OTRA HISTORIA DE CANARIAS

Las múltiples idas y vueltas entre Lanzarote, Fuerteventura y Venezuela

La relación ha sido permanente entre el país sudamericano y Canarias, con picos de migración entre un lado y otro

Mario Ferrer 0 COMENTARIOS 29/08/2026 - 08:23

La intervención de Estados Unidos y los terremotos del 24 de junio han puesto a Venezuela en el centro de la atención periodística mundial en estos últimos meses. En realidad, la turbulenta historia reciente de esta república sudamericana lleva mucho tiempo captando el interés informativo internacional, especialmente en Canarias, con quien tiene una larga y estrecha relación.

Las conexiones históricas son múltiples y variadas entre estos dos puntos del Atlántico. En 2018, La Graciosa fue nombrada oficialmente la “Octava isla” de Canarias, pero durante mucho tiempo ese título oficioso lo llevaba Venezuela. Incluso un periódico canario tan señero como “El Día” tenía una sección titulada de esa manera para dar las noticias del país sudamericano.

El sentimiento de familiaridad es compartido, porque tradicionalmente en Venezuela el término de “isleño” era asociado por antonomasia a los canarios, algo muy significativo para una zona llena de ínsulas como el Caribe. Es muy común que las personas de Venezuela tengan raíces canarias, especialmente de las islas más occidentales y centrales. No obstante, Lanzarote y Fuerteventura también han tenido fuertes lazos de unión con el país del río Orinoco.

La vinculación entre estas dos áreas comenzó casi desde la llegada de los europeos a América, tras la apertura de la ruta con Cristóbal Colón. Un factor clave en este sentido es que las islas de realengo, las de conquista directa de la corona, Tenerife, Gran Canaria y La Palma, fueron de los pocos lugares que durante mucho tiempo tuvieron puertos desde los que se podía negociar directamente con el Nuevo Mundo, evitando el monopolio sevillano-gaditano que dominó este nexo comercial en los primeros siglos.

Los canarios llegaron a Venezuela desde el principio de la conquista de América. No obstante, la primera gran oleada comenzó a partir de 1670 y continuó hasta principios del siglo XIX aproximadamente, cuando varias circunstancias motivaron una larga crisis económica y social en Canarias que dio como resultado una migración importante a Venezuela y Cuba. En este periodo se estableció el llamado “tributo de sangre”, una imposición de la Corona española que tuvo el apoyo de la oligarquía canaria y que obligaba a los armadores de barcos a enviar a América un mínimo de cinco familias canarias por cada 100 toneladas de mercancías exportadas desde las islas. El doble objetivo de esta medida era tanto poblar el Caribe, como aliviar la pobreza extrema de Canarias.

De derecha a izquierda, Pablo González, el lanzaroteño Tomás García, Bernardino Curbelo y Julio Viñas, en Puerto Cabello en 1970. Tomás García, fundador de la empresa lanzaroteña Inoxnaval, emigró, como su padre, a Venezuela.

El habla es un testigo clave de la estrecha relación entre Venezuela y Canarias

Los emigrantes canarios se van a caracterizar por llevar a la familia y por integrarse en tareas agrícolas y ganaderas, como ha contado en diversas obras Manuel Hernández González, catedrático de Historia de América de la Universidad de La Laguna. No obstante, este especialista también señala que una élite se consagró como grandes comerciantes, dando pie también a un importante flujo de intercambios entre Venezuela y Canarias. No solo materias primas o productos viajaban de un lado a otro del Atlántico, sino también influencias culturales, sociales o políticas. Por ejemplo, la Ilustración canaria fue clave en el paso de las ideas del “siglo de las luces” a América, de la misma manera que la emancipación venezolana influyó en el incipiente nacionalismo canario.

Elementos de la gastronomía como el gofio o las arepas también han hecho esos viajes de ida y vuelta, lo mismo costumbres como los carnavales y otras festividades religiosas. Como en Cuba, los “isleños” eran percibidos por la población venezolana de forma diferente al resto de los españoles.

