Ciudades que abrazan
El ciclo ‘Urbanismo de los Cuidados’ desglosa la multiplicidad de miradas que confluyen en la búsqueda de espacios más habitables y seguros para las personas
Repensar la ciudad de Arrecife para hacer de ella una digna capital de la Reserva de la Biosfera de Lanzarote, sin tener que dinamitarla y empezar de cero; definir los elementos clave a tener en cuenta, las estrategias más eficaces, las disciplinas científicas y culturales que deben intervenir para el mejor resultado; contar con toda la información, todas las perspectivas, todas las voces.
El desafío no es pequeño pero desde Sinergias In & Out, iniciativa empresarial que lidera el lanzaroteño David de la Hoz, se han puesto en marcha para abordar y promover la transición a una capital más justa, humana y preparada para los retos climáticos, a través del ciclo de conferencias denominado genéricamente Urbanismo de los Cuidados. La propuesta de reflexión y sensibilización ha sido patrocinada por la Reserva de la Biosfera del Cabildo de Lanzarote y el Ayuntamiento capitalino.
Según defiende su promotor, el objetivo de la actividad “es construir una visión global de cómo podemos transformar una ciudad Reserva de Biosfera, como es Arrecife, con la participación de la ciudadanía. Y por supuesto, que los actores institucionales y políticos puedan nutrirse de alguna forma con estos contenidos”.
Asegura que los cuidados siempre se han asimilado con el aspecto más próximo a la persona, los ámbitos familiares y las relaciones sociales, “pero las ciudades deben ser objeto y proveedoras de cuidados, porque los entornos nos condicionan, el planeta nos condiciona, los espacios urbanos nos condicionan y nuestro mundo interno también nos condiciona. De eso se trata: de construir ciudades amables para seres amables”.
De la Hoz: “Las ciudades deben ser objeto y proveedoras de cuidados”
El urbanismo del cuidado se plantea en esta propuesta como una respuesta integrada y contextualizada a los retos globales desde lo local, “una forma de habitar que reconoce la vulnerabilidad como condición compartida y que se articula en torno a tres dimensiones clave: la ecología del territorio, la sostenibilidad social y la cultura del habitar”.
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Tres sesiones
En su primera sesión, pasaron por la Casa de la Cultura Agustín de La Hoz la ingeniera Sara Perales, una de las mayores expertas en técnicas de drenaje sostenible, que trató del concepto de ciudad esponja, y Cristina Suárez, licenciada en filosofía y experta en procesos de participación vinculados al territorio y al espacio público, para la creación de comunidades y ciudades sostenibles y resilientes. Esta primera cita marcó el inicio de un ciclo de nueve jornadas, que se celebrarán hasta finales de 2026, con temas como refugios climáticos, biodiversidad urbana, urbanismo feminista, participación ciudadana, salud urbana y soberanía alimentaria.
En la segunda jornada, la ingeniera de la Energía y máster en Ciudad y Arquitectura Sostenibles, Susana Clavijo, abordó las respuestas a la pobreza energética, y el naturalista y fundador de la asociación ADACIS, Ezequiel Navío, habló de refugios climáticos y de la necesidad de configurar y desarrollar planes específicos ante la previsible subida de temperaturas en el planeta.
Ambos ponentes coincidieron en la importancia de la “escala de barrio” como punto clave para implementar soluciones efectivas, y llamaron a la acción sobre la necesidad de transformar los espacios públicos en “oasis climáticos” y de fomentar la colaboración entre la ciencia, la administración y la sociedad para construir ciudades más amables y resilientes.
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Raquel Martín, fisioterapeuta: “La accesibilidad no puede ser una limosna para la movilidad reducida”
Cerraron las conferencias correspondientes al año 2025 la filósofa y experta en bioética Carmen Madorrán, quien recordó que todas las existencias, humanas y no humanas, dependen del cuidado, e invitó a imaginar ciudades que protejan, acompañen y sostengan la vida en todas sus formas; por su parte, Carolina Yacamán, geógrafa y licenciada en Ciencias Ambientales, analizó el actual modelo alimentario global y sus impactos en el territorio, la salud y la desigualdad.
La jornada incluyó además un taller con alumnado de 4º de la ESO del IES Blas Cabrera Felipe, donde se trabajó la Rosquilla de Raworth, que sitúa los nueve límites planetarios y permitió que los propios estudiantes definieran el suelo social necesario para garantizar una vida digna.
De cara al año 2026 están previstas seis nuevas convocatorias con ponentes de primer nivel de la investigación nacional, quienes tratarán asuntos como la biodiversidad positiva en la ciudad (reintroducción de flora y fauna nativa en el entramado urbano; diseño de corredores verdes, tejados vivos, compostaje comunitario y sistemas de agricultura urbana regenerativa); el urbanismo feminista, interseccional y centrado en la vida cotidiana; el papel del arte, la cultura y la educación en la activación y resignificación de los espacios; la participación ciudadana en la construcción de las ciudades; la salud física y la salud mental en los entornos urbanos, y las ciudades Reserva de la Biosfera.
Ciudades excluyentes
La filosofía de la ciudad compartida en usos y habitabilidad no es nueva; desde la segunda mitad del pasado siglo, feministas, pedagogos y urbanistas han puesto la mirada en la forma excluyente en que las ciudades están estructuradas.
La presidenta de la asociación social y cultural para las mujeres Mararía, Nieves Rosa Hernández, apunta a la perspectiva de género como un valor necesario del nuevo urbanismo, que parte de la idea de que las ciudades no son neutrales, sino que han sido históricamente diseñadas desde una mirada masculina que privilegia la órbita pública, los desplazamientos en vehículo privado y la centralidad del trabajo remunerado.
