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Argana existe

Argana es lo más y lo menos: es el barrio con más juventud, motor del cambio y de innovación, y con peores índices de empleo, sueldo, alfabetismo funcional e infraestructuras

Fotos: Manolo de la Hoz.
M.J. Tabar 3 COMENTARIOS 21/01/2019 - 06:37

En los años 90, algunos niños se insultaban al grito de “¡tienes menos luces que Argana!”. Más tarde, al barrio más joven y poblado de Arrecife le empezaron a llamar “Arganistán” porque el nombre se ajustaba a una realidad de descampados, ausencias y desperfectos. Argana empieza 2019 siendo un ejemplo de nefasta gestión municipal.

Son las 12.37 de un viernes muy concurrido, con tres cruceros atracados en el Puerto de Los Mármoles y un hormigueo de gente de muchas nacionalidades diferentes por el centro de Arrecife. Una turista de 67 años, recién llegada de Pamplona, pregunta a Google Maps por la mejor combinación de transporte público para ir hasta el colegio de Argana Alta, donde tiene una cita con su hija.

La aplicación no tiene ni idea de qué líneas de guagua se encargan de conectar el barrio con el casco histórico, así que le ofrece la opción de caminar los tres kilómetros y medio que separan el Puente de las Bolas del barrio más joven y poblado de esta pequeña ciudad. La señora no va a encontrar ni parques ni plazas en su trayecto, habrá aceras estrechas y un tráfico endemoniado que le acompañará con un botafumeiro de monóxido y dióxido de carbono, óxido de azufre y otras emisiones contaminantes. Su hija le manda las indicaciones de la aplicación Moovit, pero no se apaña. Al final, decide llamar a un taxi.

Yosleny Navarro no tiene esa opción. Gastarse dinero en taxis diarios no es algo que se pueda permitir cualquiera con los sueldos precarios de hoy. Ella acaba de sacarse el carné de conducir porque en Argana, su hogar desde hace tres años, “o tienes coche o te mueres del asco”. Lo cuenta mientras pasea con su perro por un descampado salpicado de latas de refresco aplastadas, folletos de publicidad arrastrados por el viento, cajetillas de tabaco, bolsas de plástico, tapones de botellas y una notificación de Correos que alguien se quedó sin leer.

“No hay ni un sólo parque”. Lo dice con la letanía cansada de quien lo ha visto publicado muchas veces en el periódico, sin que ninguna institución competente haga nada por cambiar la situación. “¡Si dijeran que no hay sitio! Pero mira…”, dice señalando otro llano. “En este barrio no hay nada: sólo la guagua para Arrecife y acaba a las nueve de la noche”.

Los vecinos de Argana hablan de Arrecife como lo que es: otro lugar, otro sitio más allá de la circunvalación, que ni les representa, ni les corresponde. Tienen un icono de cemento que se lo recuerda cada día. Se llama Palacio de Deportes de Arrecife, más conocido como Pabellón de Argana, una obra que costó a las arcas ciudadanas casi 13 millones de euros y que cerró en marzo de 2013.

Los vecinos de Argana hablan de Arrecife como lo que es: otro lugar, más allá de la circunvalación, que ni les representa, ni les corresponde

Cuatro niños han convertido la parte de atrás de esta obra abandonada en una plaza para jugar con la bici. A falta de hierba, un perro se revuelca en el suelo. La construcción de este pabellón está siendo investigada por la justicia. La juez que instruye el caso ha considerado acreditado que la constructora que finalmente se hizo cargo de la obra, FCC, pagó a la entonces alcaldesa de Arrecife, María Isabel Déniz, un viaje a Marruecos con su familia valorado en más de 17.000 euros.

¿Cuánto cuesta elaborar una plan de viabilidad económica, con su correspondiente periodo de exposición pública y un concurso que decida la empresa que gestionará el espacio? En Arrecife ha costado seis años de burocracia. El pasado mes de marzo, el Ayuntamiento adjudicó la explotación del pabellón a la empresa Clece y achacó a la presentación de recursos y alegaciones que el trámite durase “más de lo previsto”. “Es un cachondeo”, dice un hombre que se mueve en una scooter eléctrica para personas con movilidad reducida. “Aquí se vive tranquilo, pero las aceras están hechas un asco. Yo he denunciado más de veinticuatro veces las barreras arquitectónicas”, dice.

Los obstáculos para la vida no sólo existen en Argana: se extienden a toda la Isla. En el centro de Arrecife hay elevadores “que son una broma”, que sólo aceptan sillas de ruedas manuales, y aparcamientos reservados que resultan del todo inútiles porque no tienen espacio para que se despliegue la rampa automática que necesitan las sillas para salir del vehículo a la calle. “Se está incumpliendo la ley y les da igual”. Su centro de salud es el de Titerroy, porque Argana no tiene uno propio. El Gobierno de Canarias tiene una partida económica para ejecutarlo pero el Ayuntamiento de Arrecife no ha sabido encontrar suelo donde construirlo.

