“Como mujer, este era un ejercicio para por fin inmolarme de todo lo aprendido”
La artista multidisciplinar Elisa Forcano representa ‘Zorra Dorada’ en el Teatro ‘El Salinero’ de Arrecife
En 2019, la joven holandesa de 17 años Noa Pothoven fallecía en su casa por inanición voluntaria tras años intentando superar varias agresiones sexuales. Los medios de comunicación la dibujaron como una víctima más, mientras que la artista multidisciplinar Elisa Forcano vio en ella a una heroína. Su historia, su lucha y la decisión de acabar con su vida inspiraron a la zaragozana para crear, dirigir e interpretar ‘Zorra Dorada’, un viaje performativo que este 12 de marzo visita el Teatro Víctor Fernández Gopar ‘El Salinero’, en Arrecife.
-¿Qué cuenta ‘Zorra Dorada’?
-Cuando leí la noticia sobre Noa me llamó la atención por la fuerza. Qué convicción tiene que tener una muchacha de 17 años, y que la familia la acompañe. Entonces empecé a investigar. Ella había escrito el libro Ganar o aprender, y hablaba de su experiencia, autolesiones, la bulimia, de la superación, de la lucha por vivir, estuvo interna en varios centros. Y a mí me parecía una heroína porque dijo, perdona pero yo no quiero vivir en una sociedad así. No le concedían la eutanasia porque entendían que al no ser algo físico se podía superar. Por eso su inmolación me parece brutal. No necesito ser mayor de edad para vivir en una sociedad en la que esto es lo que me espera, no quiero.
Me empecé a plantear mis propias decisiones y situaciones de abuso, que sigo normalizando. Hablas con mujeres y hombres que tenemos algún tipo de relación con el abuso, y todos luchamos por seguir viviendo. La obra es una oda a su persona y a lo que ella me invitó a reflexionar, pero al final es un ritual escénico para ese abuso del cuerpo, el mío y el de todas las personas que asisten.
“Es un ritual sobre el abuso del cuerpo, el mío y el de todas las personas que asisten”
-La obra propone repensar la vida y dignificar la muerte. ¿Aporta ideas sobre por dónde empezar?
-Hago las piezas para abrir preguntas, me parece muy osado responderlas. La respuesta está en cada una de nosotras, en repensar nuestro presente, y no dejar de hacerlo. En el feminismo hay mucho avanzado pero al mismo tiempo se siguen normalizando violencias que están ahí, y que parece que por todo lo avanzado es como, no te quejes. La única respuesta que puedo dar es un texto que incluyo de Noa, que dice “el amor es dejar ir”. Es la única certeza, lo demás son todo preguntas que además son incómodas. Y esa incomodidad es porque no hay nada claro.
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'Zorra Dorada'. Fotos: Víctor Izquierdo.
-¿Se ha sentido incómoda durante el proceso de creación o de representación?
-Esta pieza la estuve rumiando durante cinco años. Yo tenía claro que como mujer era un ejercicio para por fin inmolarme de todo lo aprendido. Es como que su figura me convirtió en potencia. ¿Cómo puedo inmolarme yo sin suicidarme? ¿Cómo puedo inmolar todo mi concepto sobre la feminidad? Pedir permiso, tener que gustar, que me tengan que validar, que mi valor esté fuera, hacer lo que se espera de mí… Empecé a crear sola, y luego estuve tres meses ensayando sola porque quería ser honesta a mi propio deseo creativo, a mi ira, mi violencia y mi rabia, y no tener una mirada externa que me hiciese cuestionar algo que yo estaba sintiendo de una manera tan visceral. Y ahí invité al equipo, y el equipo jamás juzgó. Hubo algún conflicto con respecto a algo que se sentía incómodo. Hay una chica de unos ocho años que está leyendo un texto que es muy duro, pero para mí ahí surge la radicalidad de la propuesta. Si hay niñas de dos años que están siendo abusadas, ¿cuál es la edad para hablar de esto? Para mí la radicalidad en las propuestas es fundamental para llegar a lugares que si no, son complacientes. Yo no quiero ser una artista complaciente. No quiero aleccionar pero sí ser honesta. ¿Cuál es mi impulso creativo, cuál es mi vómito? ¿Por qué me interpela esto? Si yo viese mis creaciones como un producto haría lo que se espera de mí, pero las veo como lo que da sentido a mi existencia. Así que sí he tenido dudas pues hay mucha gente que juzga, pero yo tengo que ser honesta y eso ya le da sentido a todo.
“Parece que como hemos avanzado mucho, no nos podemos quejar”
-Esta rabia de la que habla, a su vez se utiliza para arremeter contra las mujeres que la expresan, ¿no?
-Sí, las histéricas. Yo como mujer estoy literalmente hasta el coño de que se nos eduque para ser complacientes, para no molestar. Y eso nos lleva a la depresión. No es baladí que tengamos unos índices de depresión altísimos y que estemos medicadas. A ellos se les valora el conquistar, el ser líder. Y es cierto que la ternura, el cuidado, y lo que nos enseñan a nosotras me parece brutal. Pero para movilizarme tengo que sentir rabia. La tristeza me paraliza. Si leo esta noticia y no me agarro a la rabia sino a la herida, pues entiendo que no se puede hacer nada porque esto es más grande que todas nosotras. Pero si yo acciono desde la rabia, me da igual lo que a los ojos de los hombres parezca. Una intensa, una histérica, pues sí, lo soy. Y prefiero ser eso que una mujer con ganas de suicidarse.
-¿Su obra contribuye en cierta manera a romper el silencio sobre el suicidio?
