“Los derechos y libertades democráticas hay que pelearlos cada día”
Pedro Mayo, historiador y autor del ensayo de investigación ‘Los cinco de Mauthausen. Lanzaroteños en campos de concentración nazis’
Pese a ofrecer un semblante sereno y sonriente, Pedro Mayo Arlanzón está algo nervioso. Arranca indicando la ortografía correcta de su segundo apellido y la correspondencia con el río homónimo, localizado en la cuenca del Duero. Aclarado el asunto, cuando las aguas de la conversación vuelven a su cauce, retoma a la trayectoria académica y profesional que le ha llevado a escribir y publicar el ensayo historiográfico Los cinco de Mauthausen. Lanzaroteños en campos de concentración nazis. En el momento de realización de esta entrevista el libro se encuentra en imprenta; se presentará oficialmente en la IV Fiera del Libro de Lanzarote.
El argumento es sobrecogedor y apasionante, cuando se descubre que cinco humildes pescadores de Lanzarote, Domingo Cedrés Arrocha, Pedro Noda de la Cruz, Domingo Padrón Valiente, Rafael Arrocha Elvira y Jacinto Morales Perdomo, dieron con sus huesos en uno de esos aterradores campos de concentración impresos en el imaginario colectivo. Víctimas y victimarios han fallecido en su inmensa mayoría, pero el cine, la literatura y los testimonios siguen vivos y dan cuenta de la magnitud y crueldad del genocidio perpetrado por el Tercer Reich.
Pedro Mayo estudió Geografía e Historia en la Universidad Complutense de Madrid con especialización en Arte. Luego la vida le llevó por otros derroteros, a un trabajo en Banca en el que permaneció hasta su jubilación, hace ya unos años; entoces se dedicó a complementar su formación académica con un grado de Historia pura por la UNED y a desarrollar tareas investigadoras en torno a dos periodos de la contemporaneidad, vinculados a la memoria histórica, que le conmueven: la guerra civil española y la transición democrática. Y en ambos contextos bucea para rescatar y dar luz a nombres propios y peripecias de personas que han quedado en los márgenes del relato.
Lo afirma con rotundidad: “Siempre me ha fascinado trabajar sobre la historia reciente de España, creo que es un periodo trascendental. Hace años indagué bastante en el tema de la Guerra Civil y la represión posterior, con el punto de mira en los personajes anónimos, en la gente que no conoce nadie, que no aparece en la prensa ni en los libros. Y de manera particular, este interés se concretó cuando salió la luz el famoso Libro Memorial de españoles deportados a los campos nazis, de Benito Bermejo y Sandra Checa, en 2006, y descubrí que también había gente de Lanzarote. Me pregunté qué hacían unos pobres pescadores de esta Isla metidos en Mauthausen”, recuerda. La curiosidad científica y el desafío personal hicieron el resto.
El investigador abordó la tarea a través de los tres caminos posibles. El primero, la lectura de la ingente bibliografía existente sobre este asunto, tanto la parte de los estudios académicos y trabajos de especialistas y profesorado universitario como las memorias, autobiografías y libros de testimonios. “Intenté contactar con testigos directos de la época, pero ya estaban todos muertos. Entonces me tocó hablar con los herederos, básicamente con nietos, algo muy dificultoso en Lanzarote. Solamente he encontrado la descendencia de Pedro Noda”, relata.
Finalmente, completó la colecta de información en los archivos, labor a la que dedicó muchas horas largas y gratificantes: “He pateado desde el archivo municipal de Arrecife al archivo histórico provincial de Las Palmas; en la Península ha estado en el centro de documentación de la Memoria Histórica en Salamanca y en el archivo central de la Defensa, en Madrid, entre otros. Y he mantenido contacto con los archivos franceses, sobre todo con el Service Historique de la Dèfense, que es donde se encuentran los expedientes de todos los españoles que pasaron por los campos de concentración”.
