“Quiero hacer una comedia que no hiera, excepto a quien sí tiene que herir”
David García del Castillo, cómico
Faltaban aún unas semanas para su función de Vagos, maleantes y homosexuales en Lanzarote, que tuvo lugar el último viernes de enero, y David García del Castillo ya había vendido todas las entradas. Este cómico tacorontero de “familia de teatreros”, sueña a sus 30 años con conectar con “la doña canaria que parece que se va a orinar encima”. Su propuesta artística, ya sea en sus redes sociales o sobre el escenario, busca ser un espacio seguro a la par que crítico.
-¿Cree que hoy la comedia es un espacio seguro para el colectivo LGTBIQ+?
-Para las personas del colectivo, pero también para la gente con cuerpos más disidentes o para las mujeres, la comedia ha sido un terreno hostil. Yo, con proyectos de comedia inclusiva, he notado que le he abierto las puertas a mucha gente a consumir comedia que no consumía por miedo a que la violentaran. Quizá ya estamos en un momento de inflexión, pero ha sido un terreno dominado por hombres súper cis heteronormativos. Muchas veces iba a ver un espectáculo y de repente un chiste de mariquitas, que ya te sacaba por completo del espectáculo y no te creaba esa sensación de grupo que creo que tiene que generar la comedia. Por eso yo trabajo mucho en una comedia inclusiva en la que nadie se sienta violentado.
-¿Siente que lo consigue?
-Empecé a hacer comedia hace cinco años y ya estaba muy cimentada mi personalidad. Y creo que nunca he hecho nada a nivel cómico de lo que me arrepienta o que me haya hecho sentir incómodo. Por ejemplo, una vez tenía un chiste y utilicé la palabra sordomudo. Y después vino una persona con problemas de audición y me dijo: ‘Mira, que la palabra sordomudo no es correcta y puede ser ofensiva, es mejor que digas sordo simplemente’. Y después de eso dejé de usarla y solo digo sordo, porque agradezco que me lo digan. A veces me gustaría que la gente incluso me peleara un poco más, para saber qué cosas no les parecen del todo correctas y limarlas, porque quiero hacer una comedia que no hiera excepto a quien sí tiene que herir.
“Los carnavales son como esos señores de izquierdas que se quedan atrás”
-¿Cómo vive la comedia que se sigue haciendo por parte de algunas murgas hacia el colectivo?
-De las murgas no voy a hablar si no está mi abogado presente, porque esa gente me da mucho miedo (risas). Es que soy muy norteño y creo que hay que ser muy chicharrero para entenderlo.
-Y sobre el carnaval en general, ¿va calando la idea de hacer algunas revisiones?
-Es cierto que los carnavales, en su momento, eran algo como muy progresista, para evadir ciertas normas del franquismo, pero hoy es como estos señores de izquierdas que pasa el tiempo y se van quedando atrás. Y a poco que te empiezas a deconstruir empiezas a ver tanto black face... Yo era de vestirme de mujer y ponerme unas tetas enormes, y venían tíos a tocarme las tetas, era el vacilón, pero con el tiempo dices: ‘Ños, es que estamos jugando a performar una agresión sexual, y mucha misoginia también’. Me empecé a desencantar con los carnavales, hasta que encontré la zona LGTBI, un bar que está un poco más apartado, y es un lugar seguro. ¿Qué pasa? Que cada vez hay muchos más godos y muchos más guiris, y eso me ha ido desencantando también.
-¿De ahí nace tu ‘fruski flaskis’ que el año pasado se hizo popular en las redes sociales?
-Sí, al disfrazarme yo de guiri y hacer el activismo dentro del disfraz ha hecho que me sienta cómodo. Porque si veo un guiri, en vez de pensar que me está cortando el lote, digo me voy a poner al lado de él y voy a parodiar lo que está haciendo. Gracias a ese disfraz he vuelto a reconectar con los carnavales. Así que este año voy a darle otro empujón al ‘fruski flaskis’.
“Te das cuenta de que estamos jugando a performar una agresión sexual”
-Tanto en su cuenta de Instagram como en el escenario anima a la gente a cuestionarse distintas problemáticas en Canarias. ¿Esto ha tenido consecuencias en cuanto a contrataciones?
