10
Oct
2019
Saúl García

El atardecer en la playa de Famara opta al mejor de España. Esperemos que no gane.

En este afán por crear listas o rankings, todo parece medible. Del deporte al arte, la gastronomía y la naturaleza. Ahora que empezamos a quitar los concursos de misses, vamos a por la naturaleza. En las carreras es más fácil: el que llega el primero. ¿En el arte? Se puede ser el cantante que más discos vende (si es que alguien vende), el que hace más conciertos, el que gana más dinero y hasta el que gana Eurovisión, pero, ¿se puede ser el mejor? ¿Y quién es el mejor pintor? ¿Quién elige cual es la mejor tortilla o la mejor caipirinha? ¿Es más fiable un jurado de expertos o una votación popular?

El mejor atardecer, la mejor puesta de sol, ¿no será aquella en la que todo empezó? O ese en el que se paró el tiempo… Que pudo ser en una playa. Sí, pudo ser. Pero pudo ser en la terraza de la cocina. Pudo ser en aquel viaje, o el día que nació tu hijo, o en tu casa esa tarde en que supiste que todo iba a salir bien, o el día en que recobraste la libertad. También hay a quien le apasionan las puestas de sol por la incertidumbre del desenlace.

Pero ya no hay que preocuparse, porque si no tiene usted experiencias, sensaciones o recuerdos, se las servimos en bandeja. ¿Dónde va usted por la vida sin un atardecer favorito? Déjese aconsejar.¿Quién va a saber mejor lo que le gusta: usted mismo o un grupo de expertos? O mejor, la mayoría. Si la gente lo dice, es que es así. Y si en Famara está el mejor atardecer, pues habrá que sentirse orgullosos. Y habrá que votar, no vaya a ser que salga elegida Logroño, Mérida o Bermeo o cualquier otro lugar que no ha sido escogido por el sol.

Tener el mejor atardecer eleva la autoestima colectiva. Ya se puede presumir. Antes no. Antes solo era una experiencia personal, una sensación interior, una opinión. Y no consiste en que las cosas sean buenas o malas, sino en que sean mejores o peores. Sin comparación no hay disfrute. Ahora, bien empaquetado y siguiendo con esta “estrategia de segmentación cualificada del destino”, se puede convertir incluso en un producto turístico, que se podría sumar al European Sports Destinations, Lanzarote Film Comission o al reciente Lanzarote Music Festivals.

Aquí viene Lanzarote Sunset Quiet. Hace falta una buena campaña en instagram, un logotipo, camisetas y gorras, y quizá nombrar a Kortajarena embajador de atardeceres. A lo mejor Zapatero presta su ceja como alegoría del volcán que va ocultando el sol. Por supuesto, habría que nombrar que César Manrique jugaba en esa playa de niño. Con un poco de suerte, puede que alguien funde algún chiringuito tipo Reserva Starlight y promueva en la Unesco la protección del atardecer como patrimonio intangible de la humanidad. Habría que redactar algún plan o unas normas, aunque solo sea por el gusto de incumplirlas. Se podría construir un aparcamiento, un par de terrazas desmontables, puede que una pasarela o algún icono encargado a un arquitecto de prestigio desde el que ver la puesta de sol, y de forma extraordinaria aunque por interés general a lo mejor convendría hacer un hotelito que funcione con energía fotovoltaica (al menos el agua caliente) desde el que no perderse el ocaso. Y luego otro.

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Comentarios

Estupendo alegato contra la estupidez generalizada.
Estuve leyendo hasta el final del artículo y pensé que me encontraría algo como que Pedro San Ginés o CC eran culpable de algo... pero no aparecieron.
No podemos caer en concursos basura como estos que solo buscan la masificación del lugar. No voy a votar. Cuanto menos se conozca el lugar, mejor, y más ahora que se lleva mucho lo del turismo basura lowcost.
Y, también, de los mejores de ÁFRICA

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