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35 años salvando vidas: Andrés Pérez y Luis Perdomo son los últimos en activo de la primera promoción del Parque de Bomberos de Lanzarote

Los orígenes del servicio se remontan a 1991, cuando tan solo se conocía una brigada contra incendios y la mayoría de accidentes los atendía Cruz Roja

María José Lahora 0 COMENTARIOS 22/04/2026 - 07:02

Los cabos Andrés Pérez y Luis Perdomo acaban de conmemorar los 35 años de servicio. Son los dos bomberos más veteranos del Consorcio de Seguridad y Emergencias de Lanzarote. Comenzaron su carrera incluso antes de que esta entidad existiera. Fue en 2008 cuando Gobierno de Canarias, Cabildo de Lanzarote y ayuntamientos acordaron su puesta en marcha. Tuvieron el privilegio de estrenar el primer Parque de Bomberos de la Isla, que precisamente conmemora este año sus 35 años de historia. 

Cuenta Andrés los orígenes del servicio en ese año 1991, cuando tan solo se conocía una brigada contra incendios. En aquel entonces era responsabilidad de la Cruz Roja asistir el grueso de los siniestros, sobre todo en materia de accidentes de tráfico. Los avances e inversión experimentados durante estas más de tres décadas en el servicio de seguridad y emergencias del Cabildo han permitido no solo disponer de tres parques de bomberos en la Isla, sino de contar con un equipo de excarcelación que ha llegado a situarse en la élite mundial.

El servicio de bomberos de Lanzarote comenzó con 12 efectivos y ha ido creciendo hasta llegar a los 49 actuales que componen el Consorcio de Seguridad y Emergencias, con un proceso de oposición en marcha para  ampliar la plantilla. Además de los incendios, los bomberos realizan una gran cantidad de servicios de rescate en montaña, evacuación de pacientes, accidentes de tráfico, etc. Llegan a atender una media de 1.400 servicios al año. La formación y la prevención son aspectos clave de su trabajo, con campañas y cursos a la población.

En cuanto a las vivencias de Andrés y Luis en el Consorcio, señalan que con el paso del tiempo, los bomberos veteranos van adaptando su forma de trabajar, priorizando la seguridad y la coordinación sobre la acción individual. “La experiencia te hace aprender a dosificar”. Los equipos de protección y herramientas también han evolucionado mucho en este tiempo, permitiendo una mejor atención en los servicios.

El estudio inicial que sirvió de base para crear el primer parque de bomberos contemplaba la creación de un total de tres estaciones en la isla de Lanzarote, pero su implementación completa tardó mucho tiempo en hacerse efectiva. En los inicios, los servicios de los bomberos eran más limitados, ya que no existía un número de emergencias unificado como el 112. Los efectivos tuvieron que comprar inicialmente su propio equipo y uniformes con el apoyo posterior del Cabildo y el Consorcio. Hasta la contratación de personal de oficina y operadores de radio eran ellos mismos los que tenían que atender las llamadas. “En los inicios, cuando ya contábamos con una plantilla de 20 bomberos, los servicios se cubrían con tres efectivos. Uno se quedaba en el teléfono y otros dos salían. A raíz de la incorporación de esa cuarta persona que se encargaría de atender las llamadas ya podíamos salir los tres”, explica Andrés que se jubila ya en septiembre de este año.

“Los primeros años, mucha gente de la Isla no sabía ni que había bomberos”

Andrés y Luis son los últimos efectivos en activo de esa primera promoción de bomberos profesionales. Tuvieron que afrontar los retos de un novedoso servicio en el primer parque de Lanzarote. Recuerdan las dificultades para que tanto la sociedad lanzaroteña como otros cuerpos de seguridad comprendieran la importancia de contar con estos profesionales especializados en una isla que carecía de bosques, cuando aún se asimilaba la palabra bombero con incendio forestal.

