06
Dic
2019
Saúl García

Primero fue el caso de los Centros Turísticos, deslizando que podía haber una financiación del PSOE o una trama para favorecer a empresas de afiliados o familiares. Se destacaban los delitos de prevaricación, malversación y cohecho. Después, cuando se fueron cayendo algunas de las presuntas tramas, se quedó en el caso de la cocina de Jameos, luego se convirtió en el caso Espino y al final no hay caso. No va a llegar ni a juicio.

Hubo dos motivaciones principales para denunciar a Carlos Espino. Una fue política. Después del estallido del caso Unión, CC y PP no podían (querían) permitir que el PSOE apareciera como el único partido que luchaba contra la corrupción, ya que había sido el denunciante y había echado del grupo de gobierno al PIL, al que ellos habían vuelto a abrazar. Lo hubieran tenido más fácil con un poco de pedagogía: ni el PSOE era el único, ni estaba exento de convivencia con la corrupción. La otra motivación era la de quienes mejor mueven los hilos del poder, afectados directamente por la posibilidad de que se cortaran esos hilos: había que denunciar al denunciante para desacreditarlo a él y a su denuncia.

Hay varias pruebas de que esto fue así. En primer lugar, ni el Consejo de los Centros ni Pedro San Ginés han vuelto a denunciar a nadie, ni ajeno ni próximo. En segundo lugar, no se denunciaron unas irregularidades, una gestión, para que la investigación llegara a sus conclusiones: se denunció a una persona, el denunciante de Yate y Unión y el secretario general del PSOE. San Ginés llegó a la presidencia del Cabildo gracias a un PSOE en minoría y a una moción de censura impulsada, según denunció Torres Stinga, por un lobby empresarial cuando podía prosperar una solución para los hoteles ilegales que implicaba compensar en camas o en suelo.

San Ginés no ha sabido o no ha querido alejarse en estos años de quienes le auparon al poder. Pagó pronto el favor. Fue elegido presidente el 20 de octubre de 2009 y denunció a Espino en la UCO en noviembre. Sus prioridades estaban claras. Y esto es clave: en el momento en que denuncia aún no se había levantado el secreto de sumario. No se sabía que Espino era el denunciante de Unión, pero Lleó y su entorno sí lo sabían, obviamente. Y había que denunciar a Espino en la UCO para que el denunciante apareciera investigado en el mismo caso que había denunciado, en igualdad de condiciones con el resto. 

La sombra de Lleó en toda la campaña de descrédito, no solo hacia Espino sino hacia el fiscal y el juez instructor, ha sido más que alargada, incluida la aparición de la Asociación de juristas Jiménez de Asúa, que se presentó como acusación popular en muchas de las piezas de la corrupción de la Isla para paralizarlas, no para acusar. Esta denuncia contra Espino es una de las acciones principales, pero no la única. Es una parte más de la guerra sucia que ha sido posible gracias al dinero de quienes estaban imputados y tenían interés directo, pero también gracias a aquellos a los que no les ha importado alinearse por tacticismo, por conseguir el favor de quienes mandan o, simplemente, por no importunarlos.

El PSOE tenía más imputados y había gobernado más tiempo con el PIL que CC y PP, pero los nacionalistas, directamente, fueron absorbidos o apadrinados por esa jerarquía corrupta. Con San Ginés, heredaron el puesto. De hecho, CC ha acabado personándose como acusación popular en este caso cuando se expulsó a Jiménez de Asúa. Inaudito: se personan para ejercer la acción popular y no lo anuncian a la ciudadanía, que es en nombre que quien ejercen esa acusación. Lo del PP es más complejo. Ha gobernado poco y apenas ha tenido relación con la gran corrupción en la Isla, y a pesar de ello se empeñó en dar cobijo y en no desmarcarse de esas inercias, incluso llevando al Senado a Espino a una comparecencia que no les salió bien. En su caso, también se trataba de atacar al denunciante más que de alejar a Espino de las instituciones. Y para muestra, el botón del nuevo pacto.

Uno de los aspectos más lamentables de lo que hicieron CC y PP es que denunciaron desde las instituciones, desde el poder, desde la presidencia del Cabildo y el consejo de administración de los Centros Turísticos. Y una de las protagonistas de esta guerra sucia es la prensa, un participante esencial. No solo la que está directamente pagada, sino la que hace de simple amplificador.

