OTRA HISTORIA DE CANARIAS

Los “trajes típicos” de Lanzarote, Fuerteventura y La Graciosa

Las “vestimentas populares” de romerías y festejos deambulan entre la historia, la controversia y el éxito popular, pero son un rico elemento de análisis cultural

Mario Ferrer 4 COMENTARIOS 12/09/2026 - 07:29

En septiembre se celebran las dos romerías con más solera de Lanzarote y Fuerteventura. Las vírgenes de Los Dolores y de la Peña concentran fervor religioso, fiesta masiva, recreaciones del pasado y querencia popular por los considerados como “trajes típicos” de cada isla.

No obstante, la historia de estas vestimentas ha dado muchas vueltas y su análisis arroja diferentes lecturas. Juan de la Cruz, técnico de textiles del Museo de Antropología de Tenerife, aclaraba una característica esencial de esta temática en Bienmesabe.org, un medio especializado, afirmando que los “trajes tradicionales son aquellos que en su momento llevaron nuestros ancestros, mientras que los típicos responden a vestimentas usadas en un intento de rememorar modas en el vestir ya pasadas, y ajenas en el tiempo y en el contexto sociocultural en el que nos movemos”.

Efectivamente, diversas personas especializadas en estos temas señalan que lo que hoy conocemos como “traje típico” surgió hace aproximadamente un siglo, cuando en Canarias se empezaron a configurar las versiones de cada isla, mezclando elementos y piezas de distintas procedencias. Unas combinaciones inspiradas en vestimentas del siglo XIX que se fueron consolidando en el siglo XX a raíz de una nueva pasión por recrear el pasado en fiestas populares.

Muchas causas locales e internacionales confluyeron en la consolidación de estos modelos de vestuarios más o menos estandarizados. Uno de los motores más citados es el Romanticismo, una corriente cultural de gran desarrollo en la primera mitad del siglo XIX por toda Europa que, en su apuesta por una visión más emocional y menos racionalista de la vida y la creación, derivó, entre otras fórmulas, en un fuerte sentimiento de nostalgia.

Ante el auge de la tecnología y los grandes cambios sociales de la época, una de las salidas que ofrecía el Romanticismo era una visión idealizada del pasado. Una añoranza por supuestos paraísos perdidos como la vida rural, que encarnaba pureza y felicidad frente a la industrialización acelerada que vivía el continente. En ese contexto, los trajes típicos y las vestimentas regionales cobraron nuevo interés.

La España de la primera mitad del siglo XX también apostó por esa vuelta historicista debido a variadas razones ideológicas y políticas, al tiempo que los inicios de la mirada turística en Canarias ayudaban a incrementar el interés por el tipismo.

Imagen de la agrupación Ajei con sus nuevas ropas en 1945 en Santa Cruz de Tenerife. Sus vestidos sirvieron de patrón base para las nuevas agrupaciones folclóricas surgidas en la Isla. 

En este complejo proceso de construcción también hubo una parte importante de creatividad, como la que encarnó Néstor Martín-Fernández de la Torre. El polifacético artista simbolista y modernista grancanario creó una línea especial tanto para su isla natal, como para otras islas en la década de los treinta. A pesar de su lejanía con las fuentes etnográficas, la propuesta de Néstor tuvo gran éxito y fue “folclorizándose” con el paso de los años. Esta es una de las dificultades, pero también de las riquezas de estos “trajes típicos”. En muchas ocasiones se han sacralizado determinados patrones y su supuesto origen histórico, cuando en realidad son una combinación de elementos que se fue conformando en determinados momentos más recientes y por causas muy variadas.

En los años 50, la prensa recoge polémicas sobre la autenticidad de los trajes típicos

El propio concepto de romería también ha ido cambiando mucho en las últimas décadas. De ser una ceremonia esencialmente religiosa y rural, ha pasado a ser un exitoso evento popular donde lo patrimonial ocupa un lugar secundario frente a los elementos festivos y de ocio. Un proceso de cambio simbólico que ha contado con gran apoyo de las instituciones públicas y que, en el caso de Canarias, tampoco se puede separar de las consecuencias antropológicas del fuerte desarrollo turístico. El fenómeno no parece decaer, recientemente se han recuperado o creado nuevas romerías en Lanzarote, mientras en Fuerteventura el Gran Baile de Taifas institucional promovido por el Cabildo es del siglo XXI.

En todo caso, lo que ha sucedido en las islas no es un hecho excepcional. En la escala internacional fue célebre el libro La invención de la tradición (1983), donde diversos historiadores debatían sobre cómo muchas recreaciones del pasado eran en realidad invenciones recientes que usaban esa supuesta conexión histórica para legitimar corrientes ideológicas o grupos de poder. En Canarias, especialistas en ciencias sociales como el antropólogo Fernando Estévez también señalaron que muchas tradiciones canarias no eran herencias ancestrales del todo, sino elaboraciones vinculadas a la construcción de identidades.

