Más uva, mejores precios y nuevas bodegas
El sector vitivinícola celebra una próspera campaña tras dos años de escasez mientras crece la oferta enoturística en torno a un enjambre de microbodegas
Con una previsión que podría superar los tres millones de kilos de uva, la cosecha en Lanzarote se presenta como una de las más prósperas de los últimos años y la tabla de salvación para unas bodegas vacías tras el varapalo sufrido en 2025 con tan solo 843.000 kilos recolectados. Se presenta así una floreciente campaña con precios de la fruta que alcanzan los cuatro euros. Una vendimia que comenzó en algunas fincas a principios de julio, aunque el grueso de la campaña tuvo como punto de partida mediados de julio, extendiéndose hasta finales de agosto con la recogida de la uva moscatel.
Tras dos años de escasez, esta vendimia se caracteriza por “récords históricos” en algunas fincas y parras sanas que pronostican que el próximo año podría repetirse el volumen de producción, según señala Rafael Espino, al frente de Bodegas Vega de Yuco. “La vid se ha alimentado y ha acumulado reservas gracias a las lluvias de este invierno”. El ingeniero agrónomo apunta que, a pesar del cambio climático y el adelanto de las altas temperaturas, el inicio de la recolección de la uva ha sufrido un ligero retraso a fin de conseguir la maduración óptima de la uva que permita alcanzar el grado alcohólico preciso para las elaboraciones.
La alta producción de uva en las fincas lanzaroteñas junto con la ausencia de altas temperaturas, en comparación con cosechas anteriores, ha permitido compensar las pérdidas ocasionadas por el ataque del mildiu (Plasmopara viticola) en el mes de abril. Otro punto positivo de la campaña es que no se produjeron apenas incidencias con el oídio (popularmente conocido como ceniza) lo que ha posibilitado contar con una fruta sana y “excelente” que se traducirá en una buena calidad de los vinos, apunta Espino.
Desde Bodegas La Geria, su director Ramón Melián, destaca también que gracias a un invierno bueno y lluvioso, la vid en Lanzarote ha respondido tras un par de años de sequía. “Las parran han dado mucha uva y uva sana y de buena calidad, así que esperamos que la Isla pueda estar en torno a los 3,5 millones kilos y en nuestra bodega recoger alrededor de los 400.000 kilos”.
La alta calidad de la uva, de un color intenso, con buen aroma y sabor es otro de los indicativos de esta favorable campaña, según explica el enólogo y gerente de la Bodega Timanfaya, Alberto González, que trabaja en un proyecto de recuperación de cepas viejas que hasta este año no han podido ofrecer sus primeros frutos. “En Bodegas Timanfaya nos encontramos en periodo de expansión de producción, debido al proceso de recuperación de viñas que se encontraban abandonadas y que ahora están empezando a producir. Se trata de cepas en su tercer año de poda y que gracias a las lluvias de este invierno han ofrecido excelentes frutos”.
Esta vendimia de alta producción ha beneficiado no solo a bodegueros, que podrán reponer sus existencias sin riesgos a un balance negativo, sino también a los viticultores con precios de la uva en torno a los cuatro euros. “Mantener estos precios en un año tan favorable como este es un gran impulso a la viticultura, dado que si la producción se ha cuadruplicado también lo hacen las ganancias del agricultor”, señala Rafael Espino.
Con una producción histórica y barricas repletas, el principal reto al que se enfrentan ahora los bodegueros es la comercialización de los caldos ante un volumen de consumo que se ha visto menguado, tanto en restauración como en el sector de la alimentación. “El único nubarrón que vemos en el horizonte es la evolución del consumo. De este baremo dependerá que podamos sacar al mercado la mayor parte de estos vinos a los precios actuales”, puntualiza el gerente de Bodegas Vega de Yuco.
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Enoturismo
La apuesta por el enoturismo es una de las claves para la revalorización del sector vitivinícola de Lanzarote y su diversificación. Las visitas a la bodega para dar a conocer el método de cultivo tradicional en La Geria o el proceso de elaboración de los caldos se ha convertido en parte de la oferta turística de la Isla y una oportunidad para el residente de adquirir nuevas experiencias ligadas a la cultura del vino.
“Mantener los precios de la uva en un año tan favorable es un gran impulso”
“Todos los actores del sector estamos concienciados de que el enoturismo y apoyar nuestro patrimonio etnográfico es un atractivo para Lanzarote, pero también otra vía de ingresos que puede compensar un futuro en el que el abandono de la viticultura, que ya se está experimentando en el campo lanzaroteño, limite la producción de las bodegas”, comenta Rafael Espino.