¿Y qué ha quedado de esta guerra sucia? El caso Yate acabó en condena, las piezas de Unión también, no se ha anulado nada, no prosperaron las denuncias contra Stampa y Pamparacuatro, hay periodistas condenados por esas campañas de difamación, Stratvs está cerrada, Jimeńez de Asúa expulsada, el juez Lis, otro gran protagonista, sancionado y jubilado, Lleó ha aceptado su pena, el Plan de La Geria no ha salido adelante, el PIO tampoco. Los hoteles, eso sí, siguen en pie. La corrupción, por supuesto, no se ha eliminado. No solo no se ha ido, sino que volverá. ¿Y ha merecido la pena todo el esfuerzo, todo el descrédito para las instituciones?

La mafia verde es un término acuñado por la mafia real. Es un término hasta gracioso, a pesar de que lleva la palabra mafia dentro, pero no es la realidad, es su espejo. Por supuesto que hay un grupo de personas que colabora para atacar la corrupción, pero toda mafia tiene un elemento imprescindible: necesita una jerarquía, lealtad y obediencia. Y mientras que en la verde hay muchas voces, muchos estilos, muchas suspicacias, en el otro lado la jerarquía y la obediencia están claras. Hay quienes están en la cúspide, hay cerebros, hay cargos intermedios, hay soldados, hay satélites y hay unos ignorantes que ni siquiera saben para quién trabajan.

18
Nov
2019
Saúl García

Durante el año pasado, en Lanzarote, uno de cada cuatro días se superaron los niveles de ozono malo en la estación medidora de Las Caletas, donde se ubica la central eléctrica de Punta Grande, de Unelco Endesa. Un estudio de Ecologistas en Acción destaca que Lanzarote respira un aire perjudicial para la salud, según las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud.

La contaminación provoca cardiopatías, ictus, infecciones en vías respiratorias y cáncer. Una parte de ese aire nocivo se provoca de forma natural, por la calima, pero otra parte la provocan los vehículos diésel, las centrales de generación eléctrica y los barcos. Estos focos, de hecho, generan partículas ultrafinas y hollín, que ni siquiera se miden en las estaciones de vigilancia ambiental que hay en la Isla.

Además, las emisiones de CO2 a la atmósfera en Lanzarote se han triplicado en los últimos 25 años. A esto hay que sumar que la central supera el límite de emisiones permitido, que es de hasta 45 decibelios por la noche.

El núcleo de Las Caletas existía antes que la central. Los vecinos vieron cómo crecía Punta Grande y cómo aumentaban los ruidos y la contaminación. Crearon la asociación Las Caletas para la Defensa del Medio Ambiente y pusieron varias denuncias. Como ocurre tantas veces, les han dado la razón pero no les sirve de nada.

En el año 2006 pedían el cierre inmediato. La Fiscalía también instaba al cierre de la central ante la acción “altamente contaminante” de las instalaciones. Mucho antes, en 1991, el Plan Insular, aún vigente y el Plan territorial de infraestructuras energéticas, que nunca entró en vigor, ya planteaban la necesidad de trasladarla.

El Tribunal Supremo anuló la autorización ambiental que había concedido el Gobierno de Canarias a la central eléctrica en el año 2008. Casi diez años después, el Tribunal Superior de Justicia de Canarias confirmaba la ilegalidad de la licencia que otorgó el Ayuntamiento de Arrecife para ampliar la central, con tres grupos diésel de 18.000 kilovatios cada uno, porque no es compatible con el Plan General.

A pesar de los estudios, las quejas, las sentencias y otras iniciativas, como una moción de Somos el año pasado que pedía al Ayuntamiento que iniciara los trámites para el traslado, la central sigue ahí. De momento es tan necesario reducir su dependencia, con energías renovables, como es imprescindible su presencia para garantizar la demanda eléctrica.

Lo que no es inevitable es su ubicación ni su sistema. Hay tecnologías que contaminan menos, y además podría convertirse al gas. Todas son soluciones costosas (para la empresa) y no son sencillas. Para trasladarla hace falta tiempo, voluntad, previsión, planificación, negociación, presión...

