Mariem Díaz Fadel

De Remedios a Dolores. Vaya aquí una reflexión para algunos papanatas

El calendario de fiestas en Lanzarote va por barrios, pagos, pueblos, municipios o por la propia isla.  Tienen en común su carácter religioso, con alguna excepción, y la dimensión cultural que adquieren este tipo de manifestaciones es común a todas las fiestas, incluso, casi lo único, porque la parte religiosa queda reservada a una minoría. No hay  más que ver el derroche de recursos para  los actos de San Ginés y la participación que concitan, en contraposición al escaso predicamento que tiene el santo al que siguen en procesión un centenar -siendo muy generosos- de fieles.

El Cabildo de Lanzarote, léase el gabinete de prensa o algún trabajador o consejero imaginativo, ha estimado que los dolores de todo orden hay que sufrirlos con fundamento. Si hubieran anunciado algo como "A Los Dolores, con fundamento", habríamos sabido que hablan de una advertencia a la prudencia a los fieles y simpatizantes que asistan a las actividades en honor a la Virgen de Los Dolores, que se celebra en el santuario del mismo nombre, esto es, de Los Dolores. No es, por tanto, la fiesta de Dolores en la iglesia de Dolores. Puedo interpretar que un eslogan creado para la juventud puede ser “P’a Dolores con fundamento” y que hasta ahí llegue la gracia, pero lo que no la tiene tanta es que se haya acuñado la novedad de Romería, Virgen o Fiesta de Dolores como la nueva forma de nombrarlas, como si estuvieran hablando de la prima Lola que organiza un asadero.

Oswaldo Betancort y algunos consejeros nacionalistas, o van de finolis, o creen que por designar las cosas de otra forma, es esa la manera de olvidar que hubo otros antes que ellos que ya organizaban este tipo de actividades. Si a Oswaldo Betancort le preocupara la “unidad, el respeto y el orgullo por nuestras tradiciones” y que “acudir a la romería  es honrar a nuestra patrona y a nuestra identidad insular”, con su nueva denominación ni se honra la identidad ni se transmite con fundamento. Debería empezar despidiendo al gabinete de prensa y contratando a profesionales -ahora sí- con fundamento. Se habría abstenido -de importarle algo las manifestaciones culturales- de renombrar la festividad, la romería y el santuario como “de Dolores” en lugar del término correcto que es “de Los Dolores”. Se han comido el artículo, fruto de una corriente que hace suya cualquiera y que tiene la capacidad de crear tendencia porque cuentan con cierta proyección desde los medios  y a los que llegan desde su posición en los ayuntamientos y Cabildos.

Se empezó esta tendencia omitiendo el artículo de la de dominación de La Casa Real y generalizaron de aquella manera la fórmula: “Casa Real ha comunicado...” Hay que decir que en la regulación de la institución en ningún lugar aparece sin el artículo, por lo que deducimos que es más una impostura o una pose de los comunicadores que una recomendación de la RAE. Por tanto, hay que nombrarla como “La Casa”, pues, aquí, el artículo indica que se trata de una institución específica. Sólo la web utiliza la fórmula sin artículo, www.casareal.es.

En las fechas en las que estamos, toca Los Remedios, pues siempre se dijo popularmente  que en Lanzarote eran “los remedios antes que los dolores”. También les ha dado con referirse a esta celebración como la fiesta de Remedios, en la plaza de Remedios donde se ubica la iglesia de Remedios. Se suma a esta tontería el Ayuntamiento de Yaiza donde parece que se quiere imponer la nueva denominación, a la que los medios se adhieren sin la más mínima reserva, aunque suponga una patada al diccionario y una degradación a lo que significa la Virgen para sus fieles.  Al gabinete de  prensa de Yaiza, que debe ser de  la misma escuela que el del Cabildo hay que informarle que Remedios, sin artículo, hace referencia  a los auxilios que se invocan a la Virgen en momentos de necesidad. Es, por tanto, Virgen de Los Remedios, incluyendo en el nombre completo el artículo “los” para  enfatizar la pluralidad  de los remedios que se le atribuyen a la Virgen. La fiesta de Remedios sería, en todo caso,  un guateque que hace una amiga, algo así como la fiesta de Blas.

Lo siguiente será que en la crónica periodística nos informen de que Ayuntamiento de Yaiza,  Casa Ducal de Medinaceli, o Fundación March anuncien no sé qué. Así, sin el preceptivo artículo, que no se basa en una justificación en la economía del lenguaje, sino en alguna tontuna poco ilustrada.

Ya verán que, de no cesar la tendencia, acabaremos celebrando las fiestas de Caridad, de Pino, de Socorro, de Milagrosa, o de Merced. O que acaben con lo de  iglesia de Peña, fiestas de Pilar o romería de Magdalena. O ya puestos, con la fiesta de Nieves en  la ermita de Nieves, que es como mencionar a la dueña de la tienda del barrio.

Las cosas por su nombre, por mera corrección gramatical. Los Dolores, Los Remedios, Las Nieves, La Peña y La Caridad. Es caridad lo que hay que tener con algunos de estos pobres. Frívolos y torpes.

Comentarios

Buah! Qué artículo... Tiene tal ritmo y verdad que me ha dejado con ganas de bailar. Enhorabuena!
Otra manía reciente, de esas que se contagian como los refranes mal aprendidos, es decir “Península” a secas. Toda la vida en Canarias se ha dicho “la Península”, con el artículo bien puesto. Ahora, sin embargo, parece que quitar el artículo da un aire de modernidad, como si aligerara el equipaje de quien viaja. El problema es que península es un sustantivo común, y los sustantivos comunes piden determinante para ser concretos. Decir “voy a Península” chirría tanto como “voy a montaña” o “me quedo en ciudad”. El artículo definido no es un capricho; es lo que convierte lo genérico en lo compartido. En este caso, lo que hace que sepamos todos de qué hablamos: de la Península Ibérica. Lo que hay detrás no es economía del lenguaje, sino una impostura lingüística que suena más a pose de gabinete de prensa que a habla natural. Y en esa pose se degrada lo que nombramos. Primero fueron Los Dolores, luego Los Remedios, ahora la Península… y así, paso a paso, se va perdiendo la precisión y la tradición. Vaya manga de indocumentados modernos de mierda. Si seguimos la moda, pronto diremos que vivimos en “Isla”, que trabajamos en “Ciudad” y que subimos a “Monte”. Una simplificación que, más que modernidad, suena a descuido. Porque las cosas tienen nombre, con sus artículos, y quitárselos no es modernizar: es empobrecer.

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