Sorpresa en Rubicón: primer caso de la enfermedad de Paget fuera de Europa
El estudio de un esqueleto hallado en 2023 en la necrópolis del yacimiento permite documentar esta patología en las Islas
Los arqueólogos que trabajan en el yacimiento de San Marcial del Rubicón descubrieron en 2023 un total de 10 esqueletos bajo una duna de jable en la que se ocultaba una necrópolis. Entre ellos había tres bebés, un infante y un esqueleto de más de 40 años, el identificado como individuo 10 y cuyos huesos ya a simple vista mostraban ciertas anomalías. Tras más de dos años de estudio, se ha podido saber que padeció la enfermedad de Paget. El caso ha sido el primero documentado de esta patología fuera de Europa en el proceso de expansión colonial atlántica.
El jable del Monumento Natural de Los Ajaches no ha parado de dar sorpresas y alegrías a la comunidad científica en los últimos años. Han aparecido restos de una fortificación y de las casas donde se alojaron los primeros europeos que llegaron a Canarias, cerámica y monedas del siglo XV y hasta un cementerio en una zona dunar en la que se han desenterrado hasta 18 esqueletos.
Todo este material ha permitido al equipo que excava en Rubicón, dirigidos por las doctoras Esther Chávez, de la Universidad de La Laguna, y María del Cristo González, de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, confirmar lo que ya se sabía: Rubicón fue el primer asentamiento europeo estable de las Islas. Desde allí, los normandos Jean de Bethencourt y Gadifer de la Salle iniciaron en 1402 la conquista señorial de Canarias.
En 2023, a pocos días de finalizar la campaña, los arqueólogos localizaron una decena de individuos en un lugar de enterramiento distinto al que ya había descrito en los años sesenta Elías Serra Rafols. Se trataba de una nueva necrópolis, en la conocida como zona 11. Los trabajos arqueológicos siguientes fueron sacando a la luz nuevos esqueletos hasta sumar los 18.
Los huesos de estos individuos fueron a parar a manos de Jared Carballo, doctor en Arqueología e investigador postdoctoral en las universidades de La Laguna y Leiden, en Holanda. Autor del proyecto postdoctoral Catalina Ruiz Corpuscolonia, que trata el impacto del colonialismo en los restos humanos del siglo XV al XVIII, el investigador analiza restos óseos antiguos en Canarias, México y Holanda en busca de respuestas.
Junto a un equipo multidisciplinar empezó el estudio de estos esqueletos, pero se decidió, aclara Carballo, “dar prioridad al análisis de los huesos del individuo 10 porque consideramos que se trataba de un caso bastante interesante”.
Desde un primer momento, el esqueleto llamó la atención de los arqueólogos de San Marcial de Rubicón “al observar que los huesos de una pierna y un brazo estaban curvados. Era algo que saltaba a la luz solo con verlo”, explica.
Según fue avanzando la investigación, empezaron a aclararse dudas. Se trataba de un individuo mayor de 40 años. De los 10 primeros que se estudiaron en 2023 era el que tenía el rango de edad más alto, que midió en torno a 1,60 centímetros. Durante su etapa de vida debió padecer algún tipo de enfermedad como reflejaban las deformaciones que tenía en los huesos.
Cuando se empezaron a estudiar los huesos, el equipo de investigadores en el que había profesionales de la medicina, arqueología y genética, vio una reacción en el tejido que está entre el hueso y los tejidos blandos. Ahí, describe Carballo, “aparecían una serie de nuevas formaciones sobre el hueso. Además, el cráneo presentaba un engrosamiento y la pelvis estaba fusionada al sacro, lo que debió limitarle la movilidad”.
Al presentar una serie de signos y alteraciones tuvo que someterse a un diagnóstico diferencial al resto de esqueletos que se estaban investigando en el laboratorio. “Tuvimos que ir mirando una serie de enfermedades, que podrían estar asociadas con esas malformaciones óseas, ir descartando y viendo cuáles eran las más probables”, explica el especialista.
Tras varios descartes, se pudo identificar que el individuo padeció, con toda probabilidad, la enfermedad de Paget, una patología que altera el proceso de remodelación ósea, provocando que los huesos crezcan de forma desordenada, se vuelvan más grandes, frágiles y se deformen. Afecta, principalmente, a la columna, la pelvis, el cráneo y los fémures. En la actualidad, la enfermedad tiene casos clínicos activos documentándose pacientes con esta patología en todo el mundo.
Además de tomar pruebas de ADN, al individuo se le hizo radiografías con rayos X y se le sometió a una tomografía axial computarizada (TAC), lo que, explica el arqueólogo, “nos permitió ver que las vértebras tenían una serie de agujeritos producidos en vida. Seguramente, se debió a cambios en la vascularización de las venas relacionadas con la enfermedad. Puede que esta persona tuviera problemas a nivel vascular”.
Los resultados del estudio aparecen en el artículo Enfermedad crónica en un esqueleto del siglo XV procedente del primer asentamiento europeo de las Islas Canarias: primeras evidencias de la expansión colonial atlántica (San Marcial de Rubicón, Lanzarote) en la revista International Journal of Paleopathology.
En la investigación han participado, además de Jared Carballo, el catedrático de medicina interna, Emilio González Reimers, la doctora en Historia, Matilde Arnay de la Rosa, la especialista en Bioarqueología, Selene Rodríguez Carballo y la especialista en Paleogenómica, Rosa Fregel, entre otros.
