18
Nov
2019
Saúl García

Durante el año pasado, en Lanzarote, uno de cada cuatro días se superaron los niveles de ozono malo en la estación medidora de Las Caletas, donde se ubica la central eléctrica de Punta Grande, de Unelco Endesa. Un estudio de Ecologistas en Acción destaca que Lanzarote respira un aire perjudicial para la salud, según las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud.

La contaminación provoca cardiopatías, ictus, infecciones en vías respiratorias y cáncer. Una parte de ese aire nocivo se provoca de forma natural, por la calima, pero otra parte la provocan los vehículos diésel, las centrales de generación eléctrica y los barcos. Estos focos, de hecho, generan partículas ultrafinas y hollín, que ni siquiera se miden en las estaciones de vigilancia ambiental que hay en la Isla.

Además, las emisiones de CO2 a la atmósfera en Lanzarote se han triplicado en los últimos 25 años. A esto hay que sumar que la central supera el límite de emisiones permitido, que es de hasta 45 decibelios por la noche.

El núcleo de Las Caletas existía antes que la central. Los vecinos vieron cómo crecía Punta Grande y cómo aumentaban los ruidos y la contaminación. Crearon la asociación Las Caletas para la Defensa del Medio Ambiente y pusieron varias denuncias. Como ocurre tantas veces, les han dado la razón pero no les sirve de nada.

En el año 2006 pedían el cierre inmediato. La Fiscalía también instaba al cierre de la central ante la acción “altamente contaminante” de las instalaciones. Mucho antes, en 1991, el Plan Insular, aún vigente y el Plan territorial de infraestructuras energéticas, que nunca entró en vigor, ya planteaban la necesidad de trasladarla.

El Tribunal Supremo anuló la autorización ambiental que había concedido el Gobierno de Canarias a la central eléctrica en el año 2008. Casi diez años después, el Tribunal Superior de Justicia de Canarias confirmaba la ilegalidad de la licencia que otorgó el Ayuntamiento de Arrecife para ampliar la central, con tres grupos diésel de 18.000 kilovatios cada uno, porque no es compatible con el Plan General.

A pesar de los estudios, las quejas, las sentencias y otras iniciativas, como una moción de Somos el año pasado que pedía al Ayuntamiento que iniciara los trámites para el traslado, la central sigue ahí. De momento es tan necesario reducir su dependencia, con energías renovables, como es imprescindible su presencia para garantizar la demanda eléctrica.

Lo que no es inevitable es su ubicación ni su sistema. Hay tecnologías que contaminan menos, y además podría convertirse al gas. Todas son soluciones costosas (para la empresa) y no son sencillas. Para trasladarla hace falta tiempo, voluntad, previsión, planificación, negociación, presión...

Es un problema grave que ni siquiera está en la agenda política ni en el debate público. Cuando se habla de mitigar el cambio climático se habla de esto. Cuando se declara la emergencia climática se está hablando de esto. Cuando se habla de la Reserva de la Biosfera, nos estamos refiriendo a esto. Cuando hablamos de planificación e interés general, también.

Lo malo es que el problema no se va a solucionar por hablar de él, sino que hay que ponerse manos a la obra para encaminar una solución que tiene un horizonte temporal que excede al que hay entre unas elecciones y las siguientes. Mal asunto.

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