La Isla a la que salvó la movilización social
El documental ‘Compartir, transformar, decidir’ repasa los logros de los movimientos sociales y plantea la cooperación como herramienta de cambio social
“No es que la gente participe poco, es que en Lanzarote hay muchísimas asociaciones con las que involucrarse y muchas formas de hacerlo”, apunta Pilar Estevan, periodista y directora del documental Compartir, transformar, decidir, que ha sido financiado por el área de Gobierno Abierto del Cabildo de Lanzarote y La Graciosa.
Acudir a asambleas vecinales, robarle horas al descanso para presentar alegaciones a un documento público o dedicar tiempo a que los chavales del barrio puedan hacer deporte por las tardes son maneras de intervenir en la vida pública, más allá de acudir a una cita electoral cada cuatro años.
La idea inicial de este documental era radiografiar el tejido asociativo de Lanzarote, pero ha resultado ser el principio de lo que debería ser una serie completa, la punta del iceberg de una historia mucho más extensa, porque “en 30 minutos es imposible entrevistar a todas las personas que han estado al pie del cañón de los movimientos sociales de la Isla”.
Uno de los hitos que reseña esta película son las huelgas que protagonizaron los marineros y las trabajadoras de las conserveras. A menudo olvidamos que “el primer motor de la modernización de la Isla fue la industria pesquera” y no el turismo, señala el historiador Mario Ferrer.
En agosto de 1931, 600 trabajadores de la mar se pusieron en huelga. Los marineros reivindicaron un reparto más proporcional de las ganancias de los barcos, tener un día de descanso (el domingo) y mejorar su alimentación añadiendo potajes a su dieta, que hasta entonces se sustentaba en gofio y pescado. Los armadores protestaron, pero después de tres meses de paro, finalmente cedieron y las mejoras laborales se consiguieron.
Pilar Estevan pone el foco en otro hito: “Las mujeres llevaban toda su vida trabajando sin recibir remuneración alguna” y por fin encontraron la oportunidad de cobrar un sueldo en las fábricas de conservas. Ellas conformaron alrededor del 60 por ciento de la plantilla que trabajó en las cinco fábricas de conservas de pescado y salazones que se instalaron en la bahía de Arrecife.
Ramón Pérez Farray, sindicalista y secretario insular de Comisiones Obreras entre 1983 y 2006, describe la desigualdad que sufrían: “A la mujer se la humillaba, no se dirigían igual a ellas que a ellos”, explica en el documental. Tanto es así que en los baños de las factorías se instaló una bombilla roja para controlar los minutos que las trabajadoras pasaban aseándose.
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Una de las manifestaciones convocadas por El Guincho, en 1988. Propietario: Editorial Lancelot.
Logros y fracasos
Si las asociaciones vecinales y ecologistas no hubieran ejercido presión, Lanzarote sería hoy una isla irreconocible. El Malpaís de La Corona y Caletón Blanco estarían urbanizados con hoteles. Caleta de Famara y sus alrededores serían un continuo de alojamientos turísticos, porque la idea era construir 25.000 plazas alojativas con vistas al Archipiélago Chinijo. La Graciosa sería un resort con otras 25.000 plazas porque durante el franquismo “se sacó a concurso buena parte del territorio graciosero que pertenecía al Estado”, explica la periodista Isabel Lusarreta. El puerto deportivo Marina Lanzarote que hoy se ubica en Naos -una zona que estaba muy degradada- ocuparía hoy el antiguo muelle comercial en pleno casco histórico. La Isla sería, en su totalidad, un gigantesco complejo turístico.
“La participación debe ser el estilo con el que se gestiona, no un área municipal”
En 1988, durante una manifestación convocada por la asociación ecologista El Guincho para protestar por la construcción de un nuevo hotel en la Playa de Los Pocillos, en Puerto del Carmen, César Manrique criticó duramente a un gobierno “incapaz de organizar de manera inteligente la industria turística” y que parecía “estar protegiendo a cuatro gángsters dedicados a especular y hacerse millonarios”.
Sin este movimiento por la defensa del territorio que empezó a articularse en los años 60, hubiese sido imposible la aprobación en 1991 del Plan Insular de Ordenación del Territorio que fue pionero en poner un límite al desarrollo turístico para preservar el extraordinario patrimonio natural de Lanzarote.
El objetivo del documental es poner en valor el trabajo de movilización social que se ha hecho en Lanzarote “y motivar para seguir haciéndolo” porque funciona. “La participación ciudadana escribe el guión a los gobernantes”, dice la periodista Pilar Estevan. Ella misma ha participado en diversos proyectos locales que promueven la economía social y está vinculada al proyecto Papacría y Huertos Compartidos Lanzarote.
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Coordinadora Salvar Papagayo. Boletín del 30/10/1986. Archivo de la Transición Democrática en Canarias, Biblioteca de la Universidad de La Laguna.
