Expertos relativizan el fenómeno y señalan que la floración en las dos islas más orientales responde más a la distribución de las lluvias que a registros excepcionales

El mundo se enamora del desierto florido de Lanzarote y Fuerteventura: ¿Es algo tan extraordinario?
Expertos relativizan el fenómeno y señalan que la floración en las dos islas más orientales responde más a la distribución de las lluvias que a registros excepcionales
Durante las últimas semanas, las redes sociales y medios de comunicación se rindieron al espectáculo del desierto florido canario. “Lanzarote y Fuerteventura rompen sus récords de lluvia y reverdecen”. “Un satélite europeo muestra cómo las lluvias tiñen de verde Lanzarote y Fuerteventura”. “En Europa alucinan con el cambio de Fuerteventura: el verde es tan intenso que casi hace daño a los ojos”. Y luego llegaron las flores, los inmensos campos violetas y amarillos tapizando laderas inmensas. “El mes de enero más lluvioso desde 1970”, explicaron algunos. “Qué agradecida es esta tierra, en cuanto caen cuatro gotas se pone todo verde”, justificaron otros.
¿De verdad ha llovido este año más que nunca? ¿Tan raro es que después de inviernos muy húmedos todo se cubra de flores? ¿Hay una biodiversidad oculta de la que nadie sabía su existencia? Frente a tanto asombro, los expertos relativizan el fenómeno. Recuerdan que las lluvias han sido desiguales y menos generosas de lo que parece, que las plantas autóctonas están más que acostumbradas a largas series de sequías tradicionalmente conocidas como “años ruines” y saben aprovechar con agilidad evolutiva los cada vez más escasos “años buenos” para sobrevivir, pero tampoco ocultan su preocupación por una ceguera botánica que nos hará olvidar muy pronto esta riqueza vegetal incluso antes de que el color pardo vuelva a dominar el paisaje.
¿Ha llovido más que nunca? Podríamos decir que ha llovido mejor que en mucho tiempo: muchos días de precipitaciones finas y continuadas a lo largo de muchos días nublados en los que bajaron las temperaturas manteniendo los suelos húmedos. Fantástico para los herbazales, pero no tanto para el campo. Como asegura un agricultor de La Atalaya, en Betancuria, con la sabiduría de sus 80 años, “esto antes era un año ruin para la agricultura, pues apenas han corrido los barrancos y bebido bien las gavias para que crezca el trigo”.
Las precipitaciones favorecieron la germinación de herbáceas anuales
Lo confirma el botánico Stephan Scholz: “Ha sido un año bueno comparado con tantos malos anteriores, pero las lluvias han sido irregulares; no han caído por igual en toda la Isla y eso se ha notado en las floraciones”. El reparto es tan desigual que en este invierno tan generoso en Gran Tarajal se han quedado con las ganas, pues apenas han caído 33 litros, frente a los 23 litros que suelen caer otros años y, por ejemplo, los 160 litros recogidos en el Cardón, apenas a 13 kilómetros en línea recta hacia el interior.
La última vez que las laderas de La Lajita se cubrieron como ahora de flores, recuerda Scholz, fue hace diez años, pero en otras zonas más al sur llevan más de 20 años esperando un agua generosa que este año prácticamente ha pasado de largo. “La clave no ha sido la cantidad total de lluvia sino su excepcional distribución en el tiempo, tantos días seguidos”, ratifica el biólogo Juan Miguel Torres. “Mi padre también hubiese dicho que esto no es lluvia”.
Pero está claro que lo ha hecho a tiempo. Llovió a mediados de noviembre, luego en diciembre y prácticamente no paró hasta finales de enero, lo que permitió poner en marcha toda la sorprendente maquinaria de la vida latente, primero verde intenso y apenas un mes después, explosivamente colorida.
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Foto: Adriel Perdomo.