Es un problema grave que ni siquiera está en la agenda política ni en el debate público. Cuando se habla de mitigar el cambio climático se habla de esto. Cuando se declara la emergencia climática se está hablando de esto. Cuando se habla de la Reserva de la Biosfera, nos estamos refiriendo a esto. Cuando hablamos de planificación e interés general, también.

Lo malo es que el problema no se va a solucionar por hablar de él, sino que hay que ponerse manos a la obra para encaminar una solución que tiene un horizonte temporal que excede al que hay entre unas elecciones y las siguientes. Mal asunto.

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10
Oct
2019
Saúl García

El atardecer en la playa de Famara opta al mejor de España. Esperemos que no gane.

En este afán por crear listas o rankings, todo parece medible. Del deporte al arte, la gastronomía y la naturaleza. Ahora que empezamos a quitar los concursos de misses, vamos a por la naturaleza. En las carreras es más fácil: el que llega el primero. ¿En el arte? Se puede ser el cantante que más discos vende (si es que alguien vende), el que hace más conciertos, el que gana más dinero y hasta el que gana Eurovisión, pero, ¿se puede ser el mejor? ¿Y quién es el mejor pintor? ¿Quién elige cual es la mejor tortilla o la mejor caipirinha? ¿Es más fiable un jurado de expertos o una votación popular?

El mejor atardecer, la mejor puesta de sol, ¿no será aquella en la que todo empezó? O ese en el que se paró el tiempo… Que pudo ser en una playa. Sí, pudo ser. Pero pudo ser en la terraza de la cocina. Pudo ser en aquel viaje, o el día que nació tu hijo, o en tu casa esa tarde en que supiste que todo iba a salir bien, o el día en que recobraste la libertad. También hay a quien le apasionan las puestas de sol por la incertidumbre del desenlace.

Pero ya no hay que preocuparse, porque si no tiene usted experiencias, sensaciones o recuerdos, se las servimos en bandeja. ¿Dónde va usted por la vida sin un atardecer favorito? Déjese aconsejar.¿Quién va a saber mejor lo que le gusta: usted mismo o un grupo de expertos? O mejor, la mayoría. Si la gente lo dice, es que es así. Y si en Famara está el mejor atardecer, pues habrá que sentirse orgullosos. Y habrá que votar, no vaya a ser que salga elegida Logroño, Mérida o Bermeo o cualquier otro lugar que no ha sido escogido por el sol.

Tener el mejor atardecer eleva la autoestima colectiva. Ya se puede presumir. Antes no. Antes solo era una experiencia personal, una sensación interior, una opinión. Y no consiste en que las cosas sean buenas o malas, sino en que sean mejores o peores. Sin comparación no hay disfrute. Ahora, bien empaquetado y siguiendo con esta “estrategia de segmentación cualificada del destino”, se puede convertir incluso en un producto turístico, que se podría sumar al European Sports Destinations, Lanzarote Film Comission o al reciente Lanzarote Music Festivals.

Aquí viene Lanzarote Sunset Quiet. Hace falta una buena campaña en instagram, un logotipo, camisetas y gorras, y quizá nombrar a Kortajarena embajador de atardeceres. A lo mejor Zapatero presta su ceja como alegoría del volcán que va ocultando el sol. Por supuesto, habría que nombrar que César Manrique jugaba en esa playa de niño. Con un poco de suerte, puede que alguien funde algún chiringuito tipo Reserva Starlight y promueva en la Unesco la protección del atardecer como patrimonio intangible de la humanidad. Habría que redactar algún plan o unas normas, aunque solo sea por el gusto de incumplirlas. Se podría construir un aparcamiento, un par de terrazas desmontables, puede que una pasarela o algún icono encargado a un arquitecto de prestigio desde el que ver la puesta de sol, y de forma extraordinaria aunque por interés general a lo mejor convendría hacer un hotelito que funcione con energía fotovoltaica (al menos el agua caliente) desde el que no perderse el ocaso. Y luego otro.

