Eduardo Oliva ha fabricado de manera artesanal un ‘sound system’, el único de la Isla, diseñado especialmente para fiestas de música reggae

Un pedazo de Jamaica en Lanzarote
Eduardo Oliva ha fabricado de manera artesanal un ‘sound system’, el único de la Isla, diseñado especialmente para fiestas de música reggae
El sound system nace en Jamaica en los años cincuenta para acercar la música a la calle, para que la gente que no podía ir a conciertos disfrutara de ella. Es muchas cosas más, pero de manera estricta, aunque no literal, consiste en un equipo de sonido itinerante, una gran torre o columna de altavoces para escuchar música, preferentemente reggae.
A lo largo de las décadas, el movimiento se trasladó a Reino Unido, empujado por la migración jamaicana, y más tarde a las fiestas de reggae de cualquier parte del mundo. El concepto, o el planteamiento de las raves de música electrónica, también nace de ahí.
Eduardo Oliva (Zaragoza) es maestro de educación primaria en Tahíche. Vive en Lanzarote desde el año 2007 aunque con un paréntesis de seis años en que se marchó a Londres. También vivió durante un año en el Caribe, en la isla de Guadalupe. En su propia casa de Costa Teguise, en una estancia que antes era un garaje y que ahora acoge a este equipo de sonido, además de discos y guitarras, se ha construido, con mucha paciencia y empeño, un sound system artesanal hecho de cajas de chapa marina forradas de arpillera. El único que hay en la Isla y uno de los pocos de Canarias.
“Esto nace desde que soy chaval, me ha gustado siempre muchísimo la música pero soy negado, no sé tocar ningún instrumento. Me gustaba ir a conciertos, descubro el reggae, la música jamaicana, y empiezo a coleccionar discos y a meterme más en ese mundillo. Con el tiempo vas entendiendo que es un proceso y cuanto más te metes en este mundo, más descubres cómo ha funcionado desde sus orígenes”, explica en su casa, junto al sound system en el antiguo garaje, hoy transformado en una habitación para la música.
Eduardo vuelve a los orígenes del sound system. Dice que pertenecían, normalmente, “a gente que tenía tiendas, que vendía licores o discos y se montaba sus equipos de sonido para promocionar sus negocios”. A partir de ahí, la industria discográfica empieza a construir sound system y así se va extendiendo la música reggae a todo el mundo, incluso antes de que Bob Marley fuera una superestrella.
Como el propio movimiento musical, que viaja y emigra, Eduardo recorre su camino, salpicado de música, discos y más discos. Llega a Lanzarote, empieza a trabajar como maestro, lo que le permite ahorrar algo de dinero y empieza a nacer en él la idea de construir sus propios altavoces, a pesar de que parte desde cero. No sabe cómo hacerlo pero sí que quiere hacerlo.
Cuenta que hay dos cosas que le ayudan bastante. Una es Internet, donde se puede encontrar, en vídeos y foros, cómo se construye todo el proceso además de resolver las dudas sobre materiales, planos o técnicas. La otra ayuda no es virtual. Si el primer sound system que se construyó en España lo hicieron unos chicos de Barcelona que se hacen llamar Leones Humildes, el segundo lo hace Juanra, un tinerfeño bajo el nombre de Jah Ras, con quien contactó Eduardo y que le sirvió de gran ayuda. Eduardo se puso en contacto con él desde el primer momento y le ha ido guiando en el proceso, que ha sido largo.
Con el paso del tiempo, también ha conocido a Roberto Sánchez, de Santander, que es uno de los principales productores de reggae de España, pero no solo trabaja en España, sino que también produce a músicos jamaicanos. Con música de Sánchez, que lleva adelante el proyecto llamado A Lone Ark Estudio, y letra de un londinese, en una semana, Eduardo ya tenía un tema nuevo grabado en Londres para pinchar en su sound system. “Con lo que más he disfrutado es con la gente que he conocido”, dice, siempre sonriente. “De ese trabajo saqué 500 copias parta repartir, pero de otros temas saco 15 o 20 y son solo para el sound system, solo se pueden escuchar ahí, en ningún otro sitio”, explica.
Proceso
En el año 2007 empezó a comprar el equipamiento, pero los primeros altavoces no llegan hasta el año 2016 o 2017. Después llegó el parón de seis años en Inglaterra. Aparca el sound system pero no la música porque empieza a producir discos con un pequeño sello discográfico especializado, Humble Sounds. Hace esos discos de tirada mínima, para que los escuche la gente que va a las fiestas, y alguno más con una tirada mayor para poder comercializarlos.
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El ‘sound system’ nace en Jamaica en los cincuenta para acercar la música a la calle
En el sound system se dividen los altavoces por tamaño y por frecuencia. Los más grandes son para los sonidos más bajos, más graves, los más pequeños para los agudos. Hay muchos tipos de cajas. “En las que yo he hecho, supuestamente el sonido es más fiel, aunque aprovechas menos la potencia del altavoz, pero yo quería que sonara bonito, y además si son más pequeñas y por tanto más manejables, es más fácil que las pueda mover yo solo”, dice. De todas formas, para sacar el sound system de casa y trasladarlo a cualquier lugar, tiene que alquilar una furgoneta.
