SOCIEDAD

El vuelo de Aurelio Pérez

El jardín de este artesano de la piedra en su taller y residencia de Haría es la mejor exposición de su obra, donde conjunta formatos de gran tamaño con otros de menores dimensiones

María José Lahora 0 COMENTARIOS 03/08/2020 - 07:15

Aurelio Pérez de la Cruz conoce la piedra desde que se dedicaba a la edificación de muros. Tras la crisis de 2008, decidió concentrar sus esfuerzos en la artesanía. Más de una década después y de vivir una nueva crisis, cuenta con taller propio, un puesto en el mercado de Haría y una cartera de clientes que le permite dedicarse al oficio artesano que tantas satisfacciones le está dando.

Asegura que en los meses del estado de alarma por el coronavirus ha seguido atendiendo encargos e incluso emprendido nuevas iniciativas, como la diosa Tara, que está esculpiendo en una piedra de más dos metros de altura con la que ampliar el jardín de su finca que, a modo de exposición al aire libre, puede visitarse en Haría.

Aurelio Pérez ha trabajado también la cerámica y el barro, pero se inclina por la artesanía en piedra. En el mercado de Haría es conocido por sus peces de piedra que, ocho años después de su primera incursión, continúan teniendo una gran demanda. Estos pescaítos son solo una muestra del buen hacer de este artesano.

Las piezas de mayor tamaño pueden contemplarse en su taller, ubicado en una finca del municipio norteño, donde también reside y cría a sus ejemplares de cabras, ovejas y gallinas. Pasa casi todo el día en estos terrenos que ha ido ampliando a lo largo de los años y donde también elabora su propio queso o tuesta el millo que más tarde molerá en San Bartolomé.

Aurelio insiste en que le gusta “lo tradicional”. Por eso también quiso construirse un horno para cocer el pan o asar la carne de sus corderos. Proviene de una familia de carniceros del norte de Lanzarote, pero a él le atraía más la piedra de afilar que el cuchillo.

De su madre aprendió a elaborar los quesos, que le remontan a su niñez y para cuya elaboración ha confeccionado su particular pinta de piedra, que ha sido también un buen reclamo de su obra artística, tras recibir varios encargos para que esculpa nuevas piezas de quesería.


Aurelio Pérez en su jardín escultórico.

En su oficio como artesano comenzó con el encargo de un par de diseños de raspa para La Graciosa, que dio paso a los peces en piedra que le distinguen en su puesto del mercadillo de Haría.

Una visita a su taller-residencia es un descubrimiento. La vista se dirige a un jardín que preside una fuente, junto a un mortero gigante y una artesana piedra de afilar que, impulsada por una manivela, recoge el agua del recipiente para poder realizar su función. Como si de una noria se tratase, un pequeño perenquén, adherido a la piedra, parece disfrutar de la experiencia del giro.

Estas creaciones comparten escenario con dos esculturas que simulan abejas, con un armazón confeccionado con tres tipos de piedra distintos acompañado de antenas y alas metálicas que se agitan con el viento.

Uno de estos insectos voladores fue creado a partir de un muelle de un antiguo reloj de cuco. Dar vida a piezas en desuso es otro de los motivos que le llevaron a dedicarse a este oficio, como lo demuestra la pieza náutica que ha aprovechado para confeccionar la mesa del jardín. Aurelio proyecta remozar este espacio para su apertura al público en un futuro.

Otro de sus objetivos es disponer del carné de maestro artesano, para enseñar a las nuevas generaciones, como su propio hijo de 21 años que ha mostrado gran interés por continuar con el oficio paterno. “Como él hay muchas personas que precisan de una formación adecuada para convertir esta labor en una profesión, en lugar de tener que dedicarse forzosamente a sectores como la hostelería”, comenta.

“Es difícil encontrar a jóvenes trabajando la artesanía en piedra, al igual que ocurre con la cestería. Es importante que estos oficios no se pierdan”, añade el artesano.

Confía en que para la próxima convocatoria de noviembre pueda demostrar su experiencia y valía, con los años de oficio y presencia en ferias, para la obtención del documento acreditativo que le autorice a la realización de cursos.

Palmera de piedra

Una idea que le ronda por la cabeza es diseñar una palmera de piedra con ramas metálicas de varillas de obra, que aportarán gran movilidad a la escultura, a modo de juguete del viento, destinada a presidir alguna de las rotondas del municipio.

También está en estudio proponer al Ayuntamiento de Haría el cambio de los actuales paneles indicativos, en los que se inscribe el nombre de las distintas localidades del municipio, por otros confeccionados en piedra con diseños representativos de las mismas, como el pez para Arrieta, las jareas en Órzola, el volcán para Ye, la tunera en Mala o la palmera para Haría.

Su obra puede disfrutarse en varios establecimientos comerciales y casas rústicas. Ejemplo de ello son los lavamanos, como el de la pastelería de Tahíche, el mural marino del spa de Puerto Calero o la veintena de maceteros de piedra de basalto en la escalera de ascenso al molino del Jardín del Cactus. Los grills del restaurante La Corona, realizados también con basalto, para marcar la carne son otro ejemplo.

Lo último en lo que trabaja es una pila destiladera de grandes dimensiones con destino al Monumento al Campesino y un artesanal caldero o cuenco de piedra volcánica para servir que viajará a Barcelona por encargo de un primo suyo tras quedarse prendado del artilugio en un restaurante de Madrid.

En su taller muestra otra de sus últimas creaciones: el marco de un espejo con grabados simulando también un pez, confeccionado con recortes de piedra y una mezcla de resina y polvo de piedra que le permiten conferir a la pieza una textura que asemeja piedra natural.

La materia prima para sus obras, como las que conforma el insecto volador de su jardín, es la toba o barro fosilizado, el rofe fosilizado y el óxido de hierro, que puede provenir de zonas como las Nieves. “La piedra, en sí, es complicado conseguirla”, señala. Quizá adquiriendo un camión entero del que tendrá que hacer más tarde una selección o aprovechar las que emplea para la fabricación de muros, labor que desempeña aún de manera ocasional.

A este artesano le gusta desconectar de su trabajo disfrutando de una jornada de pesca en Caleta del Mero. La presencia de una zódiac y un pequeño bote en el porche de su residencia dan fe de ello.

Añadir nuevo comentario