“La escritura es un ejercicio de democracia maravilloso”
José Ramón Betancort Mesa, escritor y técnico de Cultura del Cabildo de Lanzarote
José Ramón Betancort Mesa dio sus primeros pasos como escritor en 1995, con la publicación de la novela corta Sesenta kilos de tomates, la “afiebrada y enloquecida historia de una muchacha”, según el prólogo del poeta Ángel Fernández Benéitez. En 2015, tras veinte años de parón, retoma la escritura con El año de las cucas volonas y otros relatos, y en 2022, gana el premio de novela La Balsa de Piedra de José Saramago, y publica Las perlas de Eufemia Montelongo. La novela corta El Roque del Este, de 2025, es su última aportación literaria. Como técnico del departamento de Cultura del Cabildo de Lanzarote ha trabajado en el rescate de personalidades literarias vinculadas con la Isla como Miguel Pereyra de Armas, Isaac Viera, Agustín Espinosa u Olivia Stone.
-Su última novela, ‘El Roque del Este’, publicada por la editorial Caballos azules, se encuentra en plena promoción. ¿Qué tal el recibimiento?
-Pues estamos muy satisfechos, aunque la gente me dice que detecta un cambio de registro, y es así. En esta historia es como si la ternura me hubiese invadido y conquistado: dejo de ser un escritor humorístico, o más bien un escritor a quien le gusta transitar por el humor para hablar de cosas que tienen que ver con el contexto en el que vivimos y cómo afrontamos los problemas. Se trata de un relato corto que surgió en un momento de mi vida en el que estaba atravesando un duelo, y en lugar de bloquearme o paralizarme, me sirvió como un revulsivo, como una necesidad vital e imperiosa de ponerme a escribir. Y no es que hable de las personas que ya no están, sino que exploro el territorio literario de una manera muy distinta y lejana al disparate, el absurdo y lo hiperbólico, que me había fascinado y caracterizado hasta el momento.
-No es inhabitual que quien escribe recurra a su propia experiencia, a sus emociones más personales. ¿Hay algo de usted en el adolescente que protagoniza su último libro?
-Diría que no. Quizá hay algo en la cuestión de la identidad, pero en términos generales mis personajes son completamente inventados, ficticios, no hacen referencia a nadie en concreto. En este caso quise centrarme en seres humanos muy cercanos, reales y cotidianos. La historia es la del viaje a lo desconocido, encarnado por ese islote con un extraño encanto, enigmático, magnético, muy vertical, y al mismo tiempo, la del viaje interior, de crecimiento, del adolescente embarcado hacia la edad adulta. Todo envuelto en un sentimiento trágico del paisaje muy romántico.
-¿Seguirá navegando la ternura?
-Tal vez. Ahora estoy con otro libro, que tiene vocación humorística, y solo me salen situaciones dulces. Yo me digo: pero Dios mío, si este personaje tiene que ser muy poliédrico, muy disparatado... ¡y me sale supertierno! Eso sí, tiene una vida muy loca, al estilo de Ignatius Reilly, el icónico protagonista de La conjura de los necios, pero sin su malicia.
“En ‘El Roque del Este’ es como si la ternura me hubiese invadido y conquistado”
-¡Se le acumula la tarea! Junto a la promoción de ‘El Roque del Este’ y el proceso de escritura de esta última obra que menciona, avanza con las correcciones de otro libro, que saldrá en unos meses.
-Sí, estoy super ilusionado. Sale en primavera, con la editorial Siete Islas; aún no tenemos fecha pero vamos a empezar ya con una tercera revisión correctora. Tiene que ver de alguna manera con la temática de El Roque del Este, pero con un argumento completamente diferente. Su origen está en un reto que recibí hace mucho tiempo, cuando alguien me dijo: tienes que escribir esta historia en clave de humor, y yo acepté. La he tenido 10 años metida en la cabeza y no me salía nada humorística, así que, hace dos años entré en crisis y decidí que si el libro no podía transitar por el humor, pues lo haríamos transitar por otro género. Contiene mucho cariño, está escrito con mucho detenimiento, con mucha calma, busca en el lector una conmoción contenida y agradable.
