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La patata premia a la papa (de Los Valles)

La papa de Los Valles recibe un reconocimiento nacional y sigue adelante a pesar de las dificultades: en doce años ha pasado de 11 a 39 productores

Saúl García 0 COMENTARIOS 23/02/2026 - 06:56

La Asociación de Agricultores Montaña de Los Valles se integró el año pasado en la Asociación de pueblos productores de patata. Los miembros de esa agrupación comparten experiencia y conocimientos: viajan para ver otros cultivos y reciben a agricultores de otras latitudes.

Las papas de Los Valles se han llevado este año el premio Proyecto Sostenible en la tercera edición de los Premios Nacionales de la Patata organizados por la revista Campo. El jurado, compuesto por 29 profesionales de ocho comunidades autónomas, valora “la creación de sellos de calidad que garantizan el origen y la excelencia del producto”. Comparten premio, en otras categorías, con productores de Aguilar de Campoo (Palencia), Ourense, (Galicia), La Puebla (Campo de Cartagena, Murcia) o Sanlúcar de Barrameda (Cádiz), entre otros.

“Dan ganas de seguir cultivando la tierra y poder enseñar nuestra agricultura que es completamente diferente al resto del mundo, que es lo que hizo que nos dieran el premio”, señala sobre el galardón Noly Peraza, presidente de la asociación, que asegura que los productores que vinieron a Lanzarote se quedaron “alucinando viendo cómo cultivamos nosotros”, sin mecanización, que es lo que pone en valor este tipo de agricultura y este producto.

“Todo el mundo pregunta qué hace diferente a las papas de Los Valles” respecto a las papas de otro lugar de la Isla, dice Noly, que explica primero que cada cultivo, en Lanzarote, tradicionalmente, tenía su propia zona. Incluso en Los Valles hay dos zonas: en el pueblo y en la montaña, donde no hay red de riego pero se posa la nube. En la montaña, todo el cultivo es de secano, “lo que hace que las papas tengan mucho más sabor porque al fin y al cabo la papa tiene que luchar para sobrevivir con tan poco alimento”, apunta.

La papa de Los Valles tiene cerca de un 28 por ciento de materia seca “y eso hace que sea una papa mucho más sabrosa y que aguanta mucho más tiempo”, asegura. “La papa no merma, puedes tener dos meses esa papa tranquilamente en casa y eso es lo que la hace especial”, dice Noly.

La semilla de las papas, certificada, viene de fuera, normalmente de Escocia, Irlanda, Gales, incluso de Tenerife y en ocasiones de Dinamarca, aunque esta última no funciona igual de bien. Si se riega mucho, crece mucho y pierde sabor. Para diferenciar si una papa es de Los Valles o no, el tamaño suele ser un indicador: “Si ves una de medio kilo, probablemente no sea de Los Valles”.

Aunque este año con toda la lluvia que ha caído puede que crezcan mucho más. “A la hora de probarla sí lo vas a notar -señala Noly- e incluso simplemente cogiendo las papas y dejándolas en casa en una alacena, en una bandeja, durante 15 días, ya notarás la diferencia: la nuestra se va a mantener tersa, dura, por la materia seca que tiene y la otra va a empezar ya a aflojarse un poquito. Si la aprietas lo vas a notar”.

La asociación nació en 2014, se inscribió el 14 de febrero, Día de Los Enamorados, “para tener una fecha relevante, como enamorados de la tierra que somos”, puntualiza Noly. Nació de una necesidad: todo el mundo vendía papas de Los Valles y en Los Valles no había tanta papa, “pero la veías en todos lados”. La necesidad era diferenciarla del resto. Si se anunciaba como de Los Valles sin serlo, la calidad es obvia. “Decidimos crear una asociación para identificarnos”.

“Además estábamos en manos de los importadores y de los comerciales, que no ponían en valor el producto”, señala. Se vendía el kilo a sesenta céntimos y así no era rentable plantar. “Si hubiéramos seguido en esa dinámica, aparte de que no íbamos a tener relevo generacional, hubiéramos abandonado el cultivo”. Hace doce años, fueron once los pioneros, “once familias”, en la directiva de la asociación. Hoy son 39 productores.

Eran, en su mayoría, “familias jóvenes que estaban empezando a dar el salto a tener un extra cultivando”. Hoy son más, pero las circunstancias siguen siendo similares. La mayoría, excepto dos que también tienen otros cultivos, combina la agricultura con otra actividad. El perfil mayoritario es el de personas que han heredado tierras o las tienen aún de sus padres, que tienen otro trabajo y “han mamado esto desde pequeñitos, toda la vida se han dedicado a ello y eso ha ayudado a que sigan cultivando”. Además del pasado, ahora pueden apoyarse en el presente, que ya tiene una rentabilidad “aunque no es el negocio del siglo”. “Si haces número de las horas que le echas igual...”, señala Noly, sin terminar la frase.

