Casas modulares en Lanzarote: ¿la respuesta ante la crisis de vivienda?
Con un mercado cada vez más disparado, con precios de venta que han llegado a superar los 4.000 euros por metro, nuevos modelos de construcción aparecen como alternativa
Las Islas tienen un problema de vivienda. No es una novedad, pero sí una realidad que no parece tener solución a corto plazo. La escasez de oferta choca frontalmente cuando se sabe, según los últimos datos actualizados del Instituto Nacional de Estadística (INE), que hay más de 200.000 viviendas vacías en el Archipiélago, de las cuales 20.012 se encuentran en Lanzarote. El modelo tradicional parece una opción cada vez más prohibitiva, con un precio para la autoconstrucción que ronda los 2.000 euros el metro cuadrado, según fuentes del sector, que se aproxima más a los 3.000 euros cuando se compra la vivienda terminada. Eso de media, porque en municipios como Tías se han llegado a superar los 4.000 euros por metro, según Idealista. Ante este panorama, una nueva vía, quizás desconocida para muchos, aparece: las viviendas modulares.
Este tipo de vivienda, en realidad, no es nuevo, pero ahora se están dando los elementos para que esté en auge. Hace más de una década, el arquitecto italiano Claudio Malnati, con su empresa Biohome Lanzarote, construyó una vivienda modular con contenedores marítimos donde la eficiencia energética, la reducción de costes y el tiempo en ejecución se presentaban como claves del proyecto. Un modelo que ya abrazan incluso universidades como la de La Laguna, que ahora plantea un modelo de urbanismo modular como una alternativa para paliar la falta de oferta alojativa entre los estudiantes. Sin olvidar que ya el propio pleno del Parlamento de Canarias aprobó por unanimidad en septiembre de 2025 una proposición no de ley de Coalición Canaria en la que se instaba al Ejecutivo regional, en colaboración con las dos universidades canarias, a diseñar e implementar campus modulares para estudiantes.
Ahora en Lanzarote, y gracias a la viralidad que ofrece TikTok, ha ganado repercusión la empresa Construclan, que acumula ya 139.000 seguidores y cerca de 400.000 “me gusta” en una cuenta donde comparten su modelo construcción de viviendas modulares. Al frente está Moisés Candón, que es de Huelva y trabajó como soldador y fontanero. A sus 33 años comenzó la carrera de ingeniería industrial en la universidad de su ciudad y desde hace 12 años está afincado en Lanzarote. “Empecé montando instalaciones, eso me lleva a la construcción y monté mi primera empresa en 2017. Construclan la montamos hace dos años. Comenzamos con la construcción tradicional y vimos la posibilidad de construir más rápido, más eficiente y con menos carga y tensión en el vertedero de Lanzarote, pues lo traemos todo construido y no generamos tanto residuo”, explica el onubense sobre los pilares del modelo que defiende, del que destaca que son viviendas “totalmente eficientes”.
Aunque estas viviendas prefabricadas sean más económicas, los requisitos legales no varían respecto a la construcción tradicional. “El suelo tiene que ser urbano consolidado y tenemos que presentar proyecto técnico, certificación energética, estudios geotécnicos...”, señala Moisés, quien aclara que el procedimiento se realiza “como con cualquier vivienda”, con la diferencia del sistema constructivo. “Los acabados los hacemos con pladur y encalado por fuera. Nos ajustamos perfectamente al código técnico de edificación”, asegura, al tiempo que añade que todos los proyectos han sido visados.
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“Pioneros”
Para llegar a este modelo, el equipo de Moisés Candón estuvo un año “haciendo ensayos”, analizando los requisitos con arquitectos y técnicos municipales, recabando información y las pautas que había que cumplir. Este proceso los llevó a desarrollar un sistema del que presumen ser “los primeros en España”. “No hay ninguna empresa en toda España que lo haga como nosotros”, presume. Utilizan acero y fibra de roca, pladur y encalados con SATE (Sistema de aislamiento térmico exterior).
El metro de vivienda modular sale por 1.000 euros, la mitad de la tradicional
Esta empresa lanzaroteña diseña la vivienda con un nivel de personalización “máximo”, envía el diseño a una fábrica en la que tiene participaciones en China, con las especificaciones, planos y todas las medidas, “hasta la altura de los enchufes”, bromea el empresario, quien espera introducir la Inteligencia Artificial en futuros proyectos. Para llegar a este modelo vieron varios sistemas, asistieron a ferias de la construcción y optaron por la alternativa de comprar los módulos que vienen ya construidos para usarlos como estructura, como el esqueleto de la vivienda.
