“Si no actuamos, algunos tiburones y rayas podrían desaparecer de Canarias”
Maite Asensio, divulgadora científica
Las aguas que rodean Fuerteventura y Lanzarote albergan algunos de los ecosistemas marinos más valiosos de Canarias. Sus extensas plataformas costeras, fondos arenosos, sebadales y aguas oceánicas convierten a ambas islas en un refugio de más de 16 especies de tiburones y rayas, muchas de ellas amenazadas y catalogadas en Peligro Crítico (CR). Sin embargo, este extraordinario patrimonio natural sigue siendo un gran desconocido para buena parte de la sociedad y continúa enfrentándose a amenazas como la pesca, la degradación de los hábitats o el cambio climático.
Con motivo de la llegada a Corralejo del International Ocean Film Tour, el mayor festival de cine dedicado a los océanos de Europa y que ha recalado en Fuerteventura dentro de su gira nacional, la licenciada en Ciencias del Mar, máster en Oceanografía, educadora ambiental, fotógrafa submarina y presidenta y cofundadora de la asociación Latitud Azul, Maite Asensio Elvira, acerca el proyecto europeo Conservation Strategies for Sharks and Rays in the Canary Islands, una iniciativa que busca reforzar el conocimiento científico y promover medidas eficaces para proteger unas especies esenciales para la salud de los océanos.
-Canarias alberga una gran diversidad de tiburones y rayas, pero muchas personas lo desconocen. ¿Qué hace tan especial al Archipiélago para que tantas especies vivan o pasen por sus aguas?
-Canarias es un punto estratégico en el Atlántico. Su situación geográfica, unida a la gran diversidad de hábitats marinos, convierte al Archipiélago en un lugar excepcional para tiburones y rayas. Tenemos fondos arenosos, arrecifes rocosos, sebadales, montes submarinos y aguas profundas muy cerca de la costa. Todo ello ofrece zonas de alimentación, reproducción y refugio para numerosas especies. Además, algunas áreas costeras funcionan como auténticas guarderías naturales, donde los ejemplares juveniles encuentran protección durante sus primeros años de vida.
-En el caso concreto de Fuerteventura, ¿cuál es la situación?
-Las islas orientales de Canarias, especialmente Lanzarote y Fuerteventura, albergan una de las mayores diversidades de tiburones y rayas del Archipiélago, con más de 16 especies de tiburones y numerosas rayas de gran interés para la conservación. Entre ellas está el angelote, catalogado en Peligro Crítico y del que Canarias mantiene una de las poblaciones reproductoras más importantes del mundo, además de la mantelina, el chucho negro, la raya ratón, el obispo y el cazón, junto con especies pelágicas como la tintorera, los tiburones martillo y los tiburones zorro, que utilizan estas aguas como zonas de alimentación y tránsito. La declaración en 2025 de seis Important Shark and Ray Areas (ISRAs) por la UICN ya advierte de la importancia de esta zona, donde destacan áreas como La Bocaina, uno de los principales núcleos reproductores del angelote y área de agregación del cazón; El Reducto, importante para la cría de juveniles; el Archipiélago Chinijo y La Graciosa, que combina una elevada biodiversidad con la protección de la Reserva Marina; Playa Chica, referente para el seguimiento científico del angelote; y la costa de Jandía, una de las principales zonas de reproducción de angelotes y rayas bentónicas.
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-A pesar de que casi la mitad de estas especies están amenazadas, muy pocas cuentan con protección legal. ¿Cómo se explica esta contradicción y qué consecuencias puede tener si no se actúa a tiempo?
-Existe un desfase entre el conocimiento científico y la legislación. Sabemos que muchas especies están en declive, pero ese conocimiento tarda años en traducirse en medidas de protección. Además, históricamente, tiburones y rayas han recibido menos atención que otras especies marinas más conocidas. Si no actuamos a tiempo, algunas poblaciones podrían desaparecer de Canarias antes incluso de conocer bien su biología. Cuando una especie se pierde, recuperar sus poblaciones es extremadamente difícil, especialmente en animales que crecen despacio, alcanzan tarde la madurez y tienen pocas crías.
