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Los hombres y mujeres que salvaron el Caletón

La primera gran victoria ecologista de la Isla evitó la venta y urbanización de 180 hectáreas del Malpaís de la Corona. Sus protagonistas reconstruyen aquella batalla librada hace cuatro décadas

Isabel Lusarreta 8 COMENTARIOS 04/10/2025 - 08:33

El 19 de julio de 1987 se vivió “un momento de euforia” en Lanzarote. El Volcán de la Corona y el Malpaís de la Corona fueron declarados Parque Natural, poniendo fin a una batalla que había durado casi una década. Fue la primera gran victoria ecologista en la Isla. La precursora de los movimientos que llegarían después. La que dio aliento para todas las luchas que estaban por venir.

“Éramos unos pipiolos, unos aprendices”, recuerdan las personas que se movilizaron para salvar uno de los parajes más singulares de la isla. Juntos evitaron que el Ayuntamiento de Haría consumara la venta y urbanización de más de 1.800.000 metros cuadrados del Malpaís, en la zona del Caletón Blanco.

Su fuerza radicó en que lograron el apoyo de asociaciones vecinales, colectivos y personalidades de toda la Isla y de toda Canarias, especialmente del mundo de la ciencia; pero el germen, el motor, estuvo en los jóvenes del propio municipio. Miguel Ángel Robayna, Víctor Rijo, Ambrosio Robayna, José Pérez Dorta, Andrés Barreto y Paca Umpiérrez fueron algunos de ellos, y hoy miran con orgullo el Caletón libre de cemento y hoteles.

Cuando todo empezó, la mayoría tenía solo 17 o 18 años. “Éramos unos osados, considerando los poderes que teníamos delante”, afirma Miguel Ángel Robayna. Ni siquiera esperaban ganar la batalla, pero sabían que tenían que librarla: “No era solo la lucha por el territorio, era una lucha por los derechos democráticos. Había que cortar con el franquismo y también con el caciquismo. Ya estaba bien de hacer cosas tan trascendentes para el municipio sin contar con el municipio”.

El inicio

La primera noticia de este proyecto, surgido del interés de una empresa francesa, les llegó a finales de los años 70, a través del Grupo Independiente de Haría, que en ese momento tenía un concejal en la oposición, Agustín García Ramírez: “Nos pasaron esa información y a partir de ahí empezamos a movernos”, recuerdan.

“Aquí no hubo un líder nunca. La gente se fue sumando y todos fuimos presionando y haciendo campaña en la medida de nuestras posibilidades”, subraya Pérez Dorta. Él formaba parte de la asociación de jóvenes de Haría y otros estaban en otros colectivos, pero para algunos era la primera vez. “Yo no estaba en ninguna asociación y me uní a la causa como vecina del pueblo y como ciudadana”, recuerda Paca. “Nos conocíamos del pueblo, pero esto nos fue uniendo”.

El 18 de diciembre de 1982, la amenaza que temían cobró forma. Ese día, a propuesta del entonces alcalde de UCD, Juan Santana, fallecido recientemente, el Pleno aprobó la “enajenación de 180 hectáreas de terreno en la finca del Malpaís y la aprobación del correspondiente pliego de condiciones” para sacarlo a subasta, en una convulsa sesión.

“Alcalde, yo no puedo decir sí al expolio ecológico más espectacular que se pueda producir en Lanzarote. Yo, lo lamento, no puedo aceptar como buena una operación confusa, extraña y sospechosamente acelerada”, afirmó en aquel pleno Agustín García, que fue el único concejal que votó en contra.

Además, lanzó una advertencia al resto de ediles: “A mis colegas sólo les puedo decir que tengan en cuenta que están como yo sentados aquí por expresión de la voluntad popular. Que este pueblo, mayoritariamente, rechaza la cuestión, y que pedirá responsabilidades, si no de presente, sí que en el tiempo. Esto me parece un fraude al municipio de Haría, a Lanzarote y a Canarias en general, al que por supuesto, yo no me presto”.

El concejal también cuestionó las prisas cuando estaban a punto de celebrarse elecciones, y efectivamente con ellas llegó un nuevo grupo de gobierno. El PSOE se hizo con la Alcaldía gracias a los votos del Grupo Independiente de Haría, pero poco después se arrepintió de ese apoyo. El nuevo alcalde, Juan Ramírez, no solo retomó el proyecto, sino que impulsó la concesión del permiso que necesitaban del Gobierno de Canarias.