Dice que la cuestión de las conexiones eléctricas no es muy complicada. “Hay que leer un poquito, porque no son solo los vatios, sino también la impedancia, porque cuando vas a mezclar varios altavoces hay unas reglas matemáticas para ver cómo se hace la conexión, pero eso no es lo más complicado”.
El equipo de Eduardo acumula unos 5.000 vatios repartidos en 15 altavoces. Respecto a las cajas, asegura que la chapa marina es la mejor, por la densidad que tiene y porque es la que menos pesa. “La espalda lo agradece cuando hay que moverlos”, insiste. “Ni sé las veces que he tenido que cambiar la bolsa del aspirador para aspirar el serrín”, dice.
En ese proceso de construcción, también se ha atrevido con el diseño de la marca Humble hi fi, que es así como se llama su sound system “alta fidelidad humilde” si se traduce de manera literal. Y la base del tocadiscos, de madera, también la hecho él. El brazo, que es de plástico, ya no.
Terminado
El sound system ya está terminado, aunque siempre puede ir a más. “Podría hacer dos más de los grandes, pero es que mi mujer entonces ya me mataría”. Estuvo a punto por fin en diciembre, y desde entonces ya lo ha sacado en varias ocasiones. Ya ha hecho algunas fiestas, en Villa Toledo, en una boda, en el club de rugby, en Lanzarote a Caballo o en el campo de golf de Costa Teguise, aunque en este caso no era una fiesta de reggae. “Se puede escuchar otro tipo de música y va a sonar bien, pero con lo que va a sonar ideal es con el reggae y la música electrónica”, aclara.
Dice Eduardo que la industria del reggae graba muchos de sus discos pensando que van a sonar en un sound system, en una de esas fiestas. Para que surja la magia solo hace falta un enchufe, un equipo de sonido y un aparato reproductor, que para los puristas debe ser de vinilos, exclusivamente. Un tocadiscos, y además un solo plato, sin mezclas. Cuando deja de sonar el disco suena una sirena y se va cambiando de disco. Sin prisa.
A los sound system, además de los amantes del reggae también se acercaban cantantes para darse a conocer. Se promocionaban como cantantes poniendo su voz sobre una versión instrumental, como un karaoke. Eduardo no ha estado nunca en Jamaica, pero dice que cuando vivió en Guadalupe era “una locura”. “Todas las tiendas, todo el mundo tiene un sound system”.
Subsónico
En Lanzarote ha montado una asociación con unos amigos, que se llama Colectivo Subsónico y con la que está intentando hacer alguna de estas fiestas en las que ha podido probar el equipo. “La verdad es que sí que hay gente, es increíble, no es que sea algo enorme, pero siempre ha habido seguidores”, señala.
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“En Canarias no son muchos, pero en la Península están creciendo a buen ritmo”
El reggae no es solo un tipo de música. En Jamaica está muy unido al movimiento rastafari, que es más un movimiento espiritual o una religión. “Yo tampoco es que compre todo el pack, no soy rastafari ni muchísimo menos, pero parte de ese mensaje de paz y amor, de unidad, se puede enseñar a los niños”, explica Eduardo, que añade que para los jamaicanos fue una forma de emancipación, tras conseguir su independencia del Reino Unido en 1962. “Cuando logran la independencia toman conciencia de cuál había sido su historia y de que pueden empezar a decidir, y querían intentar cambiar las cosas y reconocer sus raíces”.
Estilos
Con el sound system, además de reggae se suelen escuchar otros estilos como el hip hop, jungle, dub o música electrónica, pero dice Eduardo que en estas sesiones la música no solo se escucha, sino que se siente. Es tal cual. Los graves se notan en el pecho, en el corazón. La música la puede apreciar una persona sorda. De hecho dice que él se ponía tapones en los oídos en las fiestas en Inglaterra para evitar los agudos, que es lo que más daño hace al oído, y se disfruta más. “Pero sí es verdad que notas el aire que se mueve y la vibración, y hay gente que va buscando eso”, apunta.
“Al final es una experiencia, no es ir solo a escuchar música, no es un concierto, ni siquiera es lo mismo que ir a escuchar una banda de reggae en directo, por más que suban los graves, no es lo mismo. Si lo pruebas, te acabas enganchando”, asegura.
En la habitación en la que tiene el sound system, a un volumen bajo ya se escucha más alto de lo que pueda poner la mayoría de la gente la música en su casa. El equipo necesita salir. En Lanzarote es el único, pero en Canarias ya hay varios más. Además de Jah Ras hay unos chicos colombianos en Gran Canaria, dos hermanos que se hacen llamar Reggae Wise, y dos italianos en Tenerife. “En Canarias no son muchos, pero en la Península está creciendo a un ritmo increíble”, explica.
A Eduardo le gustaría poder cumplir con el mandato original, el cometido primigenio de poder sacar el sound system a la calle de manera espontánea para que la gente disfrute de la música, sin más, y que otros músicos puedan incluso cantar o tocar.













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