¿Es una tierra fértil y agradecida? La respuesta la da, clara y concisa, quien más sabe sobre suelos en Fuerteventura, el biólogo majorero Juan Miguel Torres: “Al contrario de lo que puede pensar la gente, la tierra de Fuerteventura es poco fértil para su cultivo ya que está seca la mayor parte del año, es salina, pedregosa y pobre en materia orgánica, y además escasa, pues sólo un 12 por ciento de su superficie tiene aptitud para uso agrícola. Pero cuando llueve, como lo ha hecho este año, se suprime una de esas limitaciones que es la falta de agua y se muestra agradecida para las especies silvestres adaptadas a estas condiciones. El crecimiento y la floración de las hierbas este año han puesto de manifiesto que la tierra y la vegetación natural son agradecidas si llueve lo suficiente”.
Las plantas autóctonas activan sus bancos de semillas si se dan las condiciones
Agradecidas e inteligentes son por tanto las plantas autóctonas, evolutivamente adaptadas desde hace millones de años a unas condiciones extremas que las permiten sobrevivir en estado latente, prácticamente secas o blindadas como semillas, esperando diez e incluso veinte años la llegada de unas lluvias que logren el milagro natural de su resurrección. “No es tanto que la tierra sea generosa, sino que las plantas que viven aquí están adaptadas a unas condiciones desérticas extremas capaces de desarrollar su ciclo vital en muy poco tiempo, pues las primaveras son siempre breves e imprevisibles”, explica Stephan Scholz. “Se dan prisa porque saben que van a morir pronto”, resume dramáticamente un vecino de Antigua.
¿Qué flores han crecido? Los expertos advierten: Fuerteventura y Lanzarote se han llenado de grandes praderas floridas, es verdad, pero en realidad han sido un puñado de herbáceas anuales las que han conquistado los pedregales. De las más de 300 especies de terófitos, aquellas plantas que tras la floración se secan y tan solo perduran las semillas enterradas esperando esas lluvias imposibles, las que han teñido de color a las islas orientales son unas pocas decenas. Y lo han hecho por estricto orden de aparición, perfectamente sincronizadas. Y sin mezclarse.
Las primeras en verse fueron las amarillas del Erucastrum canariense, conocido como relinchón canario, ajopé o alcarcán. Muy temprana, suele salir por Navidad. Es una hierba poco apreciada por los pastores porque solía transmitir mal sabor a la leche y el queso, pero bellísima cuando tapiza las laderas. Necesita humedad y suelos profundos, arcillosos, por lo que abunda en el norte y en las montañas del interior.
La segunda en aparecer fue la Matthiola bollena, el mal llamado alhelí canario, violeta de toda la vida para los locales, aunque nada tenga que ver con las olorosas violetas usadas en perfumería. Aparece en suelos más secos y calizos, cercanos a la costa y sin demasiada pendiente.
La tercera en florecer fue una mostaza silvestre, la cucharilla, Carrichtera annua, de característica flor blanca en forma de cruz. Luego empezó a verse Otoglyphis pubescens marrocana, el pajito macho, margarita que ha formado grandes praderas blancoamarillas en zonas como los llanos de Triquivijate o Los Alares. La siguió el amarillo taboire o corazoncillo de Ononis catalinae, una delicada leguminosa de la familia de las habas. Más tarde ha sido el momento de una gramínea, el chivate o Stipellula capensis, que agita sus verdes oliva al viento y semanas después se viste de dorado cual campo de pequeñas cebadas. Y finalmente, la sorpresa: el paisaje se ha teñido con el rojo intenso del cosco (Mesembryanthemum nodiflorum), con cuyas semillas se hacía un pobre gofio que en épocas de hambre salvó muchas vidas.
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Campo florido en el interior de Fuerteventura. Fotos: Carlos de Saá.
