0 COMENTARIOS 09/03/2026 - 07:55

¿Qué hacía un canario en un campo de concentración nazi? El propio autor se lo pregunta, y su misión consiste en responderse, investigando y escribiendo. Son cinco los que protagonizan el libro de Pedro Mayo (Los cinco de Mauthausen. Lanzaroteños en campos de concentración nazis, de la Editorial Caballos azules) pero fueron muchos más los que huyeron del franquismo en Lanzarote y corrieron suertes diversas.

Bajo la premisa de que en Canarias no hubo guerra, porque no hubo frente de guerra, se esconde la tentación de pensar que tampoco se notaron los efectos, más allá de los evidentes de 40 años de dictadura. Pero en Lanzarote hubo víctimas: entre muchas otras, pescadores y marineros que huyeron a África y les cayó en peso la historia más negra de Europa. 

Fueron muchos. Unos 800 canarios, muchos de ellos lanzaroteños. De los cinco de los que se ocupa el libro, Domingo Cedrés, Pedro Noda, Domingo Padrón, Rafael Arrocha y Jacinto Morales, los cuatro primeros eran pescadores y el quinto marinero en el vapor Viera y Clavijo, protagonista de la fuga más sorprendente de la época, que llegó a Dakar con más de 150 personas a bordo.

Ellos y otros ya pasaron por su primer campo de concentración en Port Ettiene, y después en las playas del sureste francés, en muy malas condiciones. Antes, algunos habían luchado en la Guerra Civil, incluida la Batalla del Ebro, y después, en varias batallas de la Segunda Guerra Mundial, para acabar en los campos de concentración nazis y encontrar la muerte. 

Cuando piensen que tienen un malo día, acuérdense de esta gente. El autor ha podido contar con la colaboración de los descendientes de Pedro Noda, pero nada más. Ha localizado a otro descendiente, que no quiere hablar, y no han aparecido más familiares que, aparentemente, sepan algo.

Si estas historias surgen ahora y no antes es porque hubo muchos años de silencio impuesto y otros tantos de silencio inducido. Pero el silencio, siempre cómplice de la mentira, continúa. Una vez que se instala es difícil de romper.

Quizá no sea necesario gritar, pero si tienen la oportunidad, no se callen.

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