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José García, 'Pillimpo': El soñador que construyó otro mundo en su jardín

El 21 de junio, el MIAC inaugura ‘La posibilidad de un museo’. Será la primera vez que pueda verse, fuera de su hábitat natural, la obra de José García

Imágenes: David Delgado.
M.J. Tabar 4 COMENTARIOS 17/06/2019 - 06:38

Sus criaturas de yeso saludan con la mano alzada a los viajeros, errantes o no, que se paran hipnotizados a contemplar el jardín más fotografiado de la Villa de Teguise. Desde el 11 de mayo el mundo de MaraMao no tiene quien lo habite: murió Pepe, ‘Pillimpo’, el ‘outsider’ del art brut lanzaroteño.

Tenía sus días, como todo el mundo, pero la norma era verlo sentado en la puerta de casa, sonriendo casi siempre, hasta sus 86 años, presto a explicar su universo creativo a quien se le acercara con preguntas en los ojos.

Muchos se enteraron de su fallecimiento por un mensaje que el artista lanzaroteño Daniel Jordán publicó en las redes sociales: “Para mí es el artista más original de Lanzarote y un referente a la hora de crear. Habitaba en un mundo mágico en el que no existen las relaciones de poder y nadie te juzga por querer dedicar cada día a hacer tangibles tus sueños. Habitaba en Mara-Mao”.

El próximo 21 de junio, el Museo Internacional de Arte Contemporáneo de Lanzarote (MIAC) inaugurará La posibilidad de un museo, una exposición comisariada por Jordán que mostrará la obra de los artistas locales Francho, Iván Vilella, Moneiba Lemes & Jose Otero, Nicolás Laiz, Parto Cerebral, Pillimpo y Yurimara Fontes. Será la primera vez que pueda verse, fuera de su hábitat natural, la obra de José García, documentada hasta la saciedad en blogs de arte, bitácoras de viajeros, perfiles de TripAdvisor y galerías de Flickr. “Parece un tópico, pero es cierto: la gente de fuera lo valoraba muchísimo”, explica Daniel Jordán.

¿Pero qué tiene la obra de Pillimpo? “Que es un arte sincero, directo, intuitivo, soñador”, valora el comisario y artista conejero. Muy lejano a lo académico, hecho con una técnica “infantil en el mejor de los sentidos”. Pepe no pensaba, Pepe hacía. Yeso, escayola, una gorra, una escultura. Un maniquí, un osito de peluche plantado en una maceta, unas cadenas, un árbol, una instalación. “Lo que soñaba por la noche lo intentaba hacer durante el día”.

El color de sus esculturas cambiaba de tiempo en tiempo. Blancas, rojas, azules, con ramilletes de flores secas en una mano y juguetes en la otra. Muñecas, Barbies, dispensadores de huevos Kinder, cabinas de teléfono, triciclos, sagrados corazones… Los objetos viejos o rotos iniciaban una nueva vida, integrados en Mara-Mao, “un museo inabarcable, la obra de su vida”.

“La obra no es tan caótica como parece a primera vista. Tenía una visión escenográfica muy contemporánea, todas sus figuras están saludando, frontales, mirando hacia la carretera. El transeúnte era el espectador. El jardín, el escenario. Así se entablaba el diálogo”, interpreta Jordán. “Como pasa con todos los grandes artistas, es difícil separar su vida de su obra”. Vivía con sus animales, sin electricidad, pensando, conversando, escribiendo, haciendo sonar sus instrumentos de metal, creando.

Paco Hernández, cronista de la Villa de Teguise, lo recuerda haciendo decorados, cortando telas y subiendo el telón con el grupo de teatro Hermanas Spínola. “Hizo de paje en el drama de Reyes de 1961”, recuerda. “Llevaba una vida quijotesca. Su arte procedía de su intuición, era un autodidacta. Lo que le gustaba de las esculturas, decía, era que podía hablar con ellas y no se enfadaban”.

A Pillimpo le encantaba la música. “Me gusta pasear por la Villa a partir de las diez cuando hay poca gente por la calle -cuenta Paco- y siempre le oía tocar la trompeta en el silencio de la noche, en medio de las cruces y de las calles oscuras”.

“Por lo que pude hablar con él -dice Jordán- este mundo se le quedaba pequeño: no le gustaba cómo nos relacionamos, tenía una visión onírica y mágica”. En una entrevista con el periodista Tomás J. López, Pillimpo decía: “Según uno nace, tiene ya la estrella preparada que le alumbra para que no pierda el camino, y ese es el camino que yo voy llevando: el de la estrella y el de mi imaginación”.

Documental

El 5 de julio el MIAC proyectará también Los sueños al viento, un documental de 80 minutos sobre la obra y las quimeras de José García, Pillimpo. La película, rodada en 2015, está dirigida por el cineasta canario David Delgado San Ginés (Gran Canaria, 1965) y ya ha tenido un largo recorrido en festivales: se ha proyectado en el Festival Internacional de Cine de Las Palmas de Gran Canaria, en Miradas Doc (Tenerife), en México, durante la reinauguración del cine Villa Olímpica, en la Semana de Cine Antropológico de Granada, en el festival de cine independiente La Rioja De Cine y en el Culture Unplugged Film Festival, entre otros. Paradójicamente, cuatro años después de su rodaje todavía no se había podido ver en la isla donde nació y vivió el protagonista del documental.

La idea de grabar Los sueños al viento nace de la observación del jardín-museo de Pillimpo y de la “sutil y silenciosa sugerencia de Melchor López, poeta canario que da clases en la Escuela de Arte Pancho Lasso”, explica el realizador, que contó también con la colaboración de Pedro García. “Pillimpo colaboró con paciencia y nosotros íbamos respetando su ‘tempo’ y sus ganas, observando y tanteando. Es una película rodada desde el respeto y desde la admiración, que iba creciendo a cada instante”.

El guion fue escribiéndose a medida que Pepe compartió con ellos sus miedos, sus alegrías vitales y su visión de las cosas. Pillimpo iba mucho al cine-teatro del pueblo. “Nos decía que su mundo era la imaginación, la fantasía, y eso es una forma de disidencia”, escribe David en su blog.

“Todo el misticismo que deja entrever en la película es real, sin impostación, sin pretensión intelectual, natural, sincero. Un semi-filósofo-místico natural”. “Ecléctico”, “excéntrico”, “reciclado”, “colorido”, “fascinante”, “nunca vi mayor equilibrio entre el orden, el caos, el kitsch y la autenticidad”... El mundo digital está lleno de comentarios sobre la obra de José García, Pillimpo, que trascendió las fronteras de su jardín.

Comentarios

¡¡¿¿Ahora??!! ¿En serio?
Que bajo ha caído el MIAC. Menos mal que su directora tiene los días contados
Tania un poquito de respeto no viene mal. Y a Javier,más vale tarde que nunca.
Que buena iniciativa, siempre mejor tarde que nunca. Ojalá que en la exposición suene un saxofón ya que no lo tuvo como era deseo en su funeral.

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