La independencia de Venezuela, liderada por un Simón Bolívar que tenía fuertes raíces canarias, supuso un cierto parón en la emigración isleña. El proceso de desconexión con la metrópoli española no fue sencillo, sino que se prolongó durante casi dos décadas, de 1810 a 1830, con una guerra civil muy cruenta y canarios posicionados en ambos bandos.

Plaza de Arrecife dedicada a Simón Bolívar, líder en la independencia de varios países americanos, entre ellos Venezuela, que tenía antepasados canarios. Foto: Adriel Perdomo.

Siglos XIX, XX y XXI

A partir de 1831, las autoridades venezolanas potenciaron de nuevo la llegada de canarios en un flujo que se mantuvo estable hasta el siglo XX, llegando al 70 por ciento de las cifras totales de migrantes a finales del diecinueve y dedicándose en gran medida al cultivo del café. Sin embargo, fue a mediados del siglo XX cuando se vivió un auténtico auge por las negativas consecuencias de distintas guerras, aunque en este periodo también hubo una emigración masiva desde otros lugares de la Península. Otra novedad de este momento es que el petróleo protagonizaba el crecimiento económico venezolano.

Los canarios se vincularon con la agricultura y la ganadería en Venezuela

Especialmente dura fue la etapa de la posguerra en la que la emigración a Venezuela estaba prohibida. Se calcula que a finales de la década de 1940 salieron más de 12.000 canarios de forma ilegal, viajando en condiciones pésimas y siendo recibidos en centros de internamiento en muchas ocasiones.

Basada en miles de historias reales de esta época, la película Guarapo (1989), filme pionero del cine canario de los hermanos Ríos, narra las aventuras y desventuras de un joven campesino de La Gomera que busca la manera de escapar del caciquismo y la pobreza imperante en Canarias.

A partir de los años 50 se instauró una política de “puertas abiertas” en Venezuela que hizo que volviera a crecer la llegada de familias canarias. Gran parte del siglo XX fue estudiado por María José Fernández Morales en un artículo de titulado “La emigración de Lanzarote y Fuerteventura a Venezuela. 1900-1960”. El incipiente desarrollismo español frenó muy ligeramente ese impulso, pero de nuevo, las “crisis del petróleo” de los años 70 empujaron una emigración canaria a Venezuela que se prolongó hasta principios de los años 80.

Cartel de ‘Guarapo’ (1989), conocida película canaria que narra una historia ambientada en la época de la emigración clandestina a Venezuela.

Las huellas de esta migración masiva están por todos lados en el siglo XX. Solo fijándonos en el terreno cultural, figuras como el artista majorero Juan Ismael o los escritores José Rial Vázquez y José Antonio Rial, muy vinculados a Isla de Lobos, vivieron largas temporadas en Venezuela. En Lanzarote, únicamente en el ámbito de la música aparecen nombres de la talla de Benito Cabrera, los hermanos Antonio y Domingo Corujo o el tenor Blas Martínez.

A partir de finales del siglo XX, con el bum económico del turismo en Canarias y fenómenos venezolanos como el estallido en 1989 del llamado “Caracazo” o la llegada de Hugo Chávez al país, muchos canarios comenzaron a retornar al archipiélago, en un proceso que se ha agudizado durante el siglo XXI. En la actual centuria, la inestabilidad financiera de la República Bolivariana también ha empujado a los propios venezolanos a venir a Canarias.

Con una latitud similar y marcados por las mismas corrientes oceánicas, estos dos pueblos mestizos han vivido numerosos episodios históricos gemelos. Sociedades de gran sincretismo cultural que se han entrelazado durante siglos, dejando múltiples puentes sociales, comerciales o políticos.

El habla es otro testigo fundamental de la estrecha relación entre Venezuela, el Caribe y Canarias. Las variedades dialectales de estas zonas coinciden en muchos aspectos como el uso del “ustedes” en vez del vosotros, la aspiración casi sorda de letras como la ‘s’, la ‘z’ o la ‘c’ y el empleo de palabras como “papas,”, “cholas·, “fósforo”, “gaveta” o “cotufa”... Solo hace falta escuchar a dos personas de Venezuela y Canarias para percibir claramente los paralelismos entre ambas orillas del Atlántico.

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