Premio Referente de la Biosfera

Domingo Concepción: “El equilibrio entre la conservación y el disfrute de los espacios es posible”

Foto: Felipe de la Cruz.
M.J. Tabar 1 COMENTARIOS 10/08/2017 - 07:39

Especialista en censar aves, anillador experto, activista social, agricultor ecológico, quinto de una familia de nueve hermanos, divulgador en Facebook, explorador incansable de la naturaleza... En octubre, Domingo Concepción (San Bartolomé, 1959) recibirá el Premio Referente de la Biosfera por haber dedicado su vida a comprender y defender la biodiversidad de Lanzarote.

Pasó su niñez en el barrio del Morro (San Bartolomé) en una casa con forma de u, patio central y aljibe de piedra volcánica, donde once personas vivían en armonía con un camello, un burro, cuatro cabras, tres ovejas, un cochino, veinte gallinas y unas cuantas palomas. Sus padres eran agricultores medianeros y estaban obligados a entregar la mitad de su producción al propietario de la finca, así que “tuvieron que mantener a dieciocho hijos en vez de a nueve”, dice Domingo.

“En casa no pasamos hambre pero sí ganas de comer”, dice. “No es un elogio de la pobreza -puntualiza- sino de la gente que se lo tuvo que currar”. Él dormía con sus hermanos sobre colchones de paja y las chicas, en otra habitación, con modernos colchones de resortes. Desde que supo caminar, Domingo ya estaba mirando las palomas. “Todo lo que volase me ponía a verlo”. Pronto aprendió a encaramarse al palomar con facilidad y se ganó el nombrete de El Araña.

Durante su infancia adquirió sin saberlo muchos conocimientos: el uso medicinal de algunas hierbas (la piterilla cicatrizante y regeneradora que le aplicaba su madre en las quemaduras, la ortiga para los males respiratorios…), fundamentos de ornitología como que el corredor sahariano, “que hoy está al borde de declararse en peligro de extinción”, llega a la isla entre marzo y abril, cuando se ahoyan los campos y salen bichos que le sirven de alimento…

Otra cosa que aprendió en el campo es a conocer la hora por la posición del sol. “Lo más que fallábamos era en diez minutos. Y presumíamos de eso”. Aprendió también a criar batatas, calabazas, sandías y melones en el jable, y a ocuparse de las sementeras sabiendo que El Quintero es uno de los mejores suelos para cultivar grano: “Tiene arcilla de muy buena calidad y una capa de piroclastos de erupciones anteriores a Timanfaya; es un terreno muy productivo pero también hay que escardar mucho para matar las malas hierbas”. También aprendió a hilvanar tela con pita, porque su madre también era maestra costurera. “Recuerdo que marcaba los patrones con jabón Lagarto”.

A su padre le encantaban los tomates, sobre todo de la antigua variedad ‘manzana negra’. “Conocía las relaciones entre los animales y el campo con un nivel de detalle exquisito”. Cuando los plaguicidas llegaron a Lanzarote en 1967, le dijo a sus hijos: “Antes a esto se le llamaba veneno”. Domingo ríe al recordarlo. “Decía que si mataba a los bichos, bueno para los cuerpos no podía ser. Son frases que cuando las oyes no caes en la importancia que tienen, te das cuenta conforme vas viviendo”. Y es que hasta hace 45 años la agricultura lanzaroteña “era íntegramente ecológica”, recuerda el biólogo lanzaroteño. “El guano se empezó a comercializar porque a las grandes potencias les sobraba nitrato de la fabricación de bombas durante la segunda guerra mundial. Un químico alemán descubrió que hacía crecer más rápido las plantas y en los años 50 el Instituto Nacional de Reforma y Desarrollo Agrario (IRYDA) hizo una campaña para promocionarlo. Aquí, como siempre, todo llega tarde: lo bueno y lo malo”.