-Sí, totalmente. Desde el primer momento hay una declaración de intenciones de este ente al que vas acompañando. No sabes si soy yo como intérprete o mi historia real. Esa postura es interesante porque coloca al público en la sensación de que esto que cuento es algo personal, y empatizan y se vinculan más. A veces me preguntan si es verdad, y les digo que da igual. Esto nos ha pasado a todas y a todos. Y eso genera en el espectador una incomodidad. Esa incomodidad es la vida, esa es tu compañera de trabajo, tu mujer, tu hija, tu amigo.
“La radicalidad en las propuestas es fundamental para llegar a lugares que si no, son complacientes”
-También reflexiona sobre el mandato social para superar estas situaciones, ¿no?
-Hay un texto muy significativo, que es un momento lúcido del personaje donde toma la decisión, y está dirigido a una psicóloga. A través de ese texto se abren preguntas sobre esta demanda social de superación. La resiliencia, esta cosa que tenemos ahora como un mantra. Bueno, basta ya de tener que empoderarnos, ser autosuficientes y curarnos, cuando lo que hay que cambiar es la sociedad para no tener que puto superar esto.
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-¿Qué impacto cree que ‘Zorra Dorada’ ha tenido en usted?
-Fíjate que creo que es una obra que me ha inmolado en todos los aspectos de mi vida. A nivel personal ha supuesto el ser muy coherente con lo que quiero como mujer y no aceptar menos. Y de manera casi involuntaria, siento que al llevar la pieza a moverse todo se ha ordenado. Que la gente que estaba en mi vida y acompaña e impulsa el tipo de mujer que quiero ser está, y quien no porque le incomoda o no le complace, se ha retirado. Y también hay algo que estoy sintiendo en mis carnes que es la dificultad de generar familia teniendo estas convicciones como mujer. Y qué difícil, no porque no tenga un deseo sino porque estamos en esa realidad en la que las mujeres estamos en un lugar que ya los hombres no pueden sostener. Parece que tienes que elegir entre tu construcción como mujer, que te lleva a la soledad, o el tener que volver a patrones obsoletos, que son seguros pero que te lastran y te frustran. Y a nivel profesional no puedo estar más orgullosa porque es mi primera obra como creadora. Es gasolina para seguir creando porque está teniendo mucho recorrido. Me da mucha fuerza pensar que puedo ser referente para otras mujeres. La soledad, la pérdida, eso le da todo el sentido a seguir creando.
“Como mujer estoy literalmente hasta el coño de que se nos eduque para complacer”
-¿Creó la pieza pensando en algún público concreto?
-No pensé en el público porque creo desde un lugar de impulso, de víscera, y de que mi verdad conecte con otras muchas verdades. No soy tan especial como para tener impulsos individuales. Nos interpelan cosas muy iguales. Pero me ha sorprendido que conecta mucho con personas jóvenes pero también mayores. Ponemos que no es recomendable para menores porque tiene cuestiones explícitas pero es sorprendente cómo llega a todo tipo de edades y de géneros. Está muy centrada en el abuso y está focalizada en una cohesión femenina, pero hay muchos hombres que se han acercado y me han dicho que se han sentido interpelados.
“Si yo acciono desde la rabia me da igual lo que a los ojos de los hombres parezca”
-¿Cuál es el lenguaje con el que la obra se comunica con el público?
-Desde un lugar muy poético y una plástica muy buscada, quería que fuese muy hermoso de ver a pesar de lo terrible. Hay una cuestión performática por mi parte muy osada, y momentos de humor también. Tiene mucha importancia que los elementos están al mismo nivel, la plástica escénica, las luces, el movimiento, la palabra, el sonido, nada tiene prioridad sobre lo otro. El lenguaje es multidisciplinar, como una cuestión rizomática. Todos los elementos tienen dramaturgia y todos van a favor del viaje que quiero generar. Me rodeé de un equipo maravilloso. El diseño de luces es de Pilar, el sonido de Benigno, Leonora lleva la plástica y la ayudantía de dirección, Víctor está en las visuales… Es una pieza muy hermosa de ver.
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-¿Ha habido lugares de España con gobiernos autonómicos de ultraderecha en los que la pieza no ha sido acogida por la temática que trata?
-Sí, es una obviedad. En MADferia el pasado 29 de enero me pasó. Programadoras y programadores hablaron conmigo, me dieron la enhorabuena por la radicalidad, la valentía, etc., pero me decían que no la podían programar. Yo soy muy consciente de esto y hago otro tipo de trabajos para poder comer, pero esto es lo que me da de vivir. Soy consciente de que tendrá su circuito, que no será mainstream ni comercial... Por eso le debo mucho a mis distribuidores Iñaki Díez y Raquel Jiménez.
“Las mujeres estamos en un lugar que ya los hombres no pueden sostener”
-¿Siente que las artistas están aún relegadas a los ciclos de mujeres?
-¡Bueno, bueno! Yo súper agradecida porque en Zaragoza me programaron en el Teatro de las Esquinas, que es mi casa, en el ciclo Mujeres a Escena. ¿Pero qué pasa el resto del año? Tienen que estar esos espacios porque si no, no haríamos nada. Pero que haga falta habla de cómo estamos. Igual que el Día de la Mujer, sigue haciendo falta. ¿Hasta cuándo va a durar ese proceso? Programemos con equidad. Además, me niego a creer que no hay igual de talento en hombres y mujeres. Tú tienes ese espacio ocupado por tu poder. No vas hacerme un favor, es que talento tenemos todas y todos.
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