
Este milagroso amor por la cruz

Y, de repente, una señal de esperanza para Arrecife. No faltará quien vea el empeño de mantener la cruz en la plaza de la iglesia de San Ginés como un intento de importar guerras político-culturales que están de moda. Pero yo, quizás influenciado por estos días de espiritualidad católica, veo un pequeño milagro: partidos que llevan décadas infravalorando el legado arquitectónico de Arrecife ahora, de forma súbita, se erigen en sus acérrimos defensores. Se rompen las vestiduras por defender símbolos históricos de la ciudad.
Por fin nuestros dirigentes municipales van a dejar de apoyar la especulación ramplona, para empezar a preocuparse por un patrimonio urbano y porteño que lo necesita desesperadamente. Arrecife lleva décadas siendo afeada y demacrada. Una urbe con un rico pasado de pesca y castillos, con una marina de enorme valor medioambiental y que tuvo campañas propagandísticas donde se vendía como la futura “Venecia del Atlántico”, es, desde hace tiempo, el patito feo de la isla.
¡Qué bueno que ahora nuestros líderes se preocupen tanto por el patrimonio de la ciudad! Probablemente ya están preparando planes para limpiar de una vez el Charco, o quizás vayan a desempolvar los viejos proyectos para crear un Museo de la Mar y otro de Arqueología… Seguro que con este súbito amor por la cultura arrecifeña ya están decididos, de una vez por todas, a restaurar el molino de Cabo Pedro, la casa de los Pereyra, las maretas del Estado o la calera de Argana, entre otras muchas preciosidades que tenemos en ruinas… Además, se van a poner serios con las infracciones y cortar de raíz operaciones especulativas con la redacción del catálogo municipal. Andrés Rubio, autor de “España fea”, un ensayo sobre los desmanes urbanísticos del país, se asombraba del inaudito y nulo interés por los edificios históricos de Arrecife.
El milagroso amor por la cruz también tiene otra vertiente positiva para nuestro honor como ciudad. La repentina pasión por el símbolo máximo del catolicismo de nuestros dirigentes les iluminará hacia un cambio en el tono de sus declaraciones sobre la inmigración que llega de África. Para un pueblo ancestralmente ligado al mar y a la emigración, pocos gestos honran tanto a sus antepasados como salvar a gente en apuros en el océano. Así que, por fin, determinados partidos dejarán de meterse públicamente con las personas que vienen en patera del continente vecino, para cumplir con las viejas enseñanzas de Cristo sobre el trato a los menos favorecidos.
No solo el Nuevo y Viejo Testamento están repletos de alegatos sobre la necesidad de compasión hacia el prójimo, tratar de forma más humana a la gente que emigra también es una pauta muy indicada recientemente por los últimos papas de Roma. Habrá que ver qué cara ponen los que hablaban de invasión y de bloquear nuestras aguas con buques militares cuando León XIV venga a Canarias.
Seguro que hay gente que cree que este amor por la cruz no sea tan espontáneo y sincero como parece, sino que se trata de una estratagema política de poca monta… Sería una operación de riesgo usar un símbolo sagrado del cristianismo de forma tan superficial y torticera. La biblia alerta de forma bastante rotunda y en varias ocasiones sobre el uso hipócrita de la cruz. Quizás el capítulo más famoso sea el que se cuentan en Mateo 23, 23 y Lucas 11, 42:
“¡Pobres de ustedes maestros de la ley y fariseos! ¡Hipócritas! Ustedes dan a Dios la décima parte de todo lo que cosechan, incluso de la menta, del anís y del comino. Pero se olvidan de las enseñanzas más importantes de la ley: la justicia, la misericordia y la fidelidad a Dios”.











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