“Es el caso más antiguo que aparece de la enfermedad de Paget en todo el Archipiélago. No se documenta en época indígena”, apunta el arqueólogo, mientras detalla que, a partir de ahora, “habrá que ver la evolución clínica y la vida que tuvo esta persona en un contexto colonial como fue el siglo XV en Canarias”.
El estudio del ADN mitocondrial, que analiza el material genético de las mitocondrias para conocer el linaje materno, permitió ver que tiene el haplotipo X2c1, “lo que nos ha permitido saber que, como mínimo, su madre era de origen europeo o puede que, incluso, él era europeo”.
Desde hace siglos, hay casos de la enfermedad de Paget, documentados en Europa, sobre todo entre Francia e Inglaterra, pero también en España. “El caso de este individuo es el primero que se documenta fuera de Europa en contextos modernos. A través de él, vemos cómo la distribución de esta enfermedad se produce por medio del mecanismo de una expansión colonial europea. Más tarde, se documentarán casos en Latinoamérica”, explica. El estudio también encierra una importancia clínica para estudiar la evolución de esta enfermedad a nivel médico.
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Restos óseos conservados del individuo 10. Fotos: Jared Carballo.
Desde un primer momento, el esqueleto llamó la atención de los arqueólogos
De alguna forma, la enfermedad le tuvo que condicionar su día a día en la Canarias de principios del siglo XV. “Presentaba una curvatura en una parte de la pierna que hacía que fuera más corta y eso seguramente le produjo algún tipo de cojera. Además, vimos que tenía una artrosis muy fuerte en una de las piernas a consecuencia de esa asimetría o cojera”, explica el investigador.
A pesar de ello, la enfermedad no le incapacitó. “Por los análisis practicados, podemos decir que tuvo una vida muy activa y por la distribución de la fuerza de los músculos no parece que tuviera que utilizar un bastón para caminar. Seguramente, siguió haciendo actividades cotidianas en su día a día”.
A pesar de vivir sin grandes limitaciones, el individuo de Rubicón debió sufrir dolores por culpa de la patología. Los estudios clínicos, detalla Carballo, “indican que este tipo de enfermedad, debido a la alteración que produce en los brazos y la forma de caminar, puede producir ciertos dolores articulares”.
Entierro cristiano
El individuo fue enterrado siguiendo las directrices cristianas: mirando hacia una posición específica y con los brazos cruzados sobre el pecho y sin ajuar funerario. Su enfermedad y aspecto físico no le debió suponer ninguna diferenciación a la hora de sepultarlo porque “fue enterrado igual que el resto de los cuerpos que aparecen en este cementerio”, explica Carballo.
“Es importante estudiar este caso en un contexto de frontera como el de este cementerio en el que, por un lado, podemos estudiar de cerca como una persona pudo experimentar una enfermedad crónica como colono, no es lo mismo vivirla en tu finca que irte de expedición, y cómo la enfermedad no le supuso diferenciación social”, cuenta.
A pesar de la enfermedad, explica, “siguió trabajando con cierta normalidad y seguramente tuvo algún apoyo por parte de su comunidad. Resulta interesante también estudiar cómo fue ese cuidado intercomunitario”.
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Fragmento posterior del cráneo del individuo 10.
Los estudios nos permiten conocer aspectos como la alimentación de estas personas
Más allá del estudio de este individuo, el equipo en el que participan investigadores de las dos universidades canarias trabaja con los huesos del resto de los esqueletos del Rubicón en busca del perfil biológico y respuestas como la edad a la que murió el individuo, el posible sexo biológico, estatura y tamaño corporal.
A partir de ahí, se hacen distintos estudios relacionados con los cambios tafonómicos, que son los que se produjeron después de que se entierra el individuo. “Estos nos permiten ver las alteraciones que tienen que ver con el hueso”, aclara el arqueólogo. Además, se realizan estudios de la patología que son aquellos cambios que se produjeron en vida y tienen que ver con la alimentación de la persona, la actividad física, las enfermedades que padeció o si tuvo algún tipo de traumatismo.
“Todos estos estudios nos permiten conocer aspectos como la alimentación de estas personas, el estrés al que estuvieron sometidos tras llegar a Canarias a principios del siglo XV por vivir en una zona cuyos recursos aún no controlaban o que actividades cotidianas realizaban”.
El estudio se inserta en el Proyecto Rubicón, que cuenta con un convenio del Gobierno regional, las dos universidades canarias y el Ayuntamiento de Yaiza. Con este respaldo, están saliendo adelante trabajos que están trayendo a la luz cómo fueron los inicios de los primeros años de la colonización europea en Canarias. “Rubicón es el primer asentamiento colonial no sólo del Archipiélago, sino también de todo el proceso que supuso la expansión europea, no sólo por el Atlántico, sino por el resto del mundo”, subraya Jared Carballo.
En Rubicón, continúa explicando, “tenemos los inicios de un proceso documentado a nivel arqueológico, histórico, y también gracias a los restos encontrados de esas personas”. Rubicón empieza a dar respuesta sobre la génesis de la sociedad canaria, compuesta por una sociedad indígena que se va ver cristianizada que convive con población europea y esclava, procedente del norte de África y de las áreas subsaharianas.















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