“La vivienda tarda alrededor de unos 45 días en fabricarse y luego alrededor de unos 70 o 75 días en ser transportada hasta el destino”, explica Candón. Una vez tienen el proyecto visado, trabajan con empresas autorizadas para presentar los certificados favorables en los ayuntamientos. También destaca el actual marco legal, con el Decreto Ley del año pasado para agilizar la concesión de licencias en Canarias.
Moisés señala que pueden entregar las llaves al cliente en un plazo de cinco o seis meses desde que contactan con su empresa. Cuentan ya con una docena de viviendas realizadas en Lanzarote y Fuerteventura, así como siete en Gran Canaria y nueve en Tenerife. “Ahora en cartera tenemos unas 50. Estamos esperando aceptaciones de hipotecas. Porque esto funciona con una hipoteca para autopromoción, como cualquier vivienda”, explica. “Lo único que hemos cambiado ha sido el sistema constructivo, pero es una vivienda normal, como cualquiera”, insiste. Además, resalta que la vida útil de las viviendas que pone sobre el terreno es de unos 50 o 60 años, “siempre que le hagas un correcto mantenimiento”, y matiza que utilizan estructuras de acero, que no hay cemento ni madera, y prácticamente todo es metálico.
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Moisés Candón, de la empresa Construclan. Foto: Adriel Perdomo.
Precio por metro
Uno de los aspectos más llamativos para el público es el coste de este tipo de construcciones. Por ejemplo, la empresa de Moisés Candón ha realizado viviendas de 40 metros cuadrados por 42.000 euros. Se trata del proyecto de menor coste, mientras que el mayor presupuesto que tienen en cartera es una casa de 234 metros cuadrados por 200.000 euros. Sin embargo, el tamaño inicial en este caso no importa, pues al ser modulares, esa primera casa de 40 metros cuadrados puede crecer en el futuro con la colocación de nuevos módulos.
El suelo debe ser urbano consolidado y necesita un proyecto visado
El precio de las viviendas modulares es a partir de 950 euros el metro cuadrado, IGIC aparte. Viene a ser la mitad que el coste de la autoconstrucción tradicional y una tercera parte de la compra de una vivienda nueva en el mercado inmobiliario. Moisés destaca que en el precio de las casas prefabricadas está todo “llave en mano”. “El comprador solo tiene que preocuparse de ver cómo avanza la obra”, afirma. Al margen del precio de la vivienda, el cliente tiene que asumir los tributos urbanísticos.
Sin embargo, este modelo también ha recibido críticas, en las mismas redes sociales donde se ha popularizado en los últimos tiempos. “El material para construir me sale más caro”, dice Moisés. “Por ejemplo, un metro de cuadrado de bloque es más barato que un panel de sándwich”, añade. “Y ofrezco mejores calidades de material, aunque tenga comentarios en redes diciendo que es un gallinero... Un gallinero con aerotermia, aires acondicionados, placas solares con 10 kilovatios de potencia, doble cristal, ventanas de aluminio con puente térmico de ruptura, filtros anti-UVA en todas las ventanas, mosquiteras, muebles de cocina, encimeras de cuarzo...”, enumera con tono irónico.
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Infografía.
¿Si el material es más caro, cómo se explica que el precio final sea más barato? La respuesta es sencilla, porque lo caro es hacer la vivienda aquí. “No necesito a ocho trabajadores con ocho sueldos, pagando ocho seguros sociales y ocho meses de impuestos, sino que pago un producto y lo coloco, al final lo que abono es el producto y en un mes y medio hago el remate final”, explica Moisés.
De hecho, esta reducción de costes y la eficiencia energética de las viviendas son los pilares del esquema empresarial de compañías como la de Candón. En las Islas, dice, “hay vivienda, pero la oferta es muy pequeñita”. Esto se traduce en que “la gente las vende caras o las destina al mercado vacacional, que ofrece un mayor rendimiento” que el alquiler de larga duración, señala. Junto a otros factores, como la inflación, han provocado una situación en la que, por ejemplo para una pareja joven, sea “imposible” ahorrar para la entrada de una vivienda tradicional, tal y como se encuentra el mercado. En este contexto, la vivienda modular emerge como una alternativa más económica, aunque hay otro elemento de la ecuación que tampoco es sencillo de conseguir ahora mismo en Lanzarote: disponer de un terreno urbano.

















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