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“La ficción permite hablar libremente de ciertas cosas a través de los personajes”

Mar Arias Couce, periodista y autora de la novela ‘La isla en llamas’

Myriam Ybot 0 COMENTARIOS 10/10/2026 - 07:58

Recurrir al cliché resulta socorrido en muchas ocasiones. Y en el caso de la novela La isla en llamas, de Mar Arias, afirmar que la realidad supera (nutre, construye, alienta) a la ficción, viene como anillo al dedo. Basuras abandonadas en plena calle, contenedores que arden, xenofobia rampante, periodistas dispuestos a sacar a la luz las corruptelas, y policías superados por los acontecimientos personales y profesionales. Mézclese todos estos ingredientes con víctimas mortales, una isla aparentemente paradisiaca y un grupo de amigos de toda la vida, y el resultado es un relato que se lee de una sentada y deja con ganas de más.

“Por supuesto que la realidad que nos rodea es buen material para la ficción; en La isla en llamas hay muchas vivencias y situaciones fáciles de reconocer, tanto en nuestro territorio como en el resto del país, y no voy a hablar de todo lo que he preferido dejar fuera de la historia. No hay día en que no suba una noticia de contenedores desbordados o calcinados, ni dejamos de ver colchones tirados en medio de la acera, sillas rotas, electrodomésticos estropeados... No hace falta que haya una gran huelga de recogida para que veamos cosas así, y no tiene que ver ni con la corrupción ni con la mala gestión, sino con una ciudadanía poco educada, que parece que no sabemos deshacernos de nuestros residuos ni entendemos lo que es un punto limpio”, dice.

Y aunque el argumento sea desafiante y crítico, la música de sus palabras mantiene la serenidad, teñida de cierta tristeza. Son casi tres décadas a la espalda de contar Lanzarote, con sus luces y sus sombras, que han acabado por domeñar su asombro y su enfado iniciales.

“La realidad que nos rodea es buen material para la ficción”

Las redacciones de prensa han sido el mirador desde el que Mar Arias se ha asomado al ecosistema isleño, a esa particular sociedad que batalla por mantener el bienestar conquistado con argumentos, herramientas y convicciones dispares, un antagonismo que retrata a la perfección en su primera novela.

Las respuestas y consideraciones sobre la migración africana vertebran la narración sin un exceso de juicio, pero con la saludable intención de remover conciencias: “Es que, en realidad, creo que la inmigración, como tantísimas otras cosas, puede ser vista desde distintas perspectivas. En sí no es mala, más bien es necesaria. Tiene que ser legal, tiene que ser de una manera coordinada, no se puede dejar a niños durmiendo en un piso sin tutela, como yo he visto”.

Y de nuevo la experiencia periodística de la escritora se encarna en sus protagonistas, inspirados en personas a las que ha entrevistado, como Brahim, nombre dado al menor que llegó en una patera con el deseo de establecerse en la Isla, o las voces del racismo que se acercan a menudo a su periódico para trasladar su malestar con actitudes beligerantes. Frente a quien ya le ha alertado de las consecuencias del negativo dibujo que hace de la Isla, ella responde: “Chicos, tenemos a Galdós. ¿Tú has visto a un mayor removedor social que Galdós?”.

Los protagonistas

Además, como en la vida, todo no va a ser basura putrefacta, ratas, violencia criminal y xenofobia. El verdadero corazón de La isla en llamas, lo que la convierte en adictiva y memorable, es la panda de amigos y amigas que viven y comparten amores y desamores, confidencias, emociones, almuerzos e investigación. Son una periodista, un inspector de la Policía Nacional, un inspector de la Policía Local y un bombero profesional que suman pericia, contactos y descubrimientos hasta lograr la resolución del caso; al que, como buen ejemplo del género negro, se llega después de un sorprendente giro de los acontecimientos.

Una isla sin nombre aparece como gran protagonista de la ficción

“Introducir a una reportera me dio la tranquilidad del conocimiento del oficio, pero para los agentes tuve que documentarme, desde la particular jerga de la profesión a los horarios y turnos; y lo hice preguntando, buscando información y acudiendo a la inteligencia artificial”, recuerda.

En total, seis meses de construcción de la estructura del relato, una vez ideado el argumento, y tres de encerrona con el ordenador. Su despacho, la viva reproducción de esas comisarías de película, con las paredes cubiertas de papelitos con anotaciones sobre los personajes y la trama.

Junto al catálogo humano, aparece una isla anónima, pero reconocible como gran protagonista de la ficción, aportando las dosis de realidad y cotidianidad, del paisaje y de las noticias diarias que abrazan y dan contexto a la novela. Los titulares y conversaciones que aluden a la masificación turística, a la carencia de viviendas, a la suciedad y los comportamientos incívicos se combinan con el embrujo de la geografía volcánica, los baños de mar y el tiempo para cultivar la amistad, en reuniones gastronómicas abundantes y enjundiosas. Porque, como asegura la escritora, “en Lanzarote se come muy bien y se bebe muy bien”. También están muy presentes las mascotas, “un homenaje a los perros y gatos de mis amigos, y a los míos, a los que están aún con nosotros y a los que ya se han ido”, sonríe.

La saga

Quien lea y disfrute de esta primera entrega de las vicisitudes de Berta, Miguel, Gabi y Paco está de enhorabuena. El ordenador de Mar Arias guarda un nuevo caso para el equipo, en el que la mirada crítica se centra en la escasez de vivienda y sus consecuencias sociales. La historia mantiene al elenco de protagonistas de La isla en llamas, pero otorga un mayor foco a algunos de los secundarios, y aparecen otros nuevos.

El ordenador de Mar Arias guarda un nuevo caso para el equipo

“Empecé con la ficción porque me apetecía hablar de ciertas cosas, y la novela me sirve para hacerlo, a través de los personajes. En la segunda parte van evolucionando; los he dejado con cosas pendientes, que van a derivar en situaciones inesperadas para los lectores. Paco, el chulito, muestra una transformación enorme, la vida de Berta y Miguel va a dejar de ser tan apacible, pero además el argumento pone de relieve a figurantes, que dejan de serlo para pasar al primer plano”, adelanta.

A la espera de que el público dé el respaldo a su primera incursión en la narrativa novelada (ya publicó en 2020 la selección de cuentos El hombre al que le gustaban las manzanas) y abra la puerta a la edición de la segunda propuesta, la desinquieta imaginación creadora de Mar Arias sigue revolucionada, esta vez con el texto que cierre la trilogía policiaca, un relato con el agua y sus innumerables vertientes en el punto de mira.  

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