“Quizás mi obra sirva para despertar conciencias”, dice Pedro Mayo
Las pesquisas de Mayo le llevaron, como es natural, fuera de las fronteras españolas, al Memorial de Mauthausen, en Viena, y también hasta Arolsen, el mayor archivo del mundo sobre las víctimas del nazismo y los campos de concentración, con decenas de millones de documentos sobre persecución, deportaciones, trabajos forzados y muerte de prisioneros e información sobre aproximadamente 17,5 millones de personas perseguidas por Hitler. “Los nazis, entre otras cosas, eran super metódicos en todo. Cada prisionero capturado tenía su ficha, con información detallada, y todos esos apuntes se conservan”, asevera.
Juntar el puzzle
Cuatro años de trabajo investigador han alumbrado una obra prolija en datos, cifras, detalles y testimonios, que contextualiza la Canarias de los tiempos del golpe militar franquista y acompaña el trayecto vital de sus cinco protagonistas desde que huyeron del Régimen para intentar unirse al ejército republicano en la Península hasta sus muertes en campos de concentración o en el exilio.
“Son historias que se tienen que contar. Puede ser a través de la ficción, como por ejemplo David Uclés, que ha dicho que dedicó siete años a documentarse sobre la guerra civil antes de escribir La península de las casas vacías; las novelas suelen llegar a más público y venderse más. Y luego está la vía difícil, el ensayo, que fue mi elección. Mi trabajo está fuera del ámbito académico, pero va en esa línea. Sé que no va a ser un best-seller pero puede servir para ayudar a otros historiadores o para que otra gente, a partir de este libro, pueda tirar del hilo y encontrar nuevos temas de interés”, argumenta.
Sin embargo, pese a su clasificación en el género de la investigación historiográfica, la lectura resulta adictiva, quizá por aquello de que la proximidad de los sucesos es factor determinante en el interés que despiertan en las comunidades. Y a ello se suma la constatación de la insularidad, una vez más, como elemento de dificultad añadida.
La historia de los cinco de Mauthausen, como hace notar Pedro Mayo, es la de una serie consecutiva de cautiverios, al modo de una muñeca rusa, que se inicia con la fuga de un régimen represor, en travesías clandestinas y con la huida de las tripulaciones, que en aquellas fechas se vieron muy mermadas por esta causa; continúa en Port Etienne y Dakar, donde los canarios viven bajo vigilancia, sin alimentos y hacinados en un espacio reducido hasta su salida rumbo a las costas de la España republicana; se prolonga en los centros de acogida y campos de concentración franceses, y finaliza en los inmisericordes barracones nazis. Los más afortunados sobrevivirán y podrán rehacer su vida, aunque en el exilio; el resto morirá de hambre, agotamiento o en las cámaras de gas.
“Los españoles, entraron en el paquete del genocidio, como seres a extinguir”
“Es sorprendente cómo estas personas huyen de un ambiente violento, pensando que van en busca de la paz, y resulta que no paran de encontrarse con problemas, confinamientos y violencia a lo largo de cinco años. Por eso hago la introducción del libro con un pequeño cuento persa, que recuerda que la muerte nos espera en el lugar menos imaginado”, dice el autor.
Aunque la obra se refiere a las cinco personas que acabaron en Mauthausen, hubo más lanzaroteños exiliados, que participaron en la Segunda Guerra Mundial y que sufrieron prisión en otras instalaciones nazis: “El caso más conocido es el de José Suárez Graffigna, que estuvo cautivo en Neuengamme, cerca de Hamburgo, porque sobrevivió y pudo regresar a la Isla al inicio de los ochenta”. Por el campo austriaco pasaron 45 canarios; 28 de ellos murieron durante el cautiverio en diversas circunstancias.
Sobre Mauthausen, el libro revela que integraba una sede principal y en torno a cien subcampos de trabajo por toda Austria, a donde enviaban a los presos para trabajar en condiciones de esclavitud. “Hacían más de doce horas diarias y con la alimentación básica, lo justo para que aguantaran unos seis meses. Luego ya se podía morir, porque como iban entrando centenares de nuevos prisioneros, pues así no ocuparan tanto espacio”, explica el historiador. La propia investigación ha desvelado que Domingo Cedrés murió en el subcampo de Gusen y Pedro Noda, en el subcampo de Bretstein.
