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Fermina: una historia de fortuna, barcos y dispersión

Fermina Santana, la doña Fermina que da nombre al Islote, fue una armadora importante. La desaparición de uno de sus hijos hizo que parte de la familia se dispersara

Saúl García 1 COMENTARIOS 22/01/2026 - 07:00

Yasmín Morales García vive desde hace años en Las Palmas de Gran Canaria, pero nació en Venezuela. “La familia se dispersó mucho”, asegura. Tanto se dispersó que la memoria de sus antepasados es un relato incompleto que ha ido hilando de oídas y desde lejos, con tantos huecos como espacios, pero que arranca, sin duda, en Lanzarote.

Yasmín es bisnieta de Fermina Santana. Sin segundo apellido según su acta de defunción. Se la podría conocer incluso solo por el nombre, porque Fermina es quien presta el suyo al Islote de Fermina, conocido antes como Islote del Quebrado y después como Islote del Amor. Su acta de defunción, en abril de 1937, dice lo siguiente: “Fermina Santana, sin otro apellido, natural de Las Palmas, de esta vecindad, de 67 años, acompañada de su marido a las 24 horas de ayer, a consecuencia de ‘reblandecimiento cerebral’”. 

Fermina era una persona relevante en la sociedad insular de esa época. Fue armadora. Construyó varios barcos y acumuló terrenos y propiedades. Tuvo nueve hijos. Uno de ellos, Gervasio, fue el abuelo de Yasmín.

En la prensa de la época, al menos en la hemeroteca digital, aparecen pocas menciones de Fermina. Una de ellas da cuenta de que era, efectivamente, una persona conocida y que ya en aquella época poseía cierto capital. Aparece en la edición el 2 de mayo de 1902 del periódico Lanzarote: semanario de noticias y de intereses generales, un periódico promonárquico y afín a León y Castillo. En la sección Latrocinios se puede leer el siguiente texto: “Parece que hemos perdido la tranquilidad de que siempre hemos disfrutado en esta población y que ya habrá necesidad de velar de noche para impedir que los cacos, que han llegado sin que sepamos de dónde, se apoderen de lo ajeno. Es escandaloso lo que pasa en Arrecife de poco tiempo acá. No hace mucho se trató de robar en la casa de Doña Fermina Santana, escapando el ladrón por las azoteas para no ser sorprendido en flagrante delito”.

Según relata la publicación Las transformaciones de la Marina de Arrecife: de núcleo pesquero preindustrial a capital insular y de servicios, de Alejandro González Morales, Antonio Ramón Ojeda y Santiago Hernández Torres, en 1912, el mismo año en que llega a Arrecife por primera vez el correíllo a vapor Viera y Clavijo, “la Comandancia de Marina concede a la armadora Fermina García Santana el Islote del Quebrado para instalar un astillero”. El apellido García antes del Santana probablemente se deba a un error, ya que Fermina García Santana fue una de las hijas de doña Fermina.

En su libro El Puerto del Arrecife, Antonio Montelongo cita que se llamaba Islote del Quebrado porque era el lugar donde se partían las toninas capturadas y ubica la concesión a doña Fermina en 1918, no en 1912. De una manera o de otra, lo que está claro es que doña Fermina fue armadora y construyó barcos que trabajaron como pesqueros o de cabotaje. Según varias fuentes orales, vivía junto a la pescadería de Arrecife, donde hoy está la Delegación del Gobierno, y fue la propietaria de la mayor parte de los terrenos que después conformaron Playa Honda. Tuvo amistad con Teresa Cerdá, la madre de José Ramírez Cerdá, presidente del Cabildo, y a ella le ofreció un terreno en esa zona para hacerse una casa, aunque lo descartó, decantándose por Las Caletas “porque aquello era un terreguerío”.

En 1947 había censados 68 barcos en Arrecife. La Fermina era uno de ellos, de los más grandes, ya que contaba con veinte marineros. Lo había alquilado por entonces Rodolfo Alonso Lamberti, que había empezado a explotar el otro islote, el del Francés, con su factoría de pescado La Rocar.

Un artículo de prensa de La Voz de Lanzarote del año 2001 habla de doña Fermina. Se dice que “estaba dotada de una fuerte personalidad e inteligencia”. Antes de que se lanzara a construir barcos en ese islote, los barcos se construían en La Palma, que es donde había madera suficiente, y se trasladaban después. Se casó con José García Argueta (o Ergueta), con quien tuvo nueve hijos (Fermina, José, Francisco, Juan, Ana, María, Gervasio, Francisca y Pablo). En el artículo hablan dos de sus nietos, Fermina y Antonio Díaz García, que relatan que antes de ser armadora vivió en Fuerteventura y tuvo un taller de costura y después compró un barco y fue reinvirtiendo los beneficios hasta tener el San José, el Mercedes, el Peral, Tenerife, la Añaza y la Fermina, una balandra de 25 metros de eslora construida en 1921 y que se hundió entre Gran Canaria y Tenerife en 1954. 

Fermín llega a Reino Unido enrolado en un barco ruso, se casa y tiene un hijo

Los últimos años de Fermina no fueron años de paz. Durante la II República hubo grandes enfrentamientos entre la Gremial de armadores y los marineros, los obreros del mar que exigían mejoras laborales. Llegó a haber barricadas en la Calle Real. Según relata en ese artículo su nieto, hubo una decisión adoptada por la Gremial, posiblemente algún acuerdo para zanjar el conflicto con los marineros al que Fermina se opuso y eso derivó en un proceso judicial y una condena, pero en lugar de ir a prisión fue recluida en el Hospital de los Dolores porque estaba enferma, y allí falleció.

