Una de las denunciantes del profesor condenado por abusos sexuales hoy tiene 20 años y valora la sentencia: “Valida lo que viví ante todas las personas que lo minimizaron o miraron hacia otro lado”

“Somos muchas víctimas, a alguna tenían que escuchar”
Una de las denunciantes del profesor condenado por abusos sexuales hoy tiene 20 años y valora la sentencia: “Valida lo que viví ante todas las personas que lo minimizaron o miraron hacia otro lado”
-Tenías entre nueve y 12 años cuando ocurrieron los hechos, 16 cuando decidiste denunciar a tu antiguo profesor y acabas de cumplir 20 al recibir la sentencia. ¿Qué ha supuesto para ti?
-Realmente sigo sin asimilar por completo que la sentencia dice culpable. Recibimos la noticia por mi abogada, que nos llamó para contarnos que acababa de salir y que le habían condenado a 12 años de cárcel; y aunque nos dijo también que la sentencia todavía puede ser recurrida, en ese momento sentí un alivio enorme. No esperaba para nada el resultado, porque soy un poco pesimista en cuanto a esto, y todavía no me lo creo.
-¿Por qué has sentido la necesidad de hablar públicamente? ¿No te has sentido suficientemente escuchada en todo este proceso?
-La verdad es que antes incluso de elegir denunciar, ya me parecía una cosa muy pública. Implicaba hablar de todo ello, enfrentarte a tener que ir a una comisaría, hablar con policías, en un futuro en un juicio... Es un proceso muy incómodo y muy duro, pero a la vez para mí ha sido una cosa muy necesaria, que considero que me ha ayudado mucho. Además, en el momento en el que yo elegí que quería denunciar, también decidí que no quería que fuera solo un caso más, quería hacer todo lo posible para visibilizarlo, porque yo con esta sentencia lo que me siento es reconocida. Siento que se valida la historia que he vivido ante la ley, por supuesto, pero también ante todas esas personas que no creyeron que el abuso era real, que lo minimizaron o que miraron hacia otro lado. Y de cierta manera me siento afortunada, porque es una cosa que no consiguen todas las personas que denuncian. He tenido la suerte también de que mi familia, especialmente mi madre, desde el primer momento me ha apoyado en todo, en cualquier decisión que yo quisiera tomar, y es algo que valoro mucho.
“Entendí que algo no estaba bien al salir de la burbuja de ese colegio”, señala
-¿Cuándo fuiste realmente consciente de lo que habías vivido?
-Para mí esto ha sido un poco como a golpes. El primer momento en el que entendí que algo no estaba bien fue cuando salí de ese colegio y de la burbuja en la que vivíamos en esas clases. Hablando con otras compañeras con las que había coincidido en el colegio, fue como el primer momento en el que dije: “Esto que hacían no estaba bien”. En ese momento no entendía la gravedad. Yo tenía 12 años y pensar en abuso sexual no pasaba por mi mente. Fue un poco más adelante cuando llegó como el siguiente golpe: “Esto no solo es que estuviera mal, es que es un abuso sexual. Y es un delito y es denunciable”. Fue como ir poco a poco viendo las distintas caras, todo lo que suponía para realmente poder dar el paso y denunciarlo.
-¿Qué ha sido lo más duro de este proceso?
-Lo más duro para mí ha sido aceptarlo internamente, ponerle la palabra de abuso sexual, porque yo no lo entendía. Cuando tenía nueve, 10, 11 años, y estaba en esas clases, yo solo veía un profesor que me trataba bien, que me elogiaba, que me daba tratos de favor, pero claro, todo eso lo hacía mientras me tenía sentada en sus rodillas y me acariciaba el interior del muslo, u otro tipo de zonas. ¿Cómo le dices a tu mente que la persona que habías idolatrado, la que considerabas una persona que se preocupaba por ti, en realidad se estaba aprovechando y estaba abusando de ti? Ha sido muy difícil, porque era muy pequeña, y he ido aceptando todo eso mientras iba creciendo. Y no solo eso, también tener que enfrentar todo un proceso de juicio con escrutinio público. Al final esto es Lanzarote, es un lugar pequeño y todo acaba saliendo, todo el mundo tiene una opinión. Entonces, enfrentarte también a esas opiniones, siendo menor y teniendo que procesar todo esto, ha sido bastante duro.
“Yo solo veía un profesor que me elogiaba, que me daba tratos de favor”
-¿Te has sentido juzgada tú?
-No tan directamente, porque de todo el proceso, de la parte más legal y de dar la cara se ha encargado mi madre, porque yo era menor cuando denunciamos. Pero incluso al acercarte a personas para ver si estarían dispuestas a testificar, me encontré con muchas compañeras que me decían que no se veían, o gente que no le ha dado importancia. Tengo mucha suerte de que he tenido un círculo más cercano que en ningún momento ha puesto en duda lo que yo contaba y he tenido también mucha ayuda en terapia para poder procesarlo todo y poder aceptarlo bien.
-El primer juicio al que se enfrentó este mismo profesor en 2022 fue lo que te animó a ti a presentar la denuncia. ¿Qué sentiste al ver que después era absuelto en ese juicio?