Niño vestido de “pastorcito” para la escenificación del Nacimiento a principios del siglo XX. Ésta fue una de las tradiciones insulares que, a pesar de algunas modificaciones, mantuvo vivo el vestido tradicional masculino propio del periodo XVIII-XIX.

Atuendos históricos

En el libro Las indumentarias tradicionales de Fuerteventura, el investigador Ricardo Reguera señala que “el traje diseñado por Néstor lleva el nombre de ‘típico de Fuerteventura’ porque (aunque no lo fuera) es el título que puso a su obra artística, pero no es un traje ‘tradicional’ porque no está unido a las costumbres en el vestir de los antiguos majoreros”.

Ricardo Reguera ha investigado en profundidad las vestimentas de estas islas

Basándose en documentación histórica y un amplio trabajo de campo, esta obra de Reguera propone 10 modelos de “atuendos tradicionales” enraizados en los siglos XVIII, XIX y XX, además de recomendaciones genéricas como “respetar el nombre propio que tiene cada prenda y, por ejemplo, no podemos llamar chaleco al justillo, pañoleta a la mantilla o gorro a la montera” y cuidar que los “aditamentos, detalles y complementos potencien el toque de autenticidad y con ello colaboramos a que los oficios artesanos pervivan”.

La investigación Las indumentarias y los textiles de Lanzarote del mismo autor es una obra magna de más de 900 páginas con un apartado también dedicado al “traje típico” de esta isla. Reguera señala que el esquema básico del vestido masculino de esta isla tiene su origen en los trajes de “pastores” o de “campo” de los siglos XVIII y XIX, con “montera, calzón corto de lienzo tejido, polainas y camisola”. El femenino fue más complejo, según este autor, con varias tendencias contrapuestas a principios del siglo XX que, finalmente, confluyeron en la elección de una de las de las “variantes de la indumentaria tradicional que utilizaban las mujeres de la Isla en la primera mitad del siglo XIX”.

Jóvenes con el llamado “traje típico de Lanzarote” sobre la década de 1970. Esta postal refleja ya abundantes alteraciones respecto a las primeras versiones.

Para la consolidación de los trajes típicos durante la centuria pasada, el surgimiento de grupos musicales folclóricos y la apuesta por estas vestimentas desde la Sección Femenina del franquismo a mediados del siglo XX fueron hechos claves. Un detalle curioso es que ya en la década de los años 50 del siglo XX, la prensa local recoge polémicas y artículos sobre la autenticidad de los trajes típicos.

Pero la tradición es siempre susceptible de reinventarse. Una de las últimas controversias ha girado en torno al traje típico de La Graciosa, porque en estos años ha comenzado a tener éxito una nueva revisión a base de retales más acorde con las técnicas de patchwork actuales, que con las evidencias históricas de la octava isla. El debate entre creatividad, rigor documental, reinvención, tradicionalismo e ideología seguirá vivo en las próximas décadas.

Comentarios

Corre el rumor de que Jacobo Medina se está confeccionando un chaleco reflectante graciosero a base de retales de sus chalecos viejos. Quiere no solo marcar tendencia, sino tradición. Incluso aspira a que, al finalizar su vida política el próximo año, lo cuelguen en el museo Tanit.
Los trajes que ahora consideramos típicos , o lo que algunos y algunas consideran típicos , no son más que lo que algunos reflejaron en documentos o fotos pero no neceulos que en épocas pasadas se usaron o más bien se utilizaron por los que tenían dinero en las fiestas. Como la moda actual hay quienes la venden bien , la publicitan bien y la adaptan a lo que convenía o interesa a una parte . Si se comparan diferentes trabajos de historia y costumbrismo hay diferencias alguna sus criterios más o menos objetivos . Visto lo visto ( lo que pude ver ayer en la romería ) cada uno se adapta a su gusto , comodidad y dinero , lo mismo que pienso pasaba hace un siglo . Por cierto , la imagen de la romería ( lo que pude ver empezando por los politicos ) por desgracia fue un despropósito de lo que supuestamente debe ser una romería típica de la isla .
Los trajes típicos copiados de España y la tradición española de la romería. Les recuerdo que los canarios no veneraban a una estatua. En fin, que de canarios nos queda lo que ....
Con todo mi respeto a los investigadores. Las vestimentas de Néstor, son modernistas, tanto la de Gran Canaria como la de Fuerteventura. ¡ Sr Reguera, déjese de ser un investigador a cambio de nombramientos ¡,

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