Sara Ybañez, paciente oncológica de Lanzarote: “No quiero estar malgastando el tiempo en pelear con la Seguridad Social”
Relata una odisea para conseguir cobrar la baja y que le concedan la incapacidad laboral que le corresponde
El tiempo que le quede no lo quiere “malgastar pelando con la Seguridad Social”. Sara Ybañez Fábregas no ha tenido buena suerte. Un cáncer que parecía un cáncer, sin más, ha acabado convertido en un cáncer muy agresivo, con metástasis, que avanza. Después de un largo tratamiento se reprodujo. La habían advertido de que era posible que se reprodujera con el paso del tiempo, pero es que se empezó a reproducir antes de finalizar el tratamiento. Un día notó otro bulto en el cuello y ya le dijeron que el diagnóstico no era bueno.
Hay días que se encuentra bien y otros que no puede con su cuerpo, que después de levantarse de la cama su destino es volver a ella. Hace dos años que está de baja, desde que empezó el tratamiento, y no va a volver a trabajar.
El caso es que cuando más ha necesitado sus fuerzas ha tenido que centrarse en pelear por sus derechos. Cuando habló por primera vez con Diario de Lanzarote, Sara seguía esperando dos cosas: que le pagaran la mensualidad que le correspondía por estar de baja, que le han estado pagando con retraso, y que le resolvieran de manera definitiva la incapacidad permanente. La primera tenía que ver con la segunda. Ha estado metida durante unos meses en un bucle administrativo que le ha ido consumiendo sus energías. Por eso, aunque el pasado 23 de junio, finalmente, le concedieron la incapacidad permanente absoluta, quiere denunciar su caso por si sirve para que se corrija en el futuro para otras personas.
Sara tiene tres hijos, de 23, 10 y ocho años. Dice que el dinero lo quiere para disfrutar con ellos, “antes de que esté muy mal” y ahora que están de vacaciones, pero es que también tiene que seguir pagando una hipoteca. “Yo quiero hacer cosas con mis hijos, imagínate que son mis últimos meses y que estoy peleando con la Seguridad Social y no estoy disfrutando con ellos”.
Ella trabaja en la residencia de ancianos de Tinajo desde hace 17 años. Después de detectarle un tumor en el pecho se ha sometido a 16 sesiones de quimioterapia, a una intervención quirúrgica, a radioterapia e inmunoterapia. Poco antes de terminar el tratamiento, le detectaron otro bulto, esta vez en el cuello, y se confirmó la metástasis. Primero le dieron un pronóstico de cinco años de supervivencia y después, ese pronóstico se fue reduciendo.
“Hay que ser un poquito empáticos también, que yo tengo cotizados veinte años”
Durante todo ese tiempo ha estado de baja médica. Cuando ya llevaba bastante tiempo la informaron de que aún no podían abrir el trámite de la incapacidad temporal porque no había pasado el tiempo suficiente.
Después, en septiembre del año pasado, comenzó a cobrar esa incapacidad, pero con la vista puesta en conseguir la incapacidad total absoluta, porque no puede volver a trabajar. Cobró la incapacidad temporal hasta el 18 de marzo de este año y en abril solo cobró el equivalente a dos días.
Como vio ese pago, preguntó en el Instituto Nacional de la Seguridad Social (INSS) y le aclararon que, al cumplir dos años de baja, se interrumpen los pagos a las espera de una resolución, que, por otra parte, les corresponde firmar a ellos mismos.
En mayo cobró dos meses de retrasos pero le volvieron a decir que en junio no cobraría y dice que no puede estar así, que no puede estar preocupándose de esto que le supone un desgaste adicional. Pero el caso es que necesita el dinero.
Se queja, en primer lugar, del exceso de burocracia, y también de la dificultad para contactar con el INSS, que no atiende sin cita previa y cuyas citas, sorprendentemente, se revenden en locutorios. Pensó en trasladarse a una oficina en otra isla, pero la situación es similar.
A finales de mayo le informan de que para aprobar definitivamente el trámite de la incapacidad permanente hay que cumplir siete pasos, y comprueba, a través de la página web, que su expediente sigue atascado en el punto número 3 desde el mes de abril.
“Todos los meses estoy llamando a ver si cobro o si no cobro”, dice. Su relación más habitual con el INSS es través de la vía telefónica, y cada vez le dicen una cosa distinta: “Me dicen que no cobro porque se supone que tengo que tener ya la resolución y que para ese mes no pueden hacer nada, pero que el siguiente mes cobraré el mes y los atrasos, pero es que después vuelve a pasar lo mismo”.
“Todos los meses estoy llamando a ver si cobro o si no cobro”, dice Sara
“También me dicen que no me están ignorando, pero les contesto que entonces no entiendo por qué se repite siempre lo mismo”, añade. Y también le aseguraron que en abril habían mandado un correo a Las Palmas para que se agilizara su trámite. “Yo tengo niños y una hipoteca, ¿ustedes se van a hacer cargo de pagar los atrasos si no pago la hipoteca?”, dice que les pregunta a los funcionarios.
Además está el asunto de las vacaciones no disfrutadas, porque no puede cobrar los dos años y medio de vacaciones acumuladas de su empresa hasta que se emita la resolución de incapacidad permanente.
Señala Sara que ya bastante difícil es la situación. “Por mí, estaría trabajando, sinceramente, pero es que no puedo ya, me cuesta mucho hacer las cosas y voy a Urgencias una vez cada dos semanas”, dice. “Hay que ser un poquito empáticos también, que yo tengo cotizados veinte años y si no trabajo no es porque no quiera, sino porque no puedo aguantar una jornada laboral trabajando con ancianos”, afirma.
Cada día tiene más dolores. Hace un tiempo rechazó un parche de fentanilo, pero ahora va a decir que sí porque el dolor aumenta. Su marido, Gorka, dice que el médico la recomienda que esté tranquila, que no coja nervios porque eso influye en su estado y que por eso tampoco puede estar pendiente de cobrar o no cobrar. Dice que él se ocupa de las labores domésticas y que prefiere que la energía que tenga, “poca o mucha, la tenga para disfrutar, para tomar un café o para salir”, no para pelear con la Seguridad Social.

















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