. Ni todos los empresarios son golfos no todos los sindicalistas son honestos . Hay ejemplos palmarios incluso en centros públicos donde curiosamente el peor valorado por todos termina siendo el sindicalista más radical . Por favor no señalemos sólo al empresario o como indica el artículo a los autónomos.
Sólo con mirar la corruptela del sindicato de los CACT, uno se plantea para que sirven.
Me gusta la frase de que es mejor la ayuda mutua que la autoayuda. Se habla de clima moral y social ahí. Y hace un frío que pela

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