Pedro Mayo confiesa que durante el proceso investigador hubo épocas en las que le constaba conciliar el sueño: “Comprendí la magnitud de la afirmación del filósofo Theodor W. Adorno cuando declaró que, después de Auschwitz, no puede haber poesía”.
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Conocer el pasado
Se dice que la historia la escriben los vencedores, y también que es necesario conocer el pasado para no repetir sus errores y para comprender el presente. Las tres afirmaciones encuentran hueco en la voluntad de Pedro Mayo, que alude a la relevancia de la lectura y conocimiento de estos contenidos: “Antonio Muñoz Molina escribió un librito, allá por el 2008, que tituló Todo lo que era sólido. Y habla de cómo damos por sentado que cuando se alcanza un estado de bienestar democrático, este se consolida. Pero estamos muy equivocados, la democracia, los derechos civiles, la libertad de expresión, todo eso hay que pelearlo día a día. Y quizás mi obra sirva para despertar conciencias y darnos cuenta de que lo que pasó hace 80 o 90 años puede volver a ocurrir; de hecho, vemos cómo se van extendiendo los estados totalitarios, el imperio de la fuerza y la imposición del más fuerte sobre el más débil”, señala.
Domingo Cedrés murió en el subcampo de Gusen y Pedro Noda, en el subcampo de Bretstein
A su juicio, en la actualidad la gente lee libros determinados, los que salen en las redes sociales, y no interesan ciertos temas: “Sería bueno que la juventud leyera estas cosas, porque va a marcar el paso del futuro y posiblemente no está tan informada como debería sobre estos periodos negros de la historia española y europea”.
En esta línea, la investigación incide en el papel jugado por el régimen franquista en la suerte de la legión de exiliados españoles en manos de la Francia de Vichy, tras la firma del armisticio con la Alemania nazi, cuando se desentendió de aquellos miles de “rojos”. “Aunque las condiciones de vida no eran buenas, los exiliados de nuestro país pasaron de ser prisioneros de guerra, susceptibles de ser devueltos a sus naciones de origen, y por tanto, mejor tratados, a ser considerados escoria. Para el prisionero de guerra había unas leyes de la Comisión de Ginebra que se respetaban. Pero los españoles, como los soviéticos o los polacos, entraron en el paquete del genocidio, como seres a extinguir”.
De la misma opinión es el responsable de Caballos azules, el sello editorial de Los cinco de Mauthausen, Víctor Bello, quien defiende que “hay libros que tienen que existir obligatoriamente”. “Es necesario recordar la historia, sobre todo en un periodo tan convulso como el que estamos viviendo a nivel internacional. La colección en la que se enmarca este libro, Cronos, lleva como lema Contra el mito y la desmemoria. Y eso es lo que está pasando por culpa de las redes sociales, que mitifican sucesos o adulteran el relato con una intencionalidad política muy evidente”, comenta Bello.
También destaca la importancia de que la investigación histórica salga de la academia y sea accesible a otros públicos a través de publicaciones fuera de ese ámbito tan endogámico, “sobre todo para que la gente elija dónde y cómo quiere aprender sobre el pasado de la humanidad”.
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Memorial de Bretstein. En este subcampo dependiente de Mauthausen estuvo cautivo Pedro Noda de la Cruz hasta su fallecimiento, diez meses después, el 6 de mayo de 1942.
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Memorial de Ternberg, subcampo de Mauthausen. Barracón de la cocina y comedor. En este subcampo estuvo deportado Jacinto Morales Perdomo entre mayo de 1942 y septiembre de 1944.
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Memorial de Gusen. Subcampo de Mauthausen, donde estuvieron recluidos Domingo Cedrés, Domingo Padrón y Rafael Arrocha.
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Hornos crematorios de Gusen. En estos hornos fue incinerado el cuerpo de Domingo Cedrés Arrocha.

















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