Levantarse, desayunar, caminar para ir al colegio (de nueve a doce y de tres a cinco), y luego libertad para jugar. Cuando tenían clase, su única tarea era “echar de beber” a los animales pequeños. “Sabíamos cuando venía mi padre desde un kilómetro antes porque las cabras olían al camello o al burro donde él venía montado y se ponían inquietas”. Antes, recuerda Domingo, cada chiquillo tenía su dominio vital. Uno se dedicaba a coger guayabos, otro a otra cosa y él, a trotar detrás de los pájaros por El Quintero y el volcán de Majina, para comprobar si lo que decía su padre era cierto. Ahí se ganó el nombre de Minguillo el de los pájaros.

Siempre fue un gran caminante. A los 9 años vio por primera vez un chorlitejo patinegro. Siguiéndolo llegó sin darse cuenta hasta el final de la playa de los Pocillos. “Cuando me lograron encontrar, apunté todos los nidos que había visto en un papel de estraza que me dejó mi madre”. Fue su primer trabajo de campo: “1.3 significaba primer nido con tres huevos, 2.2p, segundo nido con dos pollos y así”. Con 13 años quiso ir a Haría para ver halcones y también se despistó. Como se le pasó la guagua de regreso, volvió a pie, de noche, por Malpaso.

A su madre le gustaba leer los clásicos de Shakespeare y Dostoievski y transmitió a sus hijos la afición por la lectura. El Domingo adolescente ya tenía claro que quería estudiar Biología. Se reafirmó gracias a una entrevista a Félix Rodríguez de la Fuente y a un biólogo extranjero que leyó en un tebeo de ‘Pulgarcito’. Pensó: “Yo quiero hacer lo mismo”. Eso hizo. En 1977 marchó a la Universidad de La Laguna a estudiar con una beca de 60.000 pesetas y un equipaje muy ligero. “Había muy buenos profesores entonces, jóvenes, era una época de repunte, habíamos salido del franquismo…”. Quiso especializarse en Zoología pero se topó con una ristra de nombres por memorizar y se cambió a Bioquímica. “Para aprender nombres están los libros. A mi me interesaban mucho más las relaciones de los seres vivos con el medio.”.

Fue uno de los primeros biólogos especialistas en sistemas y censos. Su primer trabajo le llevó a recorrer de arriba abajo la caldera de Taburiente (La Palma) para estudiar la población de arruí (‘Ammotragus larvis’), una fornida oveja montañesa originaria del Atlas marroquí. Pasaba seis días seguidos pateando, con la mochila cargada con la comida para la semana, el camping-gas y la sartén El día libre, ya descansando en Los Sauces, la gente veía sus fotos y quería ir a conocer aquellos rincones. Así empezó con las caminatas.

Entre 1987 y 1991 hizo su primer trabajo estudiando la avifauna del Parque Nacional de Timanfaya. En estos años también desarrolló el trabajo del que “más orgulloso” se siente: el ‘Atlas Ornitológico de Aves Nidificantes de Lanzarote y sus Islotes’. Dividió la superficie insular en cuadrículas de 2,5 kilómetros para investigar cada una de ellas, algo que le permitió vivir sensacionales experiencias en la naturaleza, como las 102 noches que durmió en Alegranza, Montaña Clara, el roque del Este y el roque del Oeste, los cielos rasos, las estrellas, la soledad y los quince metros que tuvo que nadar, sin saber siquiera flotar, para huir de un temporal y beber agua.

“Me cortaron las alas por estar en El Guincho y ser coherente con mi forma de pensar”

En los años 80 y 90, preocupado por el desarrollismo urbanístico y el crecimiento turístico, empezó a colaborar con la asociación cultural y ecologista El Guincho haciendo excursiones y charlas. En 1997 escribió uno de sus primeros artículos divulgativos en Cuadernos del Guincho (‘Biodiversidad. Dossier Lanzarote’) y al año fue nombrado presidente del colectivo. Tocó luchar contra los campos de golf, el puerto deportivo Marina Rubicón, la Vega de Mácher, el radar de Montaña Blanca, la machacadora de La Degollada…

Su paso por el colectivo le pasó factura: “Desde 2003 me cortaron las alas por estar en El Guincho, por mis reivindicaciones y sobre todo por ser coherente con mi forma de pensar”. Al activismo actual le pone nota muy rápido: “Menos uno”, dice. “En todos los movimientos hay un componente natural de ciclos —reflexiona— pero… hay responsables que por su concepción los han abocado a ser sociedades unipersonales. Y a eso no hay derecho”.

