Marta Román, EXPERTA EN PROYECTOS DE MOVILIDAD

“El camino escolar es la forma de reconquistar el espacio público para los niños”

Foto:Felipe de la Cruz.
Myriam Ybot 0 COMENTARIOS 08/03/2016 - 07:39

Hace unos años, Marta Román leyó un libro sobre movilidad y autonomía infantil que hacía notar que en la década de los 70 en Inglaterra, el 80 por ciento de los niños y niñas de ocho años iban solos al colegio y en los 90, solo lo hacía un 8 por ciento. “En los 70 yo tenía ocho años y en los 90 mi hija tenía esa edad. Crecimos en el mismo barrio y sin embargo, yo caminaba y su traslado era cada día un problema”, recuerda. Desde entonces lucha contra un fenómeno social que ha hecho que los pequeños se queden sin ciudad en el mismo siglo en el que se han reconocido sus derechos.

- Más que reeducar a los pequeños en la conquista del espacio público, habría que trabajar con los padres, que tiran de coche para todo...

- Es fácil culpabilizar a las familias, pero no hablamos de un problema individual sino social y colectivo. Es fácil señalar a madres histéricas o a padres siempre preocupados; pero debemos entender el contexto en el que se mueven las familias, con maternidades y paternidades muy intensivas y en un marco social que de algún modo exige esos comportamientos. Yo le llamo la campana de cristal de las familias. Ahora mismo, la autonomía infantil se considera desatención, negligencia familiar, cuando debería entenderse como un acto de amor, de confianza y de crecimiento.

- ¿Qué ha cambiado en dos décadas?

- Los hijos representan algo distinto ahora que hace unos años. Los hijos son muy deseados y exclusivos, muchos únicos. Y en un contexto social de precariedad laboral, económica y afectiva, la relación paternofilial es la más estable y duradera: los pequeños se convierten en sustento emocional para los padres y madres. Entonces decimos: «Al niño no le puede pasar nada, porque entonces yo me muero». Nuestra estabilidad y paz emocional depende de ellos. Y de ahí el rechazo a que corran todo tipo de riesgos. Pero los riesgos nos hacen crecer y disfrutar. Cualquier actividad humana con un poco de interés va asociada siempre a algo de riesgo. Ahí es donde está la vida. En situaciones realmente extremas, en ciudades en guerra, los niños van solos al colegio. ¿Qué podemos temer nosotros?

“La autonomía infantil se considera desatención, negligencia familiar, cuando debería entenderse como un acto de amor”

- Los padres se preocupan, la sociedad presiona y las administraciones no colaboran en la seguridad de las calles.

- Es un error ver el camino escolar solo como un tema de movilidad, que analiza si las aceras son anchas o los pasos de cebra suficientes... He trabajado en proyectos en los que se ha intervenido en el espacio público y los niños no han florecido. Porque es más difícil derribar un miedo que un muro. La administración, o quien organiza nuestra convivencia, peca también de evitar todo tipo de riesgos a los menores. Organizar una excursión escolar es como querer transportar una tonelada de nitroglicerina. Seguros de responsabilidad civil, permisos, controles... Si un niño se cae, se buscará al culpable de inmediato, al que dejó de vigilar, al maestro que se ausentó, al ayuntamiento que no reparó el bache... Para crecer los niños deben tener experiencias y adquirir destrezas.

- En sus intervenciones habla de «los otros riesgos» esos que no calculamos...

- Y son riesgos ciertos. La obesidad y el sedentarismo, la sobreprotección, el vivir con miedo, el vivir en soledad, la ausencia de referencias adultas distintas de los padres... Nuestra protección genera niños más vulnerables, sin coordenadas, solos, perdidos.

- ¿Es complicado, según su experiencia, dar marcha atrás?

- El camino escolar es solo un síntoma de algo más grave, de la pérdida del espacio publico para los niños, que ya no juegan en la calle. Eso es lo más doloroso, la pérdida de la infancia libre en nuestras aceras. Pero al menos desde mi planteamiento, el camino escolar sirve como mecanismo para revertir esa situación, es la manera de reconquistar el espacio público por parte de la infancia.

“Organizar una excursión escolar es como querer transportar una tonelada de nitroglicerina. Seguros de responsabilidad civil, permisos, controles...”

- La Calle Real de Arrecife es ya un trayecto seguro y sin coches. ¿Qué le falta al camino escolar para ser una realidad?

- La actitud de los profesores con los que he hablado es de mucho interés pues viven en carne propia la falta de autonomía de los niños, su falta de habilidades y de responsabilidad personal a causa de la sobreprotección... La respuesta de los padres y madres es más emocional. Y las instituciones de la isla parecen volcadas en colaborar.

- ¿Qué papel juega el coche en este fenómeno?

- Las ciudades tomadas por los coches crean nuevos códigos de comportamiento, nos aíslan, nos convierten en seres agresivos. Y ahora mismo, la accidentabilidad infantil está asociada a niños que van con sus padres dentro de un coche.

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