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Una choza hecha del mar y para la mar

La edificación de la Playa del Seifío que Costas quiere derribar la construyeron el abuelo de Emiliano Ventura y sus hermanos para ir a pescar

Saúl García 0 COMENTARIOS 22/10/2026 - 06:52

Emiliano no conoció a su abuelo ni a los hermanos de su abuelo. No recuerda su nombre, o no está seguro, pero sí sabe que fue un hombre del campo, como todos, o casi todos, en aquella época en el norte de Lanzarote. También estuvo en Cuba, como tantos, y volvió a la Isla.

Cuando no llegaba con el campo había que arrimarse a la marea. El abuelo de Emiliano y sus hermanos levantaron cinco chozas en la costa de Mala, en la Playa del Seifío, un lugar que adopta el nombre de un pez, el seifío o mojarra, parecido al sargo, pero que en la historia de la familia de Emiliano está asociado a otro pez más grande, el escolar.

Al escolar le gustan las profundidades, y a unos metros de esa costa, en esa playa, “hay una baja que es honda que da miedo”, dice Emiliano. El escolar se parece a un tiburón pequeño o a un atún, aunque es de una especie distinta. En otras latitudes lo llaman pez petróleo, atún negro o pez mantequilla. Emiliano lo describe así: “Es un pescado negro que tiene más grasa que un tocino”. También explica que se pesca a liña y que, en lugar de tener escamas, tiene una espina central y hay que sacarle la grasa. “Es el cochino de la mar”, resume.

Pues ese pez, principalmente, aunque no solo ese pez, fue el que atrajo al abuelo y a sus hermanos a pescar en este tramo de costa, en un litoral donde apenas hay nada más que arena y rocas y donde el mar bate sin pausa. Allí se fabricaron cinco chozas para guardar los barquitos, y otros vecinos de Mala o de Guatiza fabricaron alguna más, hasta una docena. Todas junto a la costa y muy precarias. Todas para pescar.

La madre de Emiliano, que tenía nueve hermanos y hoy tendría más de noventa años, la hija del pescador del que Emiliano no recuerda el nombre porque no lo conoció, ya iba de niña a esa choza a pescar, o más bien a jugar. Muchos años después, en ese mismo lugar aprendió Emiliano a bucear cuando empezó a frecuentar el lugar, con 17 o 18 años.

Las chozas estaban derruidas o casi derruidas, y él las volvió a levantar después de pedir permiso a sus tíos, los primos de su madre, Justino y Narciso. “Hablé con ellos y me dijeron que sí, que ya eran mayores, que se iban a morir y que no querían eso para nada”, recuerda.

Con los años las ha ido acondicionando con los jallos que ha ido dejando la marea. “Todo lo que ves aquí -indica alrededor de la casa- ha aparecido del mar”. Hay boyas por todos lados, maromas, una tela en el techo que también trajo la marea, chapa, madera y roca, una bobina gigante de cable a modo de mesa...

La choza tiene una cocina, pero en realidad es todo pérgola. Tiene una mesa, un horno hecho con piedras y burgaos que lo hizo porque estaba harto de que todo el mundo se acercara hasta allí a hacer asaderos y lo dejara todo hecho un asco, un dormitorio, o algo similar, con unos colchones, con el techo de madera, “con jale” y con chapa. 

Dice que tuvo que quitar escombros porque por allí pasaba todo el mundo y dejaba la basura. Y ahora sigue yendo gente cuando no está él. También asegura que le han pegado fuego varias veces y que antes la dejaba abierta y la gente lo quemaba todo, pero que ahora cierra con un candado. Dice que no le importa que vaya la gente, que eso es de todos, pero “que lo dejen limpio, que la gente sea consciente y que lo mantenga”.

Derribo

El caso es que desde hace tiempo pesa sobre la casita una orden de derribo. Cuenta Emiliano, que ahora tiene 66 años, que él conocía al director de Costas. Emiliano conoce a mucha gente. Ha trabajado toda la vida en la hostelería, desde que entró en el bar La Peña, en la Calle Real, frente a la farmacia de Tenorio, con 12 años, hasta el Barracuda o un chiringuito en Playa Chica. Pues bien, un día le dijo que le iban a tirar la choza y él le contestó: “¿Y qué quieres hacer aquí ahora, una avenida?”.