Agustín García y el otro edil que había obtenido la formación abandonaron el gobierno, acusando al PSOE de traicionar a sus propios votantes y el pacto que habían firmado; pero Ramírez consiguió mantener el bastón de mando y anunció la inminente salida a subasta de esos terrenos.

“Había mucho miedo”

“Estábamos recién salidos del franquismo. Tanto Juan Santana como Juan Ramírez tenían actitudes inerciales del régimen anterior, y había mucho miedo”, apunta Robayna. De hecho, recuerda que en la primera reunión que realizaron en el propio Caletón, acudió la Policía a apuntar sus nombres.

“No solo era la lucha por el territorio, era por los derechos democráticos”

“Tiempo después me enteré de que estaba en la lista negra de la policía”, añade José Pérez Dorta. “Por cosas tan sencillas como hacer recitales poéticos, porque había poesía crítica, te ponían en una lista negra y si pasaba cualquier cosa, eran los primeros en caer. Pero nosotros éramos jóvenes y no éramos conscientes. Creíamos en una cosa e íbamos para adelante”.

Andrés Barreto, que también nació y vivió toda su infancia en Haría, estaba ya entonces al frente del Sindicato Obrero Canario, y el local del SOC pasó a ser el lugar de encuentro de muchas de las reuniones. “Eran abiertas, muy amplias. Había debates tremendos y todo el mundo aportaba”, recuerda.

“El maestro de Mala, Alejandro Perdomo Placeres, fue el que nos detalló la cantidad de endemismos que había en el Malpaís; y Agustín Pallarés nos presentó por primera vez los yacimientos arqueológicos que había en la zona. Era gente especial. Algunos llevaban garrafas a Famara en época de sequía para echarle agüita a los endemismos. Este era el tipo de persona que se acercaba a nosotros”, evoca Miguel Ángel Robayna.

Haciendo memoria entre todos, se les vienen a la cabeza muchos más nombres: “Tomás Armas Sicilia, Ana Gutiérrez, Rosalía Acosta, Milagros López, Cecilia, Javier, Carmelo de San Bartolomé, Candita y Pascual de Tiagua, Miguel Ángel Fernández de Tinajo...”, pero la lista es mucho más larga. Según Barreto, en las reuniones podían congregarse más de 200 personas. Recuerda a médicos, profesores y a otras personas que se implicaron, como Eduardo Barreto o Pedro Hernández, con quien después compartió otras batallas.

Las claves del éxito

Para Andrés Barreto, la clave de aquella victoria estuvo en la implicación de la ciudadanía: “Eso fue lo que nos animó a todos a seguir, porque además no era gente que venía de fuera a decidir sobre qué tenían que hacer o querer los vecinos, sino que fueron los propios vecinos los primeros que nos animaban a continuar”.

“Aquí no hubo un líder. La gente se fue sumando y todos fuimos presionando”

Miguel Ángel Robayna, por su parte, cree que el éxito estuvo en traspasar las fronteras del municipio y en el apoyo que recibieron, sobre todo, del mundo de la ciencia. “Que la universidad se pronunciara casi en peso nos dio mucha autoridad. No éramos cuatro ecologistas locos”, subraya. Los departamentos de Botánica, Ecología, Geología y Zoología de la Universidad de La Laguna apoyaron la causa y emitieron informes y escritos sobre los distintos valores de la zona, desde medioambientales hasta arqueológicos, dando solidez a la protesta.

Mientras en Lanzarote se creaba la Coordinadora en Defensa del Malpaís, desde Tenerife se impulsó el Comité de Solidaridad con el Malpaís, gracias al empuje de alumnos lanzaroteños que estudiaban entonces en la Universidad de La Laguna.

“Fue una labor lenta, como la carcoma, de meternos en las ponencias, en las jornadas de historia, en las de cultura, en los institutos, en la sociedad civil, en todos los ámbitos. Y cada pasito que dábamos nos fue construyendo el ánimo”, destaca Robayna. Andrés Barreto coincide, pero lo expresa con otras palabras: “Estábamos continuamente dando el coñazo, como pasó después con el Foro por Lanzarote o con Alternativa Ciudadana. No parábamos”.

Esa labor en todos los frentes incluyó también atraer a César Manrique. “Al principio él estaba a favor, porque decía que iban a hacer algo bonito”, afirma Pérez Dorta. Sin embargo, dos encuentros bastaron para obrar el cambio. Según Robayna, fue gracias a Tomás Armas Sicilia: “Manrique había ido un domingo a buscarnos a la plaza de Haría y él le leyó la cartilla, diciéndole que se dejara de tonterías y que se pronunciara en contra. Le explicó que era un disparate, que iban a vender aquello por 500 millones de pesetas y que solo la piedra que iban a extraer valía más”. Después, en una segunda reunión, lograron convencerle y convertirlo en uno de los abanderados de la causa.

