Nieves Rodríguez Rivera

Las Meleguinas

Hace veinte años viví en una casa de alquiler en la carretera de Las Meleguinas. Desde la azotea podía contemplar la monumental mansión de Eufemiano Fuentes. Por aquel entonces, nada sabía de lo que había sucedido en aquella casa. Cuando comencé a preguntar, percibía en la gente un leve temor, una sospecha, una sombra que me llevó a indagar más en aquel suceso ocurrido hace ya cincuenta años: el secuestro del famoso industrial y empresario Eufemiano Fuentes y la inculpación de la familia de Ángel Cabrera, el Rubio.

Aquella historia me atrapó durante muchos años. Cuanto más leía e indagaba, más oscura y enrevesada me parecía aquella trama. Acudía a los periódicos de la época y me entrevisté con periodistas, antiguos miembros del MPAIAC y familiares. Todo ello con el fin de intentar averiguar qué ocurrió realmente en aquella mansión.

En el sumario, del que se conserva una copia en el Archivo Histórico de Las Palmas, pude descubrir algunas revelaciones importantes y constatar los múltiples errores procedimentales, así como las irregularidades de aquel proceso judicial.

Todo aquello me pareció una materia novelable, no solo por su interés social, sino porque la historia del secuestro de Eufemiano Fuentes y el Rubio no era un caso cerrado, como algunos pretenden.

Los abogados de la familia del Rubio, entre ellos Fernando Sagaseta y el Látigo Negro, habían denunciado que fue todo un montaje,  no solo la fase de instrucción y el juicio, si no también las muchas irregularidades de un sumario del que faltaban, curiosamente, algunas páginas.

El secuestro, o autosecuestro, como lo denominaban muchos, fue el caso más mediático de  Canarias. Puso de manifiesto las conexiones entre el poder político y el poder judicial, pues era bien conocida la amistad que unía al empresario con el dictador, el Generalísimo Franco. De hecho, su hija veraneaba muchas veces en la mansión de Eufemiano. Todo aquello lo trasladé a una novela que espero vea la luz algún día.

Hace unos días he sabido que, en el Festival de Cine de Gáldar, el Festivalito, se ha proyectado un cortometraje dirigido por el abogado Gustavo Socorro, quien desde el principio apoyó la teoría del secuestro. El cortometraje ha sido financiado por Miguel Ángel Ramírez, presidente de la Unión Deportiva Las Palmas.

La realización de este documental, destinado, según sus realizadores, a promocionar la arquitectura de la casa, no es solo un desatino, sino un insulto a todas las víctimas de este personaje oscuro de la historia de Canarias. Que el presidente de la UD Las Palmas compre la casa de un fascista entra dentro de la trayectoria empresarial del propio Ramírez, pero que el Cabildo, junto con su tesorero, el exalcalde de Gáldar Teodoro Sosa, permita la exhibición de un documental que blanquea o distorsiona la realidad no solo es intolerable, sino también antidemocrático.

Este vergonzoso documental también desprecia la ley de memoria histórica, que reconoce a las víctimas del franquismo y de nuestra historia reciente, víctimas que todavía esperan ser rescatadas del olvido, que permanecen en la sima de Jinámar o  en el fondo del mar, donde fueron arrojadas en sacas.

Las Meleguinas, un lugar que permanece, ha sido realizado expresamente para blanquear la historia negra de Canarias, dando importancia al palacete, a la forma no al fondo. Lo ocurrido en aquella casa, cuyo propietario era un fascista perteneciente a las Brigadas del Amanecer, de cuyos abusos y desmanes existen múltiples testimonios, no es un gesto inocente.

Esta ola de fascismo y de resignificación de figuras del pasado avanza lentamente y amenaza con ahogarnos a todos  si no lo impedimos. La historia de los vencidos en Canarias sí que permanece. Está por escribirse. Tergiversar y blanquear lo ocurrido no impedirá que un día la verdad salga a la luz.

 

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