-Yo no conocía de nada a la víctima, que era más pequeña que yo, pero siempre la creí, porque al final yo también lo había sido. Sentí mucha cercanía, como de una experiencia compartida. Hasta entonces yo no lo había llegado a entender como abuso, pero cuando sale esa primera denuncia es como: “Ah, vale, que esto es denunciable”. Cuando se lo cuento a mi madre, que a mí me gustaría denunciar, desde el principio dice: “Pues adelante, lo que necesites, lo que tú quieras”. Y cuando después salió la noticia de que lo habían absuelto, fue una decepción muy grande. No conozco exactamente esa denuncia, pero basándome en mi propia experiencia, a mí no me cabía ninguna duda de que podría haber pasado. Entonces, ver la absolución te hace dejar de sentir esperanza, pero a mí por otro lado también me impulsó un poco más a decir: somos muchas, a alguna nos tienen que escuchar. O sea, si a ella no, pues voy a salir yo y a ver si me escuchan a mí. Y si no me escuchan a mí, pues que salga otra y a ver si así, de alguna manera, llega donde tiene que llegar.
“¿Cómo le dices a tu mente que la persona que idolatrabas estaba abusando de ti?”
-En aquel primer juicio la Fiscalía sí pedía una condena, pero en el vuestro terminó solicitando la absolución. ¿Cómo viviste ese momento?
-Ahora que ya está la sentencia que lo declara culpable no lo veo tan nocivo, pero en ese momento, sentada en la sala del Juzgado al final del juicio, habiéndolo escuchado a él con toda la rabia, habiendo podido ponerte delante de los jueces a contarles toda tu historia, tener a todas las personas que te apoyan, que están testificando a tu favor, escuchar a las que están testificando en tu contra, y luego escuchar a la fiscal no pedir condena, a mí lo primero que me hizo sentir fue decepción. Es que no lo entendía. En mi mente pensaba: ¿Qué más necesitas? ¿Qué tengo que hacer? ¿No es suficiente todo lo que te estoy diciendo?
-A diferencia del primer juicio, aquí además hubo seis testigos que corroboraron las denuncias, e incluso algunas declararon haber vivido episodios muy similares...
-Te diría que si no todas, prácticamente todas hablaron de su propia experiencia de abuso. Yo estaba en esas clases y yo no era la única. Para mí era una cosa cotidiana, pero es que las que accedieron a testificar, casi todas tenían su propia vivencia.
“No entendí que la Fiscalía no pidiera que se condenara. ¿Qué más necesitas?”
-¿Cómo dirías que ha sido la respuesta del colegio y de tus antiguos profesores y profesoras? ¿Qué opinas de la actitud que han tenido con las denunciantes?
-Yo quiero pensar que están ciegos, que están manipulados o que no han sido capaces de entender o de buscar lo suficiente. Al final, para nosotros los alumnos era una cosa cotidiana. En ese momento no lo entendíamos y no lo veíamos como algo malo, pero conforme voy creciendo y me voy haciendo adulta, me pregunto qué haría yo si fuera profesora para que esto no pase. ¿No hay algún tipo de entrenamiento o de formación que puedan hacer los profesores para buscar esos signos de abuso en niños? Yo quiero creer que no era algo de conocimiento público entre los profesores del colegio, porque es que eso sería impensable, pero creo que si se hubieran buscado las señales y hubieran prestado más atención, a lo mejor alguien se habría dado cuenta. A lo mejor no tendría que haber llegado hasta lo que ha llegado. Porque ver a profesores entrar en la sala del juicio a testificar a favor de él, en el segundo juicio que tiene por el mismo tema, me parece que no tiene ningún tipo de sentido. No lo entendí en su momento y me hace sentir rabia. No me gusta sentir rabia, pero la siento, porque al final esos adultos estaban en el mismo colegio y también tenían una responsabilidad con los alumnos y no la cumplieron.
“Quiero pensar que los profesores y el colegio están ciegos o están manipulados”
-¿Qué le dirías a una niña que hoy pueda estar pasando por lo mismo, o a sus padres?
-Yo pienso en niñas de mi entorno que tengan la edad que tenía yo en este momento y es que se me caen las lágrimas, porque es una cosa muy complicada. A cualquier niña que pueda estar pasando algo parecido, primero y principalmente le diría que no es su culpa, que nunca ha sido su culpa, que nunca va a ser su culpa. Aquí las personas responsables son los adultos: el abusador principalmente y luego el resto de adultos que a lo mejor lo ignoran o que incluso lo facilitan, dependiendo del caso que sea. Y también les diría que hagan lo que realmente sea mejor para ellas, porque yo tuve claro que quería denunciar, que eso era lo que yo necesitaba para mi proceso, para sanar y para vivir con esto, pero sé que no es lo que necesita todo el mundo. Entonces, que haga lo que considere positivo. Si eso implica denunciar, adelante. Todo mi apoyo siempre a todas las víctimas. Y a los padres de esa niña, les diría que la apoyen en lo que ella necesite. Después de algo así, lo que necesitas es tener un poco de control, poder elegir qué quieres para ti. Y el papel de los padres es lo que le va a devolver ese control a esa niña: que la apoyen en lo que ella decida hacer.
















Añadir nuevo comentario