Luis Moreno, investigador sobre la historia de la pesca en Lanzarote, dice que “tuvo que ser una mujer con mucho dinero” y que en los papeles siempre aparece nombrada ella, no su marido, algo poco habitual en aquella época. Aporta varios telegramas que se conservan en el Archivo de Arrecife.

Son mensajes de septiembre de 1931 entre el delegado del Gobierno en la Isla y el gobernador civil en Las Palmas. En uno se habla de una reunión del gremio de marineros y el comité ejecutivo tras la que llegaron a un acuerdo. El telegrama dice que Antonio Márquez y José Toledo no son modestos armadores, “sino de los principales y de igual categoría que doña Fermina Santana”. Y se da a entender que ella ya estaba despachando al precio convenido y los demás, no. El delegado pone en valor que los marineros habían reducido sus pretensiones “con lo que queda demostrado que la intransigencia es de parte de los patrones”. En otro telegrama, con el mismo remitente y destinatario, se dice que la huelga “continúa pacífica siguiendo gestiones armadores Fermina Santana (sic) que probablemente darán resultado satisfactorio”.

Imagen antigua del Islote de Fermina. Foto: Elza y Nick Wagner.

Naufragio

A pesar de las contradicciones, esta es la parte de la historia más clara. La dispersión de la familia de la que hablaba Yasmín no se produjo por la muerte de Fermina. O no solo por eso. El episodio que relata Yasmín tiene más sombras que luces y tuvo que ocurrir en los primeros años de la posguerra.

Poco después de la muerte de Fermina ocurre otra desgracia. Gervasio, uno de sus hijos, patrón de uno de los barcos, sale a la mar con su hijo Fermín, apenas un niño o un adolescente. Según el relato de Yasmín, se encuentran con un temporal y desaparecen. Les dan por muertos e incluso se llega a oficiar una misa por su fallecimiento. 

La madre de Yasmín conservó algunos recuerdos y relatos de su infancia

Sin embargo, no murieron. El relato familiar los sitúa en Dakar, capital de Senegal. Ya fuera por el temporal o de forma voluntaria por motivos desconocidos, parece que el barco llegó hasta allí, y después sus caminos también se separan. Fermín llega a Reino Unido enrolado en un barco ruso, se casa y tiene un hijo, que después se cartearía con la madre de Yasmín, su prima, y le enviaría algunas fotos.

Algunos datos parecen corroborar esta historia. O parte de ella. En un registro sobre matrimonios de Reino Unido aparece el nombre de Fermín García González, que es como se llamaba el niño, casado en 1950 en el distrito de Paddington con una mujer cuyo apellido sería Papandoulos o Beckett, tal y como figura en ese listado.

Gervasio también aparece, pero mucho más tarde, en casa de su hija Mari en Tenerife. Lo hace con setenta u ochenta años y enfermo de tuberculosis, y muere poco después. Está enterrado en esa isla. Su aparición podría haber arrojado luz sobre su historia, pero sí fue así, no llegó hasta hoy. “Si dio explicaciones, quienes lo sabían eran los mayores y por lo general esas cosas no se contaban en la familia”, señala Yasmín que dice que nunca ha llegado a saber dónde estuvo.

Historias

“Es una historia que cuenta mi madre desde que yo era una niña, desde que tengo uso de razón”, dice Yasmín, que relata que la desaparición de su abuelo Gervasio fue el detonante para que su madre se fuera, con una hija de pocos años de edad (la madre de Yasmín, nacida en 1937 con el nombre de Fermina del Río) a vivir a Las Palmas en busca del apoyo de su familia, que tenía varias panaderías. 

Su madre conserva algunos recuerdos de infancia y algunos relatos de su propia madre. “Mi abuelo la subía a piola y le llevaba a un islote y le decía que era de ella, eso es lo que mi madre me cuenta”. También recuerda una historia de uno de sus tíos, que era sonámbulo y cuando se levantaba por las noches, sus abuelos no lo despertaban, porque decían que era malo, pero según tocaba la orilla del mar se despertaba. Y aunque Yasmín no sabe en qué lugar de la Isla ocurría esta historia, podría haber ocurrido en la zona de la pescadería, donde vivió doña Fermina.

También le contaron que su abuela se quemó y no pudo dar el pecho a su hija y su madre se crio con leche de burra, porque tenían esos animales para trabajar en unas salinas que también eran de su propiedad. Y sabe que, además de a Arrecife, estaban ligados a Haría, donde nació su madre, a la que le añadieron Del Río en el nombre por el brazo de mar entre Lanzarote y La Graciosa, y que se contaba que guardaban animales en los Jameos del Agua.

La fortuna o las propiedades de la bisabuela también se dispersaron, o quizás se concentraron. Dice Yasmín que su madre recibió una vez una llamada telefónica porque se iba a producir un reparto pero esa historia tampoco se completó. “En ese momento mi padre estaba enfermo del corazón y no lo podía dejar solo, y yo estaba en Venezuela, así que no fue”. Y también cuenta que en otra ocasión tuvo un contacto con algún supuesto familiar, que negó que formaran parte de la familia. Luego siguió la dispersión. La abuela, la esposa de Gervasio, murió de forma repentina de una subida de tensión y después su madre se fue a Venezuela junto a un tío. “Cada uno coge un rumbo”, resume.

“Mi madre tenía dos ilusiones antes de fallecer, me pidió dos cosas -explica Yasmín- . Una era que fuera enterrada con su madre, que logramos hacerlo y la otra era que ella quería arreglar sus papeles y quería saber qué había pasado”.

Comentarios

Chiquito ARMATOSTE de puerta oxidada e hiperpesada han puesto ... el dia que se rompa veremos a quien aplasta.. Menudo arquitecto

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