“Si esto no me da vida por lo menos no me mata”, dice Emiliano sobre la choza

En julio de 2008, la Dirección General de Sostenibilidad de la Costa y el Mar publicó la resolución del expediente de recuperación del dominio público marítimo terrestre respecto a la casa de Emiliano Ventura, que se comunicó al afectado. En esos años se resolvieron muchos expedientes similares. Propietarios de casas de este tipo repartidas en las costas de Lanzarote y Fuerteventura demolieron sus casas en aquel momento apremiados por la creencia de que si lo hacían voluntariamente se iban a librar de una multa.

Los que no lo hicieron han seguido disfrutando de sus casas y algunos han logrado recientemente suspender de nuevo el derribo. Emiliano decidió seguir para adelante. De todas las chozas que había quedan dos, que en el fondo es una sola, pero se identifican como la 6 y la 7a.

El deslinde de esta zona, la de Punta Pasito a Charco del Palo, se hizo en 1986. La choza de Emiliano tiene 21 metros cuadrados. Emiliano presentó un recurso de alzada que no fue admitido y posteriormente se dictó una ejecución forzosa. Entre 2009 y 2022 no hay noticias del expediente, pero ese mismo año se reactiva y vuelve a presentar alegaciones. Un Juzgado de lo contencioso denegó a Costas la autorización judicial para entrar que había pedido la Abogacía del Estado, señalando que la ejecución quedaba supeditada a un acuerdo de ejecución subsidiaria, en la que los gastos del derribo corran a cuenta del titular de la casa.

Tres

Mientras que Emiliano alega que la choza tiene un interés público e histórico, Costas no admite estos argumentos y no ve el interés público, cuyas razones deben ser consensuadas por las tres administraciones: estatal, autonómica y local. La primera de ellas considera que no concurren esas razones así como que Emiiano no posee un título legítimo de propiedad ni tiene derecho a indemnización en caso de derribo.

“El escolar es un pescado negro que tiene más grasa que un tocino”, señala

El mes pasado, en un caso parecido, la Audiencia Nacional decidía suspender la demolición de una casa en Las Escamas, una de las que se ven desde la carretera en el tramo entre Jameos del Agua y Órzola. El auto de la Audiencia dice que no se produce perjuicio alguno para la legalidad urbanística o costera si se suspende temporalmente la ejecución de la demolición.

También se ha paralizado en Fuerteventura el de Cueva de la Negra, en Pájara, hasta que que se estudien sus valores patrimoniales. En ese caso solo está suspendido el derribo, pero la familia propietaria pide que se amplíen las medidas cautelares a otros supuestos como el desalojo o el tapiado de la vivienda. En el caso de la choza de Emiliano, una concentración vecinal de apoyo salvó el 28 de agosto la edificación de la piqueta, pero la amenaza sigue en pie.

Vida

Emiliano cuenta que ahora vive en un contenedor en Guatiza porque en su proceso de divorcio la casa donde vivía era un bien ganancial, así que se vendió y se tuvo que marchar. También tiene problemas de salud, en el pulmón, en la movilidad de un brazo y de una pierna. Lo han operado y  tiene que llevar una muleta. Por eso mismo ya no conduce y a la choza lo tiene que llevar su sobrina o algún amigo. En verano se acerca casi todos los días y en invierno, algo menos, varias veces a la semana. “Vengo ahora que hay mucho calor en el pueblo, de lunes a domingo, durante todos los meses de verano”, apunta. “Si esto no me da vida por lo menos no me mata”, dice sobre la choza.

Se queja de que ahora se necesita permiso para todo: para pescar, para mariscar... y también se queja de que hay muchas otras edificaciones en la costa, como en el bañadero de Guatiza, o el Hotel Papagayo Arena o el Hotel Fariones, pero que esos sí que pueden estar en la costa. Además se queja de que se protege la costa, pero toda la porquería acaba en el mar, dice, porque las depuradoras no dan abasto.

Un amigo, el que lo lleva hasta la choza, está presente en la entrevista. No quiere aparecer, pero sí quiere apuntar algo: “Aquí se recupera, se va recuperando poco a poco, en la marea se va a curar”, dice, y también añade que “siempre se meten con el pobre”.

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