¿Se están haciendo bien las cosas en divulgación? “Se investiga poco la biodiversidad. Faltan más publicaciones. Sé que hay gente que me acusa de no publicar algo divulgativo, pero yo trabajo como profesor y aquí se pagan las horas de clase y las tutorías, pero no las de investigación… y esas son obligatorias en un profesor universitario”, señala.

¿En qué situación están las poblaciones de aves en Lanzarote? El herrerillo, asociado a los árboles frutales, “ha decaído” como todos los pájaros asociados a espacios agrícolas. El necrófago guirre dejó de verse hace seis años, “pero por suerte están llegando desde Fuerteventura algunos ejemplares y ya hay tres parejas asentadas”. También hay colonias de aves marinas como la pardela y el halcón de Eleonor que han mejorado”. Otros, como el halcón tagarote han aumentado su población alimentándose de las palomas que pierden los aficionados a la colombofilia. “Creo que es posible encontrar el equilibrio entre la conservación y el disfrute de los espacios, pero para eso hace falta gente que tenga conocimiento sobre cómo gestionar los espacios y la biodiversidad, hacen falta medidas y buena divulgación”.

“Hasta hace 45 años la agricultura lanzaroteña era íntegramente ecológica”

¿Cómo ha evolucionado la isla en estos últimos quince años? “Algunos aspectos se han abandonado: están los quads que generan cantidad de polvo y daños, y las montañas cada vez tienen más caminos nuevos abiertos, porque todo el mundo quiere subir en 4x4; también hay un repunte en la presencia de basureros...”. Domingo opina que falta vigilancia y que se está investigando “poco” sobre la biodiversidad, “al menos no lo suficiente”. También lamenta que empresas públicas como Tragsa no sean más transparentes en la adjudicación de proyectos. Como miembro del Observatorio de la Reserva de la Biosfera cree que el nivel de debate es inferior al de antes. “Creo que la Reserva necesita más autonomía o más presupuesto”.

Cofundador de la Sociedad para el Estudio de los Cetáceos en el Archipiélago Canario (SECAC), ha impartido más de 200 charlas a lo largo de su vida profesional, ha asesorado a la Sociedad Española de Ornitología (SEO) y ha participado en la redacción de varios planes de usos y gestión de territorios protegidos como Los Ajaches, el Barranco de Tenegüime, Malpaís de la Corona o Jameos del Agua.

También ha elaborado estudios de impacto ambiental para instituciones (la finca de los Lajares del ayuntamiento de Haría) y empresas privadas (el centro de visitantes de Salinas de Janubio), ha diagnosticado el estado de los espacios protegidos de Lanzarote y ha estudiado la flora vascular de Timanfaya. En 2015 oficializó con su proyecto ‘Volcano Birds’ una pasión y un trabajo que ejerce desde los años 80: hacer caminatas a pie para leer en voz alta el paisaje. Una vez a la semana, guía a caminantes de todas las edades y procedencias que quieren descifrar la isla. A veces, son turistas que viajan en ruta ornitológica por Miami, la Antártida, Namibia y Canarias, para ver aves marinas y a los singulares ejemplares estepáricos que viven en llanos a los que no se da ninguna importancia.  

1 Comentarios

Bravo!! Aprender por la experiencia... Enseñemos, divulguemos... la raza humana viviendo en grandes ciudades o en pueblos pero imitando a las grandes urbes está destrozando el Medio Ambiente. Mas cultura para conservarlo.

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