Vecinal y eclesiástico

Tanto Juan Santana como Juan Ramírez defendían que el pueblo quería el proyecto, que iba a dar trabajo y que iba a evitar la despoblación del municipio. Incluso prometían que la potabilizadora que se pretendía levantar en la urbanización daría “agua gratis al pueblo de Órzola” y que la empresa “regalaría” aguas residuales a los agricultores. “Será una urbanización sin igual en Lanzarote” y “los pocos hoteles que se edifiquen tendrán una capacidad de pocas camas”, defendía un boletín elaborado por el Ayuntamiento.

En la primera reunión en el Caletón, la Policía acudió a anotar sus nombres

Sin embargo, pese a las promesas, los hombres y mujeres que encabezaron las protestas creen que nunca existió ese apoyo popular. “Los que defendían el proyecto eran muy localizados”, sostiene Barreto, que lo circunscribe sobre todo a la “pequeña burguesía dominante” del pueblo. “Era una necesidad inventada y Juan Ramírez lo sabía. Nunca vi vecinos con pancartas diciendo queremos el proyecto, ni los vi sacar ningún manifiesto en contra de esas movilizaciones”.

Lo que sí hubo fue concejales del Ayuntamiento retirando carteles que anunciaban las manifestaciones, según reflejan los documentos de la época. Fue el Claustro de Profesores del Instituto Blas Cabrera, que ya se había pronunciado rechazando la venta del Malpaís, quien denunció que en el Instituto de Haría se había producido una “violación al derecho de libertad de expresión”. Sostenían que un profesor, que a su vez era concejal del gobierno norteño, había “arrancado” del tablón de anuncios un cartel anunciador de una concentración, “acompañando la acción con palabras malsonantes, con claro abuso de atribuciones que no le correspondían”.

Robayna coincide en que la mayoría de los vecinos no se dejaron convencer por las promesas del supuesto “progreso”, y recuerda que ya entonces empezaba a conocerse la precariedad laboral que traía aparejada el turismo. En uno de sus escritos, hace ya 40 años, desde la Coordinadora advertían que “acentuar la dependencia del sector turístico” y “llevar a la Isla a un modelo de monocultivo sería catastrófico para nuestra Isla y, en todo caso, condenaría a los conejeros a ser los limpiabotas y camareros de los turistas”.

El mayor problema, según afirman, no fue desmontar los argumentos del alcalde, sino enfrentarse a la Iglesia: “Había vecinos que sí estaban a favor porque el cura se había posicionado”. Sin embargo, en esa batalla paralela jugaron un papel esencial los Cristianos de Base en Haría -más cercanos a la Teoría de la Liberación y al mensaje obrero del obispo Pildain-, que apoyaron la defensa del Malpaís. “Aquello fue maravilloso, porque fortaleció al movimiento”, subrayan, destacando el papel de Eduardo Barreto y su mujer.

Ilustración contra la venta del Malpaís

Momentos cumbre

Precisamente uno de los momentos más simbólicos se produjo durante un pregón de las fiestas de San Juan. “El alcalde se trajo a Enrique Dorta, que fue el cura potente de Haría, y en lugar de un pregón dio un discurso en defensa del proyecto los Caletones”, recuerda Andrés Barreto. Pero por primera vez, el párroco encontró respuesta: “Ahí estábamos nosotros y le abucheamos, cosa que no gustó ni siquiera a una parte del pueblo; pero lo importante fue que la mayoría de la gente que estaba allí protestando eran vecinos de Haría, vecinos del municipio”.

“Que la universidad se pronunciara casi en peso nos dio mucha autoridad”

Fueron tiempos de muchas manifestaciones y protestas, pero para Robayna, la definitiva fue la que se produjo a finales de 1984, durante una visita del entonces presidente del Gobierno de Canarias, el socialista Jerónimo Saavedra: “Cuando llegó, el pueblo estaba ahí presente, con los diferentes colectivos de la Isla. Y también le estaba esperando en la plaza todo el instituto, con alumnos y profesores con una pancarta pidiendo que no se vendiera el Malpaís de la Corona”.

