
EL PASEO
Por Saúl García
Con el proyecto de embellecimiento de los accesos al aeropuerto, si parece un despropósito en el plano, que lo aguanta todo, será un milagro que vaya mejorando en su ejecución
Lo más habitual es que los proyectos parezcan atractivos en la infografía y, después, en su ejecución, llegue la decepción: que el traslado de la pantalla al terreno sea penoso y no se parezca lo diseñado con lo ejecutado.
Con el proyecto de embellecimiento de los accesos al aeropuerto va a ser difícil que se dé este fenómeno, porque la infografía ya despierta pocas expectativas. Si parece un despropósito en el plano, que lo aguanta todo, será un milagro que vaya mejorando en su ejecución.
Quizá uno de los grandes problemas del proyecto sea su denominación: “de embellecimiento”. Si se hubieran limitado a venderlo como un proyecto de ingeniería, que es lo que es, destinado al drenaje de las aguas y a evitar el aparcamiento en los márgenes, el problema sería otro. Pero es que han llegado a decir, en serio, que han diseñado “una intervención que une la seguridad vial con el arte”.
Por un lado, dicen que eligen el acero corten por su “durabilidad y escaso mantenimiento” y, por otro, que van a plantar “miles de ejemplares de especies vegetales autóctonas”, que a lo mejor sí que necesitan un poco de cuidado, de vez en cuando.
Del acero corten, dice el consejero Jacobo Medina que es un material vinculado a las obras de César Manrique y que hay acero corten, “sin ir más lejos en el puente que nos lleva a la isla de La Fermina o el puente que nos lleva hacia el norte, en Mala”. Puede que no recuerde el consejero la cantidad de críticas negativas que tuvieron, precisamente, esos dos puentes.
“Queremos que el visitante y el residente, nada más aterrizar, sienta que ha llegado a un lugar especial y cuidado”, dijo el presidente. Pues no es por nada, pero el puente de la intervención, o ha cambiado mucho o parece el de acceso al aeropuerto, no el de la salida.













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