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Nieves Rosa Hernández, de Mararía: “El feminismo reclama que las ciudades se adapten a los cuidados”
“El feminismo reclama que las ciudades se construyan o adapten a la cotidianidad de los cuidados, a los recorridos a pie y a las necesidades de accesibilidad y seguridad que afectan de manera diferenciada a mujeres, mayores, menores y personas con discapacidades. Desde un alumbrado viario adecuado a instalaciones públicas, parques, centros sociales y sanitarios, o aceras con rebajes y pasos de cebra suficientes, todo contribuye a evolucionar la experiencia de la habitabilidad urbana hacia la inclusividad a la que todas las personas tenemos derecho”.
En la misma línea se manifiesta la fisioterapeuta Raquel Martín, quien aterriza la abstracción discursiva en la ciudad de Arrecife. Conoce bien los incumplimientos generalizados a una Ley de Accesibilidad Universal cuya implementación, según asegura, “beneficia a todo el mundo, no solo a las personas con movilidad reducida, para quienes el ejercicio de este derecho no puede ser una pequeña limosna de territorio”.
El listado de incumplimientos es desmedido y va de la ausencia total de itinerarios peatonales seguros y accesibles que conecten con los centros educativos, a los entornos de los edificios públicos, en los que el Hospital Doctor José Molina Orosa reina por sus niveles máximos de inaccesibilidad. “Y a eso hay que sumar el incivismo de las personas en relación con los aparcamientos PMR”, añade.
La fisioterapeuta, especializada en tratamientos a pacientes con discapacidades, considera que, en general, las acciones que se toman para facilitar la habitabilidad urbana a este grupo de población son la excepción que confirma la regla “y pocas veces van más allá de aceras rebajadas exclusivamente frente a pasos de cebra, que obligan a transitar muchos más metros de los necesarios. Los parques infantiles tienen plataforma única pero los columpios no permiten su uso con silla de ruedas, las calles son estrechas, están llenas de baches, losas levantadas...”. Insiste en que la accesibilidad no es una exigencia ventajosa solo para personas con movilidad reducida, sino que favorece a personas mayores, a quien empuja una silla de bebé o un carro de la compra, a cualquiera que desee pasear por el espacio público sin riesgo a un tropezón o una caída.
“Si hablamos de urbanismo de cuidados, de ciudades inclusivas y habitables, debemos empezar por garantizar que cualquier persona pueda disfrutarlas en igualdad de condiciones y sin riesgos para su salud”, remacha.
Capital de la Biosfera
Como la realidad es obstinada y se empeña en no dejarse distraer, a las voluntariosas conferencias organizadas por Sinergias In & Out les ha seguido una tormenta de nombre Emilia, que, de nuevo, ha expuesto las vergüenzas de Arrecife. Y no hay optimismo teórico que sobreviva a tratar de atravesar un charco de aguas fecales cuajado de toallitas para llegar a casa, en cuanto caen cuatro gotas. Por no hablar del despilfarro de agua de lluvia, que viene del cielo, saludable y limpia, para acabar en el océano, de donde será extraída de nuevo para su muy costosa desalación.
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Juan Palop, arquitecto: “El agua nos está pidiendo que la pensemos desde la periferia, desde Argana”
De propuestas sobre el papel, sin respuesta práctica definitiva, sabe mucho el arquitecto y urbanista Juan Palop, autor del proyecto Caminos del agua, en el marco del programa Arrecife, capital de la Biosfera, quien considera que, en Canarias en general, no hemos aprendido a habitar los litorales: “Leo en la prensa que El Reducto, una de las playas urbanas más interesantes del Archipiélago, se cerró en octubre. Todo lo que hagas mal en un litoral, acaba con el mar resolviéndote el problema”.
Y continúa: “Arrecife lleva tozudamente negándose a replantear toda su gestión de las pluviales, pese a que se trata de una ciudad árida que se inunda dos o tres veces al año por la adopción de soluciones convencionales que van contra la naturaleza, a base de alcantarillas; cuando en la naturaleza no hay inundaciones, porque los suelos tienen capacidad permeable para absorber y los barrancos y barranqueras para canalizar el agua hasta el mar”, señala.
En su proyecto Caminos del agua, Palop propone intervenciones de biourbanismo consistentes en reconstruir las escorrentías naturales y aprovecharlas “para que el agua de lluvia no solo pueda infiltrarse o circular sino también almacenarse, como se hacía antiguamente en Arrecife”. El urbanista ha ideado un sistema de infraestructuras hidráulicas bajo parques lineales, que funcionarían como espacios libres: “zonas de sombra, verdaderos oasis urbanos que conectarían los barrios entre sí y con la costa”.
Desde un punto de vista social, el arquitecto denuncia la costumbre burguesa de empezar las actuaciones desde el litoral, donde viven las clases es más privilegiadas, “cuando el agua nos está pidiendo que la pensemos al revés, desde la periferia, desde Argana, que es la zona más desprotegida”. Su proyecto incorpora un parque de biorretención entre ese barrio y la planta de Zonzamas, que funcionaría como una primera esponja para proteger de forma natural la ciudad y respondería al mismo tiempo a la falta histórica de zonas verdes en Argana. “Pues nos estamos empeñando en reservar ese espacio para poner un parque fotovoltaico”, critica.
Según su criterio, Arrecife necesita ser pensada de forma holística, combinando las dinámicas hidráulicas, las necesidades de espacio público, las posibilidades de refugios climáticos y la movilidad “y necesita, además, una clase política generosa, que sea capaz de pensar en plazos superiores a cuatro años y que quiera dejar una buena herencia”. Y añade: “Es fascinante ver en la distancia como, año tras año, la política se muestra perpleja ante las inundaciones, como si aquello fuera la erupción de un volcán, como si fuera algo irresoluble, que no va con ellos”.

















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