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30
Ago
2019
Saúl García

Los artistas deben ser cuestionados y revisados de forma crítica. Si la obra de un artista, su mensaje, sigue interpelando al presente, es una buena señal. Este año, que se celebra el centenario de César Manrique, parecía una buena ocasión. De hecho, pudiera parecer que estamos asistiendo a un debate, intenso y enconado, sobre cómo interpretar la figura y la obra de Manrique si atendemos a la polémica con el crítico de arte Fernando Castro Borrego, que tuvo una primera parte y ahora tiene una segunda tras su denuncia por un supuesto secuestro por parte del Cabildo de su libro César Manrique. Teoría del paisaje.

Pero, lamentablemente, no se trata de eso. Castro Borrego, que fue patrono de la Fundación César Manrique, está en su derecho de tener otra visión sobre el artista, pero lo que hace es descalificar (al menos en las entrevistas que ha concedido) todo el trabajo de la FCM porque dice que se olvidan de todas las facetas del artista excepto de su faceta de activista y que lo quieren disfrazar como un artista de izquierdas cuando, según él, César fue apolítico.

Son afirmaciones que se mueven en el estrecho margen que hay entre la hipérbole y la mentira. Basta con hacer un repaso a las actividades organizadas por la FCM y las publicaciones que ha editado. El mismo Castro reconoció en septiembre de 2009 en la presentación de uno de sus libros en la propia Fundación que “la importancia del artista viene del conjunto de su obra y su vida, incluyendo su dimensión política”. “Es el único artista español que ha propuesto un cambio de modelo económico para un territorio”, dijo. Y añadió otras afirmaciones como: “Él no quería ser un pintor de caballete sino influir en la sociedad”, “el valor con que defiende la isla de Lanzarote es indestructible” o “César es un mito necesario”. Lo dijo junto al presidente de la FCM, que lo presentó señalando que el libro de Castro era “una valiosa contribución para entender más cabalmente la obra del artista” y que uno de los objetivos de la FCM es favorecer nuevas interpretaciones y visiones críticas sobre César Manrique.

Luego no se trata de un debate sobre diferentes interpretaciones de un artista. Tiene que ser otra cosa. Además, cuando Castro dijo eso, la FCM ya había presentado los pleitos contra los hoteles que se saltaron la Moratoria, ya se había enfrentado al Cabildo por la carretera de La Geria y había presentado decenas de alegaciones contra proyectos que se pretendían hacer en Lanzarote precisamente para seguir defendiendo con un valor indestructible a la Isla, como él mismo decía.

Ahora resulta que esos posicionamientos son de izquierdas y que la FCM, como ha llegado a decir, es marxista. Quizá la FCM no debería haberse opuesto a la Ley del Suelo porque César era apolítico. Quizá si no se hubiera opuesto a esa ley o a otros proyectos que molestan a los poderes fácticos, y por tanto al anterior Gobierno de Canarias y al Cabildo (y veremos lo que pasa con los actuales gobernantes), el Cabildo no hubiera aprovechado el centenario de César Manrique para intentar, con todas sus fuerzas, distinguir entre César y su Fundación.

El Cabildo no podía ir contra la figura de César porque es un mito para la mayor parte de la población, pero sí podía inocular el virus de que la FCM responde a otros intereses que no tienen que ver con el legado de César. Desactivada la Fundación, se deslegitima cualquier medida de oposición a cualquier política desarrollista o proyecto previsto, y se puede hacer, incluso en nombre de César el apolítico cualquier barbaridad, porque César no es de la FCM, es de todos.

Por otra parte, retirar el libro no es censura pero no es muy afortunado, aunque comparar, como ha hecho Castro, al Cabildo con la Alemania nazi, revela que la mesura no es su fuerte. Sin embargo, no distribuirlo es legítimo, o al menos tanto como encargarlo. Pedro San Ginés decidió rescatar esa edición, que era un encargo del Parlamento (¿no sería censura también, que no se ha denunciado?) y lo decidió precisamente porque en el libro se critica a la FCM, no por su gran interés en revisar de forma crítica la obra del artista.

De hecho, puestos a revisar, para San Ginés parece que vale todo. Los Centros de Arte, Cultura y Turismo han coproducido un documental sobre John Morales, un DJ de la discoteca neoyorquina Studio 54 que ha actuado (y va a actuar) en varias ediciones del Jameos Festival. En la página de los Centros dicen que el documental identifica “un tiempo y una época en la que se iniciaba la gran aventura de Lanzarote en torno a la creación de los Centros de Arte, Cultura y Turismo por el artista César Manrique”. Y sigue: “Mientras el artista lanzaroteño vivía un periodo en la Gran Manzana compartiendo fiestas junto a creadores como Andy Warhol en Studio 54, y surgía el sello Motown Records, John Morales se aventuró a hacer mezclas con tal éxito...”. Y termina: “El evento de presentación del documental Disco Confessions está enmarcado dentro del programa de actos previstos por el centenario de César Manrique por su vinculación con Jameos del Agua y la música de los años setenta y ochenta”.