-Justo lo contrario a las historias que abarrotan las librerías en la actualidad ¿no? Parece que para vender hay que ofrecer relatos que estremezcan e impacten como puñetazos.
-Cierto, veo mucha tensión, mucha violencia, muchas ganas de sacudir y de agitar las conciencias. Y por una parte, considero que vivimos en una época en la que tenemos que estar atentos, porque todo lo que está ocurriendo a nuestro alrededor es devastador, con la ultraderecha comiéndonos un terreno que creíamos inviolable, con el mundo dando un espectáculo tremendista. Hay mucha literatura que habla precisamente de despertarnos, para poder estar al acecho de todo lo que está ocurriendo. Pero a la vez, creo que también es una época en la que tenemos que cuidarnos, que necesitamos delicadeza y confortabilidad cuando estamos disfrutando de algo tan maravilloso como es la lectura; ofrecer libros que a lo mejor no son tan trascendentales, pero que lo que cuenten esté hecho con tanto mimo, con tanta poesía y con tanta ternura, que te hagan sentir bien.
-¿Es una persona metódica en su proceso de escritura?
-¡Todo lo contrario! No tengo ningún método ni soy disciplinado. Hay épocas en que puedo estar dos y tres meses sin escribir ni una sola línea y, de repente me viene, como un latigazo, una incontinencia escritora que no me deja parar. Y es una fórmula peligrosa, porque ese impulso te hace escribir cosas que están muy bien y cosas que no están tan bien, sin que en ese momento tenga la capacidad objetiva para discriminar. Entonces guardo todo ese mejunje, todo ese batiburrillo, y pasado un tiempo lo vuelvo a rescatar, pero no como escritor sino como lector. Y si me interesa, si me río, si me conmueve o me produce la emoción que buscaba, lo guardo. Si no, lo descarto. Luego soy casi obsesivo con las revisiones, las correcciones, la búsqueda de la palabra perfecta para que el sonido encaje en la composición de la manera más armónica posible. Porque escribir es hacer música, todo es ritmo, todo resuena: las historias que atrapan son las que alcanzan esa musicalidad poética.
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“Las historias que atrapan son las que alcanzan una musicalidad poética”
-Siete Islas, Caballos azules, Itineraria, Ediciones remotas... ¿Le pone un ‘check’ a cada editorial de Lanzarote que publica su obra?
-(Se ríe). Es más bien una especie de pudor que me provoca volver a pedir a la misma editorial la oportunidad de publicar. Soy muy afortunado porque nunca me han dicho que no; con todos los sellos me llevo estupendamente, todos me han mimado y han cuidado mucho las ediciones. Me he sentido muy querido y muy arropado, pero también pienso que hay mucha gente que necesita un empujón, a la que hay que hacer hueco; la literatura es un mundo extraordinario, que te hace descubrir otros universos y, sobre todo, te permite comunicarlos. Siempre he escrito pensando que no lo hago por mí: cuando empiezo a emborronar un folio o a escribir algo, sé que tiene que ser patrimonio colectivo. En ese sentido, creo que la escritura es un ejercicio de democracia maravilloso.
-¿A qué responde, en su opinión, el incremento de la oferta cultural de calidad? ¿Hay un público más exigente, la Administración la considera necesaria para la formación ciudadana, es políticamente rentable, es una suma de todos los factores?