La asociación, en cualquier caso, es un respaldo, un apoyo para buscar subvenciones o para encargar cubas de agua en un momento de sequía. Este año, se ha plantado un veinte por ciento más que el año pasado y se han llevado las cubas hasta la montaña, a pesar del precio, ya que se han gastado unos 20.000 euros. Para calcular la diferencia de precio entre una tonelada de agua en el pueblo y en la montaña hay que multiplicar por más de diez.

El agua sigue siendo uno de los problemas para el campo lanzaroteño. Para Noly, como para muchos agricultores, el futuro está en una red de riego propia, con agua adecuada para el campo, sin cloro, como la que se ha empezado a instalar en Tinajo: “Mucha gente joven se va a dedicar a la agricultura porque ya está viendo que ahí tienes una garantía”.

Pasos

La producción anual varía mucho pero está entre los 350.000 y los 400.000 kilos, recogidos en dos cosechas. Otra de las ventajas, esta para el conjunto de la Isla y su paisaje, es que algunas tierras ya no están y ahora lucen limpias. A pesar de eso, en Los Valles sigue habiendo muchas fincas abandonadas y, por otro lado, hacer una finca nueva cuesta mucho. “Hasta que no se modifique el Plan Insular y tengamos un sitio con extracción de arena, es muy difícil”, dice Noly.

La producción anual varía mucho pero está entre los 350.000 y los 400.000 kilos

El siguiente paso, si es posible, será el de convertir la asociación en una cooperativa. Noly reconoce las reticencias de algunos por las experiencias pasadas con las cooperativas, pero de eso hace mucho tiempo ya, aunque sigue en la memoria. “Dejó muchas deudas y a la gente le cuesta dar el paso”, explica.

Sin necesidad de ser una cooperativa, la asociación ya garantiza que todos los productores actúen bajo la misma imagen y marca unos precios de referencia. Los siguientes pasos también van hacia “intentar profesionalizar todo lo que se pueda y sobre todo tener un punto de venta único”. Otro paso sería avanzar hacia conseguir una marca de garantía y después la Indicación Geográfica Protegida, para el reconocimiento del producto, aunque son pasos lentos y que conllevan mucha burocracia y papeleo.

De momento, la papa no sale de la Isla. Se comercializa, principalmente, en tiendas de pueblo, la mitad se vende directamente a restaurantes, y también se puede comprar, por cajas, en el Complejo Agroindustrial en horario de mañana. El precio, según dice Noly, no es problema, porque al consumidor no le importa pagar un poco más por una papa de calidad, pero no quieren “tensar tanto”. Dice que si empezaran a enviar la papa fuera de Lanzarote, sí podrían o deberían aumentar el precio.

Amenazas

Los peligros, o las amenazas a la papa, vienen de la competencia desleal

Los peligros, o las amenazas, vienen de la competencia desleal: del posible acuerdo comercial con Mercosur, apunta Noly, que permitirá la entrada de papas de otros países “que no trabajan en las mismas condiciones que nosotros y que usan productos que aquí no se permiten porque son nocivos para la salud”.

Por otro lado, la asociación colabora con otras asociaciones del sector, está integrada en la Federación de Asociaciones Agropecuarias y Pesqueras de Teguise y en Aprolan, la Asociación de Agricultores Profesionales de Lanzarote. También tienen representación en el Consejo Insular del Agua.

Rendimiento

Dice Noly Peraza que en Gran Canaria una hectárea plantada de papas normalmente suele producir entre 40 y 50 toneladas, y en Los Valles no llega ni a la mitad. Además, casi todo el proceso, por no decir todo, a excepción de una plantadora “y ahora con la lluvia no es aconsejable meterla”, es manual. Hay que recoger a mano y, si no tienes ayuda, en solitario.

Noly explica que la máquina es la misma que hace cuarenta años, la que se ideó en la Granja Agrícola, y cree que se podría llegar a un acuerdo con alguna universidad o, si hubiera suerte, que algún alumno de Ingeniería Agrícola hiciera su proyecto de fin de carrera buscando una mecanización para este cultivo tan específico.

“No se puede mecanizar el cien por cien del cultivo pero si pudiéramos mecanizar el cincuenta por ciento... Hay que mecanizar sin perder la esencia y sin perder el terreno porque nuestra agricultura es diferente”, apunta. “César Manrique decía que los mayores moldeadores de la Isla son los agricultores, eso sí que no lo debemos perder”.

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