¿Dónde estaban estas flores durante tantos años de sequía? Esperando la lluvia. En los desiertos, la vida no desaparece; se repliega. Bajo la superficie aparentemente desnuda del suelo se esconde uno de los mecanismos más fascinantes de la naturaleza, los bancos de semillas. Son reservas invisibles formadas por millones de semillas que se acumulan durante los años favorables y que permanecen latentes, a la espera de que llegue la lluvia suficiente para activar su germinación.
La explosión de color se debe a especies que florecen de forma sincronizada
En ecosistemas áridos, las plantas han desarrollado estrategias extremas para sobrevivir a la incertidumbre climática. Muchas especies producen grandes cantidades de semillas en los pocos años húmedos. Una parte de ellas germina de inmediato, pero otra queda enterrada en el suelo, protegida por su propia dureza y por las condiciones del terreno. Esa reserva funciona como una memoria biológica del paisaje. Cuando vuelve a llover de forma significativa, las semillas perciben la humedad, la temperatura adecuada y, en cuestión de días, emergen como plántulas que cubren el terreno con un manto verde efímero.
Ángel Fernández, exdirector del Parque Nacional de Garajonay, viajó hace unas semanas a Fuerteventura para ver con sus propios ojos este gran espectáculo. “Me he quedado con la boca abierta”, reconoce. “Es increíble la capacidad que tienen algunas semillas para esperar tanto tiempo bajo el calor y la deshidratación, y que en un momento se pongan de acuerdo y sean capaces de germinar todas juntas creando una belleza tan efímera”.
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Imagen de Fuerteventura. Foto: Carlos de Saá
¿Estas lluvias ponen fin a los problemas de la vegetación de Fuerteventura y Lanzarote? Todos los expertos consultados coinciden en que las lluvias de este año son muy importantes, pero no resuelven los problemas de décadas de sequías aceleradas por el cambio climático. Tampoco van a servir para limitar la agresión del ganado suelto a las especies más amenazadas, refugiadas en riscos inaccesibles, pero que en cuanto se extienden un poco fuera de estos reductos son comidas y pisoteadas por las cabras.
Las lluvias no resuelven los problemas de conservación de la flora endémica
Así lo señala Juana María González, profesora titular del Departamento de Botánica de la Universidad de La Laguna: “Con estas floraciones tan espectaculares puede pensar la gente que ya no hay problemas de conservación, que todo se ha recuperado y aquí no ha pasado nada, pero es un error. La flora endémica está muy amenazada. Si los ecosistemas estuviesen bien conservados estaríamos viendo una inmensa diversidad de colores, pero en realidad solo se ven unas pocas especies, las más resistentes a las cabras y a nosotros”.
Para las palmeras tampoco ha sido un año excepcional. A excepción de en el norte, las gavias no han bebido lo suficiente. Han sido lluvias en superficie que no han recargado los acuíferos, a más de 50 metros de profundidad, donde estos árboles extraen la mayor cantidad de agua para sobrevivir. Y además están muy debilitadas por culpa de la plaga de Diocalandra frumenti, el escarabajo de las cuatro manchas, que ya afecta a tres de cada cuatro palmeras de Fuerteventura.
Para quien estas aguas sí han sido un balón más acuático que de oxígeno es para los acebuches. Los escasos ejemplares de olivo silvestre canario (Olea cerasiformis) que sobreviven en la Isla, últimos restos de los viejos bosques majoreros, sufrían lo que los botánicos conocen como “decaimiento”, un proceso de deterioro progresivo y generalizado causado por la interacción de plagas o patógenos con duras sequías y su consecuente estrés hídrico. Tras estas lluvias “están rebrotando”, confirma Stephan Scholz. Ha sido todo un chute de vitalidad a sus cuerpos debilitados. Lo mismo se puede ver en tuneras e incluso en los amenazados cardones de Jandía. Aunque nunca llueve a gusto de todos, en los desiertos canarios cada episodio de lluvia es un regalo para el suelo, para las plantas y para el equilibrio de un ecosistema que depende, como pocos, de la generosidad intermitente del cielo.
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