
EL PASEO
Por Saúl García
La situación del Insular no es repentina, es producto de la dejadez de funciones durante muchos años. Si ha llegado a esta situación es por falta de mantenimiento o de anticipación. O de ambas
De poco sirve argumentar que el anterior gobierno no lo abordó, porque a los gobernantes les toca solucionar los problemas de hoy. El hecho de ser elegido no permite elegir qué problemas hay que solucionar y cuáles no. Además, la situación del Hospital Insular no es repentina, es producto de la dejadez de funciones durante muchos años. Si ha llegado a esta situación es por falta de mantenimiento o de anticipación. O de ambas.
Si el Hospital se cierra, no se vuelve abrir y sus servicios quedan diluidos en el Molina Orosa, será un ejemplo de libro de cómo malograr algo que funciona y que pudo ser ejemplo de funcionamiento gracias al esfuerzo y el conocimiento acumulado de muchos años de trabajo, por eso tan mundano pero tan desconcertante para el administrado como los traspasos de competencias. La dirección debería ser la contraria: reforzarlo, no desmantelarlo.
Si se cambia, tendrá que ser para ir a mejor. Si no, ¿qué sentido tiene? ¿De qué sirve que exista sintonía política entre el Cabildo y el Gobierno si la falta de interés de este no se contrarrestra con una exigencia mayor que si se tratara de un oponente político?
También está de más alegar cuestiones técnicas, como que la decisión final va a venir de la mano de un Plan Director (alguien tendrá que dar las directrices del Plan), las dificultades para la reforma (la mayoría de los hospitales se han reformado por fases, sin tener que cerrar), o aludir a que el edificio es viejo (el Hospital de Antezana, en Alcalá de Henares, es un edificio de 1483 que funciona hoy como residencia de ancianos).
Si la gente se molesta tanto y se enfada por el traslado de un hospital, por algo será. No es solo que lo sientan como algo propio. No es una cuestión melancólica. Es que quien conoce cómo funciona quiere que siga funcionando así en el futuro. A veces en política se empieza por menospreciar un problema y sobrevalorar una solución y se acaba viendo cómo las decisiones las acaban tomando otros.












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