Ana Carrasco

“Sapere aude”

Ando como hormiguita por una España peninsular que huele a hoguera: más de 100.000 hectáreas de vegetación calcinadas. Del horno de mi tía Rogelia salían dulces extraordinarios; del horno que representa el cambio climático solo sale amargura y desolación. Siento tristeza y un calor asfixiante. Cada hectárea quemada, cada gota de sudor, colma el vaso de mi desesperación.

El suelo desnudo, chamuscado, ya no retendrá el agua de lluvia ni absorberá como antes ese gas incoloro capaz de atrapar el calor y principal causante del cambio climático. La concentración de dióxido de carbono en la atmósfera seguirá subiendo junto a nosotros las escaleras del progreso: “Las actividades humanas han elevado el contenido de dióxido de carbono de la atmósfera en un 50 % en menos de 200 años”, según la NASA.

¿Dónde se encuentra el infierno: arriba, en el espacio exterior, o bajo tierra? No tengo dudas de que se encuentra en la atmósfera, si siguen en ascenso la concentración de CO2 y posverdades que alimentan su negación. En cuanto a ese término, me pregunto qué necesidad hay de incorporar a nuestro lenguaje una palabra que lleva como parte de sí misma el sustantivo "verdad" para referirnos a una "mentira". Pero al consultar el diccionario de la RAE, comprendo que una posverdad no es una mentira simple; es una «distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública». O sea, una "mentira emotiva".

Y aprendo que el neologismo fue empleado por primera vez por el dramaturgo Steve Tesich en 1992 y se popularizó con la llegada de Donald Trump al poder en 2016. Si nos centramos en el cambio climático, el gobierno de Trump no solo lo niega, sino que, en el desafío inútil de desacreditar su evidencia, aprobó una directriz dirigida a científicos y agencias gubernamentales que veta una extensa lista de palabras o expresiones. Por ejemplo: activismo, activistas, en riesgo, energía limpia, crisis climática, ciencia climática, calidad ambiental, contaminación, justicia social... Aunque parece ciencia ficción, es "ciencia terror".

Pero el cambio climático no sabe de censuras; avanza por mucha prohibición que se haga de su terminología, por mucha posverdad proclamada y creída. La filósofa Máriam Martínez Bascuñán, autora de “El fin del mundo común”, advierte que, cuando desde el poder político se dispara una posverdad, lo que se pone en juego es la base misma de la realidad. Profundiza la autora en este asunto apoyándose en la filosofía de Hannah Arendt. Su ensayo hace pensar; es de esos textos que hay que leer despacio, poco a poco, porque cada párrafo te pellizca las neuronas, hace que te preguntes cosas y cuestiones tu propia visión de la realidad.

En fin, que si imagino la posverdad como un demonio del infierno con cuernos y cola, diría que la única forma de combatirla es mediante un exorcismo. No con la santa cruz, sino con nuestro santo pensamiento crítico. Ante él, la posverdad se retorcería, convulsionaría y vomitaría improperios... hasta quedar exhausta y abatida.

P. D.: Existe una locución latina, “Sapere aude” que significa “atrévete a saber”, aunque también suele interpretarse como “atrévete a pensar”.  La vi escrita hace unos días en un escaparate. Sin duda, es un buen remedio contra la posverdad. De momento, no figura en el listado de Trump.

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