“En las aguas de Fuerteventura y Lanzarote hay 16 especies de tiburones”
-Desde la experiencia de Latitud Azul, ¿cuál ha sido la situación que más le ha sorprendido o preocupado durante este trabajo?
-Lo que más nos ha sorprendido es descubrir la enorme importancia que tienen algunas zonas costeras para estas especies. Son lugares muy frecuentados por personas y resultan ser hábitats esenciales para rayas y tiburones. Y lo que más preocupa es comprobar que muchos de estos espacios carecen de medidas de protección específicas y siguen sometidos a una fuerte presión humana. También hemos detectado que existe un gran desconocimiento sobre la presencia y el estado de conservación de muchas especies.
-Cuando se habla de tiburones, muchas personas siguen pensando en un animal peligroso. ¿Qué mitos cree que es más urgente desmontar y qué realidad científica los contradice?
-El principal mito es que los tiburones son animales agresivos que buscan atacar a las personas. La realidad es exactamente la contraria. Los ataques son extremadamente raros y la inmensa mayoría de las especies nunca supondrá un peligro para un ser humano. Si ponemos los datos en contexto, los humanos matamos cada año cerca de 100 millones de tiburones, mientras que los tiburones causan, de media, unas diez muertes humanas en todo el mundo. La evidencia científica deja claro que somos nosotros quienes representamos la mayor amenaza para su supervivencia. En Canarias convivimos con decenas de especies y millones de personas disfrutan del mar cada año sin incidentes. Es mucho más probable que un tiburón sea víctima de la actividad humana que al revés.
-¿Qué papel desempeñan los tiburones y las rayas en el equilibrio del ecosistema marino y cómo podría afectar a nuestra vida cotidiana su desaparición?
-Son especies clave para mantener el equilibrio de los ecosistemas marinos. Regulan las poblaciones de otras especies, contribuyen a mantener la biodiversidad y ayudan a que los ecosistemas sean más estables y saludables. Cuando desaparecen, se producen efectos en cadena que pueden afectar a la pesca, a la salud de los hábitats marinos e incluso a actividades económicas como el turismo. Al final, conservar tiburones y rayas también significa conservar océanos sanos de los que todos dependemos.
-La pesca, el turismo, la contaminación o el cambio climático son algunas de las amenazas que afrontan estas especies. Si tuviera que señalar la más urgente en Canarias, ¿cuál sería y por qué?
-La principal amenaza para los tiburones y las rayas sigue siendo la pesca. Tanto la pesca dirigida como las capturas accidentales ejercen una enorme presión sobre muchas especies, especialmente sobre aquellas cuyas poblaciones ya están muy reducidas. Además, son animales que crecen lentamente, alcanzan la madurez sexual tarde y tienen pocas crías, por lo que les resulta muy difícil recuperarse del impacto pesquero. Pero no podemos hablar de una única amenaza. La degradación de los hábitats costeros, el aumento de la presión humana, la contaminación y el cambio climático actúan de forma conjunta, aumentando aún más su vulnerabilidad y comprometiendo su conservación a largo plazo.
-El proyecto destaca la necesidad de proteger no solo las especies, sino también los lugares donde viven. ¿Qué zonas de Canarias considera prioritarias para su conservación y qué las hace tan importantes? ¿Qué trabajo se está haciendo en esta línea y en qué es necesario mejorar?
-Cada vez contamos con más evidencias científicas de que determinadas zonas de Canarias son esenciales para tiburones y rayas, ya sea porque funcionan como áreas de reproducción, de cría, de alimentación o de agregación. Un reconocimiento de esa importancia son las Áreas de Importancia para Rayas y Tiburones (ISRAs), una iniciativa de la UICN. El año pasado se designaron 22 ISRAs en Canarias, lo que pone de manifiesto el enorme valor del Archipiélago para la conservación de estos animales. Nuestro trabajo consiste en identificar y estudiar científicamente estos lugares para proporcionar información sólida a las administraciones. Sin embargo, el verdadero reto es que ese conocimiento se traduzca en medidas de gestión y conservación eficaces. Identificar un área como prioritaria es un primer paso, pero de poco sirve si después no cuenta con herramientas reales que garanticen su protección y una gestión adecuada.
