
Manifiesto por Lanzarote y La Graciosa: Hacia una Zona Internacional de Cultura de Paz

Hay momentos en la historia de un pueblo en los que es necesario detenerse, mirar hacia atrás con gratitud y mirar hacia delante con esperanza.
Hoy queremos rendir homenaje a nuestros ancestros.
A quienes, con esfuerzo, sacrificio y amor por esta tierra, levantaron piedra sobre piedra nuestros pueblos, cultivaron nuestros campos, protegieron nuestro paisaje y nos enseñaron que el verdadero progreso solo tiene sentido cuando se construye pensando en el bien común.
Gracias a ellos heredamos una isla única.
Pero toda herencia conlleva una responsabilidad.
La responsabilidad de preguntarnos qué Lanzarote y qué La Graciosa queremos dejar a nuestros hijos, hijas, nietos y a las generaciones que todavía no han nacido.
Queremos dejarles una tierra hermosa, sí.
Pero también una tierra donde la convivencia, la solidaridad, el respeto, la participación, los derechos humanos y la Cultura de Paz formen parte de su identidad.
Porque el patrimonio más importante de un pueblo no son únicamente sus paisajes.
También lo son sus valores.
En este camino queremos recordar con especial reconocimiento a César Manrique.
Nos enseñó que el desarrollo podía caminar de la mano de la belleza, que el paisaje era un patrimonio que debía protegerse y que la ética debía acompañar siempre a la estética.
Su obra transformó Lanzarote y la proyectó al mundo.
Entre sus sueños quedó uno especialmente hermoso: un Monumento a la Paz.
Quizá hoy tengamos la oportunidad de hacerlo realidad de otra manera.
Que no exista un único monumento.
Que toda Lanzarote y toda La Graciosa sean un gran Monumento Vivo a la Cultura de Paz.












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