Alejandro Bonilla: del CD Lomo al certamen nacional de rallyes
Alejandro Bonilla Lasso ha pasado en pocos años de vivir los rallyes desde la cuneta a competir en el panorama nacional. El título del Clio Trophy Spain Tierra junto a Tomás Llinares confirma una evolución construida desde el aprendizaje, el sacrificio y una pasión por el automovilismo que lleva en la sangre.
El deporte llegó muy pronto a la vida de Alejandro Bonilla. Con apenas tres años, comenzó a entrenar en el CD Lomo y durante su infancia el fútbol ocupó buena parte de su tiempo. Le gustaba competir y, sobre todo, aquella sensación previa a los partidos. “Me gustaba mucho sentir los nervios previos a los partidos, ya que hacía que me enfocara mucho más en ellos”, recuerda. Una sensación que, años después, descubriría de nuevo dentro de un coche de carreras.
Su padre, aficionado a la especialidad y antiguo comisario de ruta, fue quien introdujo a la familia en ese mundo. Alejandro, su hermano Carlos y su primo Ariday crecieron asistiendo a prácticamente todos los rallyes de Lanzarote. “El automovilismo llegó a mi vida prácticamente desde que nací. Con tan solo 15 días ya estaba en una subida de Haría”, recuerda.
La referencia de Ariday fue determinante. Cuando su primo comenzó a competir como copiloto, Alejandro empezó a fijarse especialmente en el asiento derecho. “Gran parte de lo que sé lo he aprendido de él y llegar a compartir rallyes juntos es un orgullo”, reconoce.
Lo que comenzó como una afición terminó convirtiéndose en una vocación. Y también le permitió descubrir cualidades que desconocía. “Meterme dentro de un coche de carreras y saber que estás jugándote todo me hizo descubrir una tranquilidad y una capacidad de mantener la calma que ni yo sabía que tenía”.
Cuando comenzó a competir, Alejandro no pensaba en campeonatos nacionales ni en títulos. “Mis planes desde un principio fueron disfrutar y sentir esa sensación de ir al límite sin margen de error”, explica. Sabía que el trabajo podía abrirle puertas, pero también que para un canario el salto a la Península suponía una dificultad añadida.
Uno de los momentos decisivos llegó en el Rally de La Nucía 2025. Llevaba menos de un año compitiendo cuando se encontró en una prueba del Supercampeonato de España, lejos de su entorno y compartiendo escenario con algunos de los mejores especialistas nacionales. “Fue un rally en el que aprendí muchísimo y, sobre todo, muy rápido”, asegura.
“El trabajo que hay detrás de cada rally es lo que te lleva a mejorar”, dice Alejandro
El desembarco en el nacional también tuvo una parte menos visible. “Lo más difícil ha sido llegar a principio de temporada y encontrarme prácticamente solo, sin conocer a nadie y sin tener gente cercana en el entorno”. Una situación que, lejos de frenarle, le obligó a crecer: “Te enseña a buscarte la vida y empezar a sacarte las castañas del fuego tú solo”.
Ese aprendizaje también ha cambiado su manera de entender la competición. “La principal diferencia es el cambio de mentalidad”, afirma. El joven que comenzó a competir quería disfrutar y hacerlo lo mejor posible; el copiloto actual afronta cada rally “como esta profesión, con más seriedad”, consciente de la responsabilidad y del trabajo que existe detrás.
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Clio Trophy Spain
La temporada 2026 ha situado a Alejandro y Tomás Llinares en uno de los momentos más importantes de su trayectoria. Juntos han conquistado el Clio Trophy Spain Tierra, aunque Alejandro evita apropiarse completamente del título porque no pudo disputar todas las pruebas. “Creo que refleja que el trabajo y el sacrificio hasta ahora ha valido la pena y será una motivación para seguir trabajando y creciendo en este deporte”, explica.
“Me gusta sentir esa sensación de ir al límite sin margen de error”
Más que un resultado concreto, se queda con la evolución del equipo. Y, entre todos los rallyes disputados, señala el Princesa de Asturias por encima del resto: “Me quedo con la capacidad de gestión que tuvimos durante el rally, sabiendo mantenernos en la misma línea de principio a fin viendo lo complicado que era, sobre todo para la mecánica”.
El automovilismo, sin embargo, también obliga a aceptar los golpes. Apenas unos días después de celebrar el título, el Rally La Palma Isla Bonita terminó prematuramente para ellos tras una salida en el TC2. “Evidentemente fastidia, pero hay que entender que esto forma parte de los rallyes. Lo importante es aprender de lo ocurrido, pasar página y seguir trabajando”.
Dos primos y una pasión
La historia de Alejandro comparte apellido y profesión con Ariday, pero no quiere que su trayectoria quede definida únicamente por esa coincidencia. “He vivido situaciones en las que se me decía que uno ha llegado a donde está solo por el apellido”, reconoce. Su respuesta está en el trabajo: “Creo que ha quedado demostrado que el trabajo que hay detrás de cada rally es lo que te lleva a mejorar y poder seguir subiendo escalones”.
Ahora el objetivo es seguir creciendo. Alejandro quiere continuar en el panorama nacional, conocer nuevos coches y encontrar proyectos que le permitan dar otro paso adelante. No se obsesiona, sin embargo, con decidir ahora qué significará exactamente 2026 en su carrera. Quizá porque ha aprendido una de las grandes lecciones de los rallyes: no todo puede ocurrir a la velocidad que uno quiere.
Si pudiera hablar con aquel Alejandro que comenzó a competir, tiene claro qué le diría: “Que disfrutara más del proceso. Cuando empiezas quieres que todo pase rápido y llegar cuanto antes a donde quieres estar, pero cada rally forma parte del camino”. Hace cinco años ni siquiera imaginaba estar encima de un coche de carreras. Hoy tiene un título nacional en su palmarés, experiencia en pruebas de primer nivel y un camino propio por delante.
Y eso, para Alejandro Bonilla, ya es una razón suficiente para mirar atrás y decir que todo está mereciendo la pena.
















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