Andrés recuerda como si fuera ayer el primer servicio que llevó a cabo: “Fue un sábado a las seis de la mañana, un incendio en un restaurante a la entrada del puerto de Playa Blanca en el centro comercial Punta Limones”. “Los primeros años, mucha gente de la Isla no sabía ni que había bomberos en Lanzarote”. Al carecer de un sistema unificado de emergencia, cuando no existían los móviles, para llamar al parque de bomberos había que recurrir al antiguo listín telefónico. “Recuerdo que nosotros teníamos el 928 216 312, que era el teléfono de urgencia y que aún está vigente”. 

En estas más de tres décadas de vida, el cuerpo de bomberos de Lanzarote ha dejado constancia de su preparación para asistir a todo tipo de siniestros, desde socorrer a un gato en apuros a un rescate acuático. Luis es especialista en rescate en montaña, actuaciones a las que casi a diario se tienen que enfrentar los efectivos del Consorcio ante el continuo aumento de senderistas en la Isla.

Luis Perdomo: “Es rara la semana que no tenemos dos o tres rescates de senderistas”

“Es rara la semana que no tenemos dos o tres rescates. Nos hemos tenido que enfrentar a situaciones difíciles en zonas como el Risco de Famara”, explica este bombero veterano. Una práctica que no siempre tiene que ejecutarse precisamente en zona montañosa. Estas habilidades permiten la intervención en situaciones que requieren de escalada, como el acceso por una ventana para auxiliar a personas atrapadas en una situación peligrosa en un edificio, cuando no es posible hacer uso de la autoescala.

“Las mismas técnicas o muy parecidas de rescate en montaña se utilizan en colaboración con servicios sanitarios, con pacientes que hay que evacuar y las escaleras no cumplen las condiciones para bajarlos”, añade el profesional.

Factura emocional

A lo que aseguran no llegan a acostumbrarse es a asistir los accidentes de tráfico con víctimas mortales. Actuaciones en las que tienen que mantener una gran disciplina para dejar los sentimientos a un lado a fin de atender de manera profesional las asistencias en las que conductores o acompañantes han quedado atrapados en el vehículo. Tienen que hacer frente a situaciones muy duras emocionalmente, que les marcan de por vida. La emoción les embarga cuando tienen que recordar algunos de los más trágicos siniestros que han asistido durante estas más de tres décadas de oficio, sobre todo cuando hay menores involucrados. “Empiezas a procesarlo después de haber atendido el servicio”, señalan.

Como contrapunto, Andrés relata el agradecimiento recibido por un accidentado que le reconoció años después y al que logró salvar la vida gracias a su profesionalidad. “Es muy importante tener empatía y tratar a la persona que se auxilia como si fuera consciente de todo”, aconsejan. También agradecen que haya descendido el número de siniestros en relación al porcentaje de tráfico actual. La mayoría de estos accidentes se deben a descuidos al volante y afortunadamente los vehículos gozan de una mayor seguridad hoy día.

Andrés Pérez: “Es un trabajo en el que no te aburres, no hay un servicio igual”

A pesar de los duros momentos que van pasando factura, ambos coinciden en destacar que se trata de un “trabajo bonito y con buena calidad de vida”. Los turnos de 24 horas y los días de descansos posteriores así se lo permiten. “En un solo día puedes acudir a un rescate en el agua, un incendio, un accidente de tráfico, y un rescate en montaña. Es un trabajo en el que no te aburres, nunca sabes lo que te vas a encontrar cuando llegas al servicio. Después de 35 años, siempre surge algo que sorprende”, destaca Andrés.

Los turnos de 24 horas de servicio favorecen un mejor desempeño de sus funciones. Les permiten tener a punto todos los equipos para atender emergencias, así como la realización de prácticas en favor de una mayor preparación al tiempo que contribuyen a mejorar la convivencia del grupo. En este punto, vienen a la memoria momentos de compañerismo y diversión fuera del parque de bomberos, como la participación en los carnavales. Entre risas recuerdan la preparación de las primeras carrozas o la elección de los disfraces. También dejan constancia de que fueron pioneros en el coso de Arrecife en crear la primera torre con dj, algo que posteriormente se ha convertido en un elemento más del desfile carnavalero. Momentos como estos les permiten soltar lastre y les prepara para afrontar nuevos retos hasta que llegue la tan merecida retirada laboral.

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