Los protagonistas de aquella batalla no saben bien en qué momento o por qué renunció Juan Ramírez a sus intenciones, pero la subasta que llevaba anunciando desde finales de 1983, nunca llegó a convocarse. No tienen claro si fue “la presión” que recibió desde tantos frentes, si su propio partido le hizo renunciar, o si más bien fueron los socios del PSOE en Canarias los que presionaron, porque Jerónimo Saavedra gobernaba con Asamblea Majorera y con el Partido Comunista, que se habían manifestado abiertamente en contra de esta venta.

Portada del manifiesto difundido por la Coordinadora en Denfesa del Malpaís.

La victoria

Ramírez siguió asegurando que tenía la autorización del Gobierno canario, pero éste debía elaborar unas normas subsidiarias del planeamiento para dar cabida al proyecto, y se fueron retrasando. El tema llegó al Parlamento de Canarias, con una moción en contra de la venta presentada por grupos de izquierdas, que contó con el apoyo de Alianza Popular y del CDS y con la abstención del PSOE.

En ese momento se tramitaba un controvertido Plan Especial de Protección y Catalogación de Espacios Naturales de Lanzarote, que incluía el Malpaís de la Corona, pero que dejaba fuera la zona que se pretendía vender y urbanizar. Nunca llegó a aprobarse.

Finalmente, en 1987, la Coordinadora en Defensa del Malpaís consiguió su objetivo. La Ley de Declaración de Espacios Naturales de Canarias reconoció como Parque Natural todo el Malpaís de la Corona y años más tarde, en 1994, fue elevado a la categoría de Monumento Natural, que es la que sigue ostentando hoy.

Para Miguel Ángel Robayna, que después se ha involucrado en muchas otras batallas en Canarias, incluyendo la de Veneguera, aquella fue no solo la primera, sino también la mayor victoria ecologista en la Isla: “No solamente era el Caletón Blanco, querían trocear todo el Malpaís de la corona para seguir vendiéndolo. Era el inicio de todo un proceso más amplio para meterle cemento y alquitrán a más de la mitad de la isla, y creo que este movimiento fue el inicio de cosas importantes”.

También Barreto coincide en el impulso que “Salvar el Malpaís” le dio al movimiento ecologista en la isla, que vio nacer El Guincho en ese mismo año de la victoria. “Pensábamos que nos iban a dar cogotazos por todos lados, pero no fue así. No nos llamaron extranjeros en nuestro pueblo, y eso fue maravilloso”.

José Pérez Dorta coincide en la misma idea: “Haría fue un ejemplo de cómo el propio pueblo se plantó y dijo: nosotros no queremos desarrollismo. No queremos entrar en eso”. Paca Umpiérrez, una de las muchas mujeres que también participaron en esa lucha, resume su sentir: “Como vecina del municipio, para mí fue un orgullo ganar esa batalla”.

Una de las ilustraciones de hace cuatro décadas contra la explotación turística del Malpaís.

Poesía contra la especulación

La movilización histórica que logró el movimiento para salvar el Malpaís de la Corona unió a personas de todos los perfiles, desde vecinos de a pie hasta científicos, y tampoco faltaron los poetas, que lucharon con versos. El propio José Pérez Dorta, que estaba en una asociación de jóvenes poetas del municipio, aún guarda el ‘Lamento’ que escribió entonces, temiendo por el futuro de “la blanca arena”, las “conchas marinas”, “las caracolas de siglos” y el “sabor a identidad” del Caletón. Algunos, se imprimieron y se repartieron por las calles del municipio de Haría, como el ‘Poema al Malpaís de la Corona’. Como firmante aparecía ‘La voz del pueblo’, por lo que se desconoce la autoría, pero terminaba así:

-Ay Caletón de mi alma /que pena me quedas ya /que te venden a extranjeros /y no te sabes quejar.

-Es una de las bellezas /que en esta Isla formó /los volcanes con sus lavas /y su fuego abrasador.

-Si vendemos nuestra historia /qué podemos esperar /que nuestros hijos nos digan /sois cobardes de verdad.

“Es el relato que no debemos perder”

Tiempo antes de fallecer, Agustín García Ramírez visitó la oficina de la Reserva de la Biosfera. Quería ver a su responsable, Ana Carrasco, para entregarle un dossier. “Aquí está la historia de cómo protegimos el Volcán y el Malpaís de la Corona”, le dijo. Ella aún lo conserva como un valioso legado: “Es una historia preciosa. Ha habido batallas sociales muy importantes que se han ganado, y ese es el relato que no podemos perder”. En la década de los 70, cuando se inició la lucha por el Caletón, Miguel Ángel Robayna recuerda que también planeaban “meter 20.000 camas en la isla de La Graciosa, otro tanto querían hacer en la isla de Lobos, un túnel hasta debajo del Risco de Famara y varios disparates más”, que finalmente no prosperaron.