-Sí, el año pasado pagué el precio y además caro, de hacer una comedia tan política. Muchos bolos que estaban programados y cerrados, de repente una semana antes me decían que al final no iban a contar conmigo y me daban una explicación que... Y luego hay una parte que no la he contado en redes, pero hay espacios en los que he sentido que estaba haciendo un poco de pinkwashing. Intenté poner unas normas para llegar a un término medio y no me quisieron aceptar en muchos espacios. Así que el año pasado fue mucho palo. Pero este año sí siento que estoy recogiendo los frutos de este activismo político. Estaba aburrido de que me llamasen solo para cosas del Orgullo, tenía trabajo en junio y ya está, porque parece que en febrero los mariquitas no podemos ser graciosos. A mi compañera Jessika Rojano se lo digo, que por lo menos ustedes tienen marzo y junio, yo solo un mes (risas). Pero este año me han llamado para festivales no de temática LGTBI, sino más del territorio, de Canarias. Y el otro día me hicieron una oferta de trabajo que estoy que no me la quiero creer del todo, pero que si sale para adelante puede ser muy guay, y precisamente estaban buscando a alguien que no se callara.
-¿Cómo vive la canariedad?
-La vivo buscándola. Mi hermana, que es antropóloga social y cultural y una tía muy lista, dice que la búsqueda de la identidad canaria es la propia identidad. Como que vivimos en esa búsqueda constante, y yo creo que la habito desde ahí. Y también es que nos han arrebatado tanto y nos han dicho tantas veces lo que tenemos que ser, que sí me parece bonito que ahora toque construirla. La vivo desde ahí, desde ver qué elementos sí, cuáles no, cuáles recuperar y cuáles rechazar.
-Como parte de esa generación joven, ¿se siente identificado con lo que conocemos como “ecoansiedad”, “salarioansiedad” o “viviendansiedad”?
-Ha llegado un punto en el que es tanto lo que hay que termina anulando otras cosas. Es decir, este momento de tercera Guerra Mundial tengo que confesar que me ha generado hasta cierto alivio. Yo estaba muy preocupado porque pensaba que el cataclismo que iba a acabar con mi vida y con la humanidad era el cambio climático, y de repente pasa esto y es como, ostras, que a lo mejor antes que el cambio climático me mata una bomba nuclear en un holocausto. El mundo de repente puede acabarse por tantas cosas, que sea por lo que tenga que ser. Es una visión positiva dentro del mayor negativismo.
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“A veces he sentido que estaba haciendo un ‘pinkwashing’ de un espacio”
-Cuando hace crítica social o política en sus redes sociales, ¿le toca lidiar con mucho odio?
-El que más me duele es el que viene del propio colectivo. Algo muy terapéutico que hacía es que cuando me decían algo, respondía con algún meme y lo subía a las historias. Entonces, convertir ese insulto que me llega en risas para otras personas es maravilloso. Pero después de las últimas elecciones decidí que estaba harto de pelearnos entre nosotres, y esto pasa no solo en el colectivo sino en la izquierda en general. Entonces cuando me llega del colectivo no lo quiero airear porque flaco favor le hago al colectivo. Así que se queda enquistadito en mí y es de los que más me molestan.
-¿Tiene algún público favorito?
Tengo un público favorito pero todavía no he logrado conectar con ellas. Mi sueño es la doña canaria, la que se ríe histriónicamente que parece que se va a orinar encima. Mi objetivo es una sala llena de señoras canarias riéndose, pero aún no he logrado captarlas mucho. Yo vivo en la dicotomía, digo ¿hago un poco de comedia para las personas cis heterosexuales de la sala y que empaticen un poco con nosotres, o hago comedia para el colectivo ya que durante tantos años se ha hecho comedia contra nosotres? Vivo atrapado entre esos dos públicos e intento buscar un término medio.
-¿’Vagos, maleantes y homosexuales’ tiene ese término medio?
-Es el espectáculo que yo quería hacer desde que empecé en comedia hace cinco años. De hecho, la idea del cartel con la azada está inspirada en una foto que me hice en la pandemia. Lo que pasa es que notaba que no tenía las tablas, y dije: voy a actuar mucho con shows más sencillitos para cogerlas. Así que tiene mucho monólogo, mucho show de esta familia mía de teatreros y artistas, mucha música, algunos juegos de improvisación con el público y mucha performance. Estos señores que van en chándal y se suben a un taburete a hacer un monólogo... Estás sobre un escenario, aunque sea el de un bar, un respeto a las artes escénicas.

















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