“La ciencia muestra que somos la mayor amenaza para los escualos”
-¿Cómo cuáles?
-En Fuerteventura, por ejemplo, se han realizado acciones para la conservación, como el Angel Shark Project, desde 2014, que ha impulsado investigaciones sobre la distribución y ecología del angelote mediante programas de marcaje, censos submarinos, identificación de áreas de reproducción, ciencia ciudadana y colaboración con el sector pesquero. Estos trabajos fueron fundamentales para la inclusión del angelote en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial en Canarias y para la designación de las ISRAs. Además, en los últimos años se ha reforzado la vigilancia frente a capturas ilegales, la retirada de artes de pesca abandonadas y las labores de inspección y sanción para mejorar la protección de tiburones y rayas en las islas orientales, entre otras acciones como el registro de avistamientos, la formación, la identificación de áreas de reproducción, el marcaje y el seguimiento de individuos.
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-Muchas veces da la sensación de que la ciencia avanza más rápido que la legislación. ¿Qué cambios deberían impulsar las administraciones para que el conocimiento científico se traduzca en medidas de protección reales?
-Es fundamental que exista una mayor conexión entre científicos, administraciones y sectores implicados. La legislación debería actualizarse con mayor rapidez cuando la evidencia científica demuestra que una especie o un hábitat está en riesgo. También es necesario reforzar el seguimiento científico, mejorar la coordinación entre administraciones y apostar por una gestión adaptativa que permita actuar antes de que los problemas sean irreversibles.
-Después de recorrer las Islas impartiendo charlas y hablando con la ciudadanía, ¿ha percibido un cambio en la forma en que los canarios ven a los tiburones y las rayas? ¿Qué le ha llamado más la atención de esas conversaciones?
-Sí, claramente. Cuando la gente conoce estos animales y entiende su importancia ecológica, cambia completamente su percepción. El miedo deja paso a la curiosidad y al interés por protegerlos. Lo que más nos llamó la atención es que muchas personas desconocían que en Canarias viven tantas especies o que algunas están gravemente amenazadas. Cuando descubren esa realidad, suelen sentirse parte de la solución.
“Conservar tiburones y rayas significa tener océanos sanos para todos”
-Si dentro de diez años pudiera mirar atrás y decir que la conservación de tiburones y rayas en Canarias ha sido un éxito, ¿qué habría cambiado y cuál sería el mayor logro alcanzado?
-Me gustaría que pudiéramos decir que las principales zonas de reproducción y cría están protegidas, que las poblaciones muestran signos de recuperación y que las decisiones de gestión se toman basándose en datos científicos. Pero el mayor éxito sería que la sociedad dejara de ver a tiburones y rayas como animales que hay que temer y los considerara parte del patrimonio natural de Canarias, igual que ocurre con otras especies emblemáticas.
-En este objetivo de concienciación se encuentra también desde hace años el International Ocean Film Tour. ¿Cuál es el papel que juegan festivales de este tipo? ¿Confía en un cambio en la manera de entender y relacionarnos con los océanos?
-Tienen un papel fundamental porque consiguen acercar la ciencia y la conservación a un público muy amplio de una forma emocionante y accesible. Las personas conectan con las historias mucho más que con las cifras, y esa conexión es el primer paso para generar compromiso. Soy optimista. Cada vez hay más personas interesadas en proteger el océano y entender que nuestra calidad de vida depende directamente de su salud. Ese cambio ya está ocurriendo, pero necesita seguir apoyándose en la educación, la divulgación y la participación de toda la sociedad.


















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