“Ha habido varios momentos de victoria de reivindicaciones sobre la defensa del territorio y son momentos que ayudan a seguir en la lucha”, añade Miguel Ángel Fernández, que fue concejal en Tinajo y lleva toda su vida en movimientos vecinales y asociativos. Cuando aún se libraba la batalla del Malpaís comenzó la de “Salvar Papagayo”, y después vinieron muchas otras, con movimientos ya organizados como El Guincho o más tarde Foro de Lanzarote.

Entre las que se perdieron, hay una que les pesa especialmente. “Tenemos la frustración de Berrugo”, apunta Andrés Barreto. Fue una movilización histórica, pero no lograron frenar la construcción de ese puerto. La diferencia, en su opinión, fue que “en Haría había muchos intereses, pero no se atrevieron a forzar nada”, mientras que en Berrugo “hubo actuaciones inmediatas de los especuladores”, que “metieron las máquinas” cuando no tenían  ni los permisos. “Ahí no era un alcalde, ahí estaba metido todo el poder”, afirma. El abogado de los promotores y a su vez del Ayuntamiento de Yaiza, era el mismo que había asesorado al alcalde de Haría con el Malpaís: Felipe Fernández Camero.

“Se han salvado cosas, pero estamos en una situación aberrante desde el punto de vista medioambiental y poblacional”, lamenta Miguel Ángel Fernández. Sin embargo, cada vez más veteranos ecologistas defienden la necesidad de recuperar también el relato de las victorias, que fueron las que les animaron a seguir en la lucha. El propio Fernández, de hecho, reconoce lo que supusieron victorias como la del Malpaís: “Imagínate esa zona urbanizada. Sería otra isla, sería algo caótico”.

Comentarios

Pues bien hablan de Santana ahora.... Políticos conejeros... los que han vendido TODO y luego se quejan de los de fuera...
Que interesante conocer esta historia de la que muchos no teníamos idea, gracias a quienes lucharon por esa causa.
Enhorabuena al personal por este reconocimiento público mas que merecido,, en esa época anteriores y posteriores avía en esta isla unas personas, con Conocimiento / Valores/ Virtudes / y Virtudes , muy criticados y hasta podemos decir que casi se burlaban de ellos por algunos o alguno medio de comunicación, recuerdo la acampada en la Calle Real de otros compañeros y lo que se dacia , pero por desgracia esta valentía se perdió , y hoy podemos ver las manifestaciones y la cantidad de apoyo del pueblo y que ? Nada cada uno para su casa y de camino unos cervezas y adiós, cuando éramos la envidia de Canarias y miedo nos tenían , creo que ahora somos como unos panfletos que anuncian un baile y cuando se termina recogemos y los panfletos los podemos tirar o reciclar, si en esa época está gente y otros hubiera tenido el apoyo de 30/40. 000, personas les entraría Chorrillo a mas de uno y no cagaba duro en un para de meces , jaja
Muchos de los que critican al movimiento ecologista, ante artículos como éstos, se esconden como ratas, que es lo que son.
Acciones como la que realizaron estas personas y artículos como el presente son siempre necesarias para intentar retrasar el desastre que se nos avecina.
Gracias, muchas gracias por existir, por luchar por defender el espacio natural, la vida, por el bienestar de los que habitamos y habitarán Lanzarote. Su historia y de los que tanto han luchado por vivir en paz y sin intereses especulativos tendrían que tener cara y ser conocidos para poder contribuir al conocimiento de lo que significa la lucha y la defensa del medio donde habitamos.
Esto es lo que hay que publicar, en los medios y TV Nada es gratis.el pueblo unido jamás será vencido Pero para la mayoría solo las perras .y venden .a su madres x los cuartos .yas ricos todavía.
Vaya, no sabía que también tenían estos proyectos absurdos en Haría. Siendo sinceros, hay que decir que la crisis financiera acabó con todos estos proyectos en Famara y La Graciosa, y el verdadero milagro fue que lograron instalar el Parque Natural justo después. Que pena que ahora no lograron acabar con La Cuna del Alma y este circuito de motos en Tenerife y el macroprojecto en Fuerteventura....

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