-Después de que Manrique residiera en Lanzarote e interviniera en los espacios, que pusiera en marcha lugares como El Almacén o el MIAC, se abrió una ventana hacia afuera a la producción cultural de la Isla, pero también fue una puerta para que todo lo que estaba ocurriendo en la España de los años 70 llegara aquí. Y así propició, de una manera muy natural y con toda la vitalidad con la que él hacía casi todo, que nos llegara una cultura contemporánea que, como es lógico, había estado completamente fuera de nuestro escenario. Lanzarote fue una de las primeras, sin ser isla capitalina, donde se aclimataron esas nuevas visiones, las performances, el cine independiente... Pero a la muerte de César hubo un cierto retroceso, un impasse relacionado también con el traslado de las competencias en cultura del Gobierno de Canarias a los cabildos y a los ayuntamientos, que no entendieron muy bien qué tenían que hacer. Y la inestabilidad política también tuvo su responsabilidad en el parón. Posteriormente se vio que el acervo manriqueño era lo suficientemente fuerte y lo suficientemente prestigioso como para poder desarrollarse y reclamar una programación más acorde con lo que estaba ocurriendo fuera de Canarias, menos centrada en el folclore y la cultura popular tradicional. Me recuerdo en La Laguna, en mi época universitaria, preguntando que, allí, dónde estaba su Almacén.
-¿Qué nos deparará el año 2026 en materia cultural?
-Bien, desde el área de Cultura del Cabildo vamos a reforzar de alguna manera todos los proyectos que ya están consolidados, que tienen una buena respuesta de público y en los que queremos estar presentes, en la coordinación, la colaboración o el patrocinio. Hablamos de festivales de música como Sonidos líquidos o Arrecife en vivo; encuentros que tienen que ver con el séptimo arte, como la Muestra de Cine de Lanzarote o el Festival Internacional de Cine, con las artes plásticas y visuales como Veintinueve trece, y también con la escritura, como Verbena, el Festival de Literatura, Letras Aisladas, la Fiera del Libro... Además, en 2026 se cumple el tercer centenario del nacimiento del escritor José Clavijo y Fajardo, un ilustrado nacido en Teguise, en torno al cual habrá muchas actividades del Cabildo y el Ayuntamiento a lo largo de todo el año.
“En 2026 se cumple el tercer centenario del nacimiento de Clavijo y Fajardo”
-¿Y entre las novedades?
-En exposiciones tendremos, por ejemplo, a Jesús Madriñán y a Rosa Aránega; también queremos trabajar con una artista de Lanzarote que ha estado fuera mucho tiempo, Lidia Gil. Luego tenemos un proyecto de Fabio Carreiro y Guacimara Hernández, con el sugerente título de Todo en ti es naufragio, una relectura del poemario de Pablo Neruda, Veinte poemas de amor y una canción desesperada, que tratará de la nueva poética del amor, sus influencias contemporáneas tras la irrupción del feminismo, las nuevas identidades y los distintos tipos de afecto... Y de manera complementaria tendremos una pequeña muestra con artistas de Lanzarote, cuatro mujeres y cuatro hombres, que van a reinterpretar una selección de poemas de Neruda en piezas artísticas originales. Y ya para el verano, queremos desarrollar una actividad que el año pasado hicimos de manera experimental, el laboratorio de collages, y destinarlo de manera genérica a las artes plásticas; un taller abierto a todo el mundo, niños, niñas, familias, visitantes, personas con curiosidad que pasen por El Almacén y se encuentren con un espacio para que se vuelvan locos de la cabeza y se pongan a crear.
-El Almacén será de nuevo centro neurálgico del ya inminente Carnaval de Arrecife. ¿Tendremos más de su Cabaret canalla?
-Por supuesto volvemos otra vez a programar un Cabaret canalla, que este año se va a llamar Rosa Chicle y es un disparate completo y absoluto, como corresponde a esta fiesta. La producción sigue en manos de Tomás Pérez-Esaú, que ha incorporado personajes de lo más singular y muchísimas sorpresas en una sátira muy mordaz, pero a la vez muy divertida, de cosas que están ocurriendo en el panorama insular, pero también en el global. Será en dos sesiones, el 12 de febrero. Y por seguir con la parodia, también daremos continuidad al proyecto de Pedro Ayose, Cristóbal Tabares y Mare Cabrera, que iniciaron en 2025 con el tongo de las miss Lanzarote 2000 y que van a dedicar en esta ocasión al fenómeno del primer Operación Triunfo; una visita a todo lo que ha dado de sí este fenómeno televisivo musical, prevista para la segunda semana de agosto.
















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