“He denunciado más de veinticuatro veces las barreras arquitectónicas. Se está incumpliendo la ley y les da igual”

Tampoco hay biblioteca pública, ni un sólo ordenador con conexión a internet. El centro cultural abre de lunes a viernes, de cuatro a ocho de la tarde, un horario establecido sin pensar en las vecindad, formada por personas de distintas edades y necesidades. Ni deporte, ni cultura. Nada. Nada que garantice los derechos básicos de los contribuyentes y ciudadanos del barrio. Hay frustración, rabia y resignación. También hay desinformación: una vecina de 26 años dice que quiso pedir una ayuda para su madre, que se había quedado en paro, pero que “aquí para recibir una ayuda hay que irse a Marruecos y volver en patera”. Falso. No se conceden más ayudas a las personas inmigrantes que a las personas con nacionalidad española.

El diccionario de toponimia de Lanzarote, de Maximiano Trapero y Eladio Santana, que cuenta con la colaboración de Agustín Pallarés, dice que el nombre de Argana -que se extiende hacia el noreste, en los márgenes de la carretera que une Arrecife con San Bartolomé- sale por primera vez en el libro de un escribano de 1618, donde figura como “Argaña”. Un siglo más tarde aparece citado como un caserío de cinco vecinos. Su nombre, “de indudable origen guanche” lo relacionan con el argán, una voz bereber que designa el árbol del mismo nombre, muy común en la costa del sur de Marruecos y que debió de existir por esta zona de la Isla.

En un llano de la calle Tajaraste, con botellas de vidrio hechas añicos y basura plástica, hay una señal que prohíbe la presencia de perros y advierte de multas de hasta 1.800 euros. Al lado, un solar intervenido por el proyecto #Arganayyo que se propone activar el barrio “de forma creativa, experimental y divertida”. Es una intervención efímera, un mero recordatorio hecho por vecinos del barrio y estudiantes de arquitectura del Instituto Tecnológico de Karlsruhe, que llevan un año analizando planos, datos y experiencias para saber cómo mejorar, de forma sostenible, la calidad de vida de los barrios de Arrecife.

Una mujer pasa al lado de ese salón modular hecho con palés pintados de colores y una bañera vieja. Una de las niñas que le acompaña responde airada a un comentario de su madre: “¿Qué parque ni que parque? ¡Antes había columpios!”. Dos niños juegan con patinetes en una calle abierta al tráfico, pero por donde hoy no pasa nadie. Hay casas de una o dos plantas, algunas con cactus en el exterior y un tronco con denominación geográfica. “Barbate” reza la madera.

“Era buena pagadora, pero me echaron por lo del alquiler vacacional. Llevo tres meses viviendo en Argana y aquí no hay nada para la gente”

El movimiento vecinal Argana Viva ha organizado varias manifestaciones y protestas para denunciar el abandono del barrio. Uno de sus logros ha sido conseguir que dos asistentas sociales vuelvan a trabajar con la gente del barrio, informa Ana Balboa, portavoz del colectivo, porque la baja médica de la anterior profesional llevaba casi un año sin cubrirse.

Argana también aparece en los Mapas de Peligrosidad y Riesgo de Inundación de la Isla. Construida en el cauce de un barranco, es una de las zonas más afectadas en la temporada de lluvias. Argana es sobre todo un sitio lleno de gente que quiere vivir tranquila y en igualdad de oportunidades. En la calle Valle Inclán la gente sale a hablar por teléfono a la calle y deja la puerta abierta mientras se hace la comida. Aquí la cobertura telefónica y de internet llegó peor y más tarde. Aquí faltan farolas y recogida puntual de residuos urbanos.

Aquí también desarrolla su extraordinaria labor el CEO Argana Alta, uno de los centros educativos que más trabaja la sostenibilidad y la participación, y que ha sido premiado como el centro educativo más sostenible de toda Canarias. Argana es lo más y lo menos: es el barrio con más juventud, motor del cambio y de innovación, y con peores índices de empleo, sueldo, alfabetismo funcional e infraestructuras.

María del Carmen Lagos camina apoyada en una muleta y en el brazo de un joven que ha dejado una garrafa de agua en una esquina para acompañarla por la calle Valle Inclán. La señora llevaba diez años viviendo en el barrio de San Francisco Javier hasta que llegó otra burbuja: “Era buena pagadora, pero me echaron por lo del alquiler vacacional. Llevo tres meses viviendo aquí”. La señora lamenta que en el barrio no haya parques, “ni nada para la gente” y se despide rápido porque no puede estar mucho tiempo de pie: “Si puedes escribir lo que pasa aquí, escribe”.

Comentarios

Desoladora realidad de Argana y esperanzadora la lucha de sus vecinos por mejorar las condiciones del barrio. Ayuntamiento y cabildo deben considerar la actuación en Argana como prioritaria, para eliminar las desigualdades manifiestas con el otros núcleos de la isla. Siempre se está a tiempo.
Muy buen relato del abandono al que se ve sometido el barrio de Argana Alta.
Ayudemos a ARGANA.

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