Pues bien, Studio 54 abrió en 1977 y los Jameos se habían abierto en 1966. César volvió de Nueva York en 1968. Cuando abrió la discoteca tenía casi 60 años y vivía en Lanzarote, así que es más que probable que nunca pusiera el pie en la discoteca, ya fuera en compañía de Andy Warhol o de algún político de izquierdas de la época. Pero es mucho mejor, eso sí, la imagen de un César que baila que la de un César que grita.

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26
Jul
2019
Saúl García

Al final no va a ser tan fácil gobernar en Arrecife. Hay que reconocer, eso sí, que arrancar así el mandato es una jugada muy hábil de la nueva alcaldesa. El clásico mensaje de la herencia recibida que se propaga en dos direcciones. Hacia el pasado nos dice lo mal que lo hicieron los anteriores y hacia el futuro nos dice que ya tienen excusa para hacerlo igual de mal. O que cualquier avance, por pequeño que sea, será heroico. La arrogancia del candidato transformada en el materialismo del gobernante.

Preguntada por posibles responsabilidades, la alcaldesa contestó que “lo pasado, pasado está”. Ojalá fuera así, pero son las decisiones del pasado las que hay que afrontar en el presente y lo mejor sería hacerlo de forma rigurosa. Por ejemplo, aunque no lo ha especificado, señala la alcaldesa que la deuda es de 47 millones de euros que el importe de las sentencias firmes que el Ayuntamiento adeuda a siete empresas asciende a 26.690.438 euros. Con esas cifras, esa presentación y esa convicción de que “lo pasado, pasado está”, da la impresión de que la anterior alcaldesa dejó esta gran deuda. No sería justo, porque la mayor parte, veinte de esos millones, corresponden al pago por la expropiación del solar frente a Ginory, una operación que tiene 25 años pero cuya deuda se generó porque el Ayuntamiento no recurrió en 2012 una valoración del Jurado provincial de expropiación de la empresa Litos Canarias en la época, oh sorpresa, en que la alcaldía la ostentaba el último alcalde del PP que ha tenido Arrecife. La empresa ha reiterado en los últimos años que quería cobrar ese dinero y que no tenía ninguna intención de negociar para que se le compensara con suelo en otra parte del municipio y ha impugnado el plan de pago presentado por el Ayuntamiento.

La mala situación económica del Ayuntamiento se ha reflejado en un informe de Intervención, el Informe sobre Estabilidad Presupuestaria en la liquidación del presupuesto de 2018. Dice la alcaldesa que “el Ayuntamiento ha explotado y lo venimos advirtiendo desde hace ocho años”. Pues o tiene grandes dotes de adivinación o hubiera estado bien que los sucesivos informes de estabilidad de los últimos ocho años hubieran ido advirtiendo de la situación. No estaría mal saber desde cuando esta situación es así de grave. ¿No se reflejó en los anteriores informes de Intervención?

Y por último… Lo de la deuda, pase, pero ¿la sorpresa por la situación de los departamentos del Ayuntamiento? La alcaldesa lleva cuatro años como concejal. Desde la oposición no tiene por qué conocer los detalles de cada departamento, pero debería saber que no hay departamento de tramitación de proyectos, que hay pocas plazas de agentes de policía, que festejos tiene poco personal y nula planificación, que apenas hay personal en el área de transportes o que la oficina técnica está paralizada. Ya estaban así en campaña electoral, y de hecho, la entonces candidata hacía mención a esa mala situación. ¿Por qué insistir? Por si fuera poco, algunos de sus compañeros llevan más tiempo aún como concejales, y otras, como la actual concejal de hacienda del PSOE, que la acompañó en la rueda de prensa para anunciar la mala situación económica, ya fue asesora de la anterior alcaldesa. Otro sorpresón.

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