Con 800 socios, la asociación ecologista El Guincho fue “una de las más fuertes de todo el país”, recuerda uno de sus fundadores, Ginés Díaz. “En muy pocos sitios del mundo se moviliza tanta gente”, declaraba el profesor y activista Pedro Hernández el pasado mes de junio en una radio local.
El 27 de septiembre de 2002, diez mil personas salieron a las calles de Arrecife con un lema: “En defensa de Lanzarote y su futuro, no a la destrucción de la Isla”. La manifestación en contra de las prospecciones de Repsol de 2014 fue otro hito en la historia de la participación ciudadana insular y la más multitudinaria: entre 25.000 y 30.000 personas se manifestaron para detener el proyecto que la petrolera quiso ejecutar en aguas próximas a Canarias.
“El ecologismo ha salvado Papagayo, las Dunas de Corralejo, el Saladar de Jandía, Isla de Lobos y otros espacios de Canarias”, añadía Pedro Hernández. Otras luchas se han perdido: por ejemplo la bahía de Playa Blanca y con ella la historia de los marineros del pueblo y del lugar. Apenas existe nada que muestre cómo este área del sur de Lanzarote protagonizó algunos de los capítulos más importantes de la conquista y colonización de Canarias, siendo el primer asentamiento de los pobladores europeos en el archipiélago. No existe ningún museo arqueológico que interprete y divulgue la importancia histórica de este territorio.
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Manifestación contra las prospecciones petrolíferas en 2014, la más multitudinaria celebrada en Lanzarote. Foto: Diario de Lanzarote.
Debatir
El germen de este asociacionismo insular empezó a crecer a principios del siglo XX en un contexto muy difícil. Lanzarote era una sociedad con una mentalidad muy tradicional y una fuerte estructura caciquil.
La burguesía que nació con la actividad económica del puerto de Arrecife no fue precisamente revolucionaria, pero impulsó mejoras relacionadas con la educación, explica Mario Ferrer en el documental. Lo que ha sido una constante es una población que ha tenido siempre un fuerte vínculo con el territorio: lo conoce, lo ama y lo defiende.
“Las redes sociales pueden aislar o articular acciones colectivas”
“Hoy convivimos con más de cien nacionalidades que vienen a nutrirnos, es necesario que sepan de la existencia de este movimiento social histórico que forma parte del patrimonio de la isla y que lo conecten con su experiencia”, señala la directora del documental.
“El individualismo es una fantasía absoluta. Existen un millón de ejemplos de cómo la cooperación es el medio y el fin de la vida”, opina Estevan. Esta fantasía está siendo alimentada por un algoritmo perjudicial para la salud democrática: consigue que la participación se limite a compartir un vídeo en Instagram y que el debate constructivo se sustituya por el enfrentamiento hooligan detrás de seudónimos.
Estas mismas redes que aíslan y enfrentan, también son las herramientas que usan los movimientos sociales más jóvenes para crecer y articular sus acciones. De hecho, este documental nace con la vocación “de trabajarse en las aulas con un cineforum donde se pueda debatir y trabajar el formato asambleario”, dice Pilar Estevan. Hay una frase del filósofo José Luis Asencio que a la autora del documental le parece especialmente significativa y hermosa: “Del debate nunca se sale igual”.
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Lanzarote tiene un límite, una manifestación convocada en 2024 para acabar con la crisis hídrica, habitacional y sanitaria que vive la Isla. Foto: Adriel Perdomo.
Casos de éxito
El documental, filmado por David Hernández de Studio Era, presenta también tres casos de éxito participados por la administración: el proyecto La Cancha (Tinajo), el proyecto de Intervención Comunitaria Intercultural (San Bartolomé) y Conecta Tías.
¿Qué tienen en común? “Los tres están liderados por personas que se involucran y llevan toda la vida en movimientos sociales, defendiendo la participación ciudadana real”, concluye la realizadora del documental. Una de ellas es el trabajador social Agustín García Acosta, quien propuso a Pilar Estevan hacer esta película.
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La periodista Pilar Estevan, directora del documental. Foto: Adriel Perdomo.
En ocasiones ocurre que algunas concejalías de Participación Ciudadana piden a la población que se implique acudiendo a reuniones y planteando propuestas que finalmente sólo sirven para justificar que se ha hecho una consulta pública, porque las ideas aportadas por la vecindad nunca terminan haciéndose realidad. Una suerte de socialwashing que genera una gran desafección.
Moisés Saavedra, técnico responsable del proyecto La Cancha, dice que es el momento de reformular el modelo: “Las propuestas ciudadanas deben tener encaje, las personas no piden cosas locas”. La participación ciudadana no puede ser sólo un área municipal, “debería ser el estilo con el que se gestiona, tiene que impregnar a todo el Ayuntamiento”.















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