Un ejemplo de las posibilidades del enoturismo es el proyecto desarrollado en Finca Testeina por Vega de Yuco, en pleno corazón de La Geria y rodeada de volcanes. La bodega ha recuperado una edificación ligada a la producción vitícola de la Isla desde el siglo XVI. En ese entorno se ofrecen rutas guiadas a los viñedos y diversas experiencias de cata. El atractivo de la finca es un reclamo además para la celebración de eventos de distinta índole.
En torno al enoturismo se están desarrollando otros muchos proyectos ligados a la incorporación de nuevas bodegas, principalmente de limitadas producciones, al Consejo Regulador de la DO Vinos de Lanzarote. Es otro de los síntomas del buen momento que vive el sector. Un total de 34 son las bodegas que forman parte de la denominación de origen en la actualidad. Proyectos muchos de ellos que apuestan por recuperar y preservar la tradición familiar en la elaboración artesanal de un vino elaborado con esmero, donde se presta especial atención al cuidado de la viña en sintonía con la conservación del paisaje y el territorio.
Jable de Tao, Auta, Olivina, David Fernández, Althay, La Verea, Vega Volcán, Ignacio Romero Bodega, Bocanegra, Entre Latidos o Francisco Rivera-Las Cadenas son algunas de las nuevas bodegas incorporadas al Consejo Regulador de la Denominación de Origen Vinos de Lanzarote que abogan por recuperar y preservar el legado familiar en torno a la cultura del vino. Proyectos desarrollados en torno al compromiso con el campo y el paisaje agrícola lanzaroteño, caracterizados por una esmerada elaboración tradicional, con las variedades malvasía volcánica y listán negra como protagonistas.
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Vino diferenciado
“Estas pequeñas bodegas se centran en la elaboración de vinos diferenciados alejados de las grandes producciones”, tal y como explica el enólogo Alberto González. Hasta el punto de poder vinificar cada variedad por separado. Listán blanco, malvasía volcánica, moscatel, listán negro y diego se recolectan de forma seleccionada para la posterior elaboración de caldos personalizados en Bodegas Timanfaya.
“Este enjambre de microbodegas aporta conocimiento y riqueza”
El enólogo entiende como algo positivo la aparición de nuevos proyectos en regiones de marcado carácter vinícola como Lanzarote. “Todo este enjambre de microbodegas que están surgiendo viene a aportar conocimiento. La riqueza que generan los nuevos productores al sector representa aprendizaje. Cada bodega y la forma en la que elaboran su producción ayuda a enriquecernos a todos”.
Rafael Espino comparte la opinión de que la competencia de nuevas bodegas permite enriquecer al sector. “Podemos aprender de lo que otros hacen bien y al mismo tiempo la oferta enoturística aumenta, lo que repercute en un incremento de personas interesadas en conocer nuestro patrimonio etnográfico. La competencia siempre es deseable, busca huecos donde otros no llegan y la oferta es mucho más completa. Cualquier persona que visite la zona de La Geria va a tener una experiencia adaptada a su estilo, y eso es algo positivo”.
Las pequeñas bodegas ofrecen una experiencia diferente y personal, pero también permiten la recuperación de viñedos familiares. Es el caso del proyecto liderado por Ignacio Romero y Luise Guttenberger en una finca de apenas tres hectáreas de extensión con certificación ecológica, en un enclave de Montaña Blanca inmerso en el Paisaje Protegido de La Geria, donde se pone en valor la identidad paisajística y cultural de Lanzarote al tiempo que se recupera el cultivo de la viña en hoyo.
“El objetivo de la bodega es proteger este paisaje cultural agrario y transmitir a las nuevas generaciones un legado de trabajo artesanal fraguado a través de los siglos”, señala Ignacio Romero. En sus elaboraciones tradicionales buscan expresar “los intensos matices de un territorio marcado por la combinación de clima atlántico e influencia sahariana”. Son vinos ecológicos y de mínima intervención con largas fermentaciones, que se elaboran de forma artesanal e individualizada, respetando el origen de cada parcela y la personalidad de cada variedad. Unos caldos que se venden en exclusiva en la bodega y que no aspiran a competir en el mercado.
Junto al trabajo de preservación de la tradición vitivinícola lanzaroteña, también se ofrecen experiencias a través de rutas interpretadas alrededor de los viñedos, tanto para residentes como visitantes. “Realizamos visitas regulares a nuestra bodega vinculadas a experiencias de interpretación del paisaje, los trabajos en la viña y la cultura e historia del vino local”. En estos recorridos los participantes caminan entre parras cultivadas de forma tradicional sobre rofe (lapilli), conocen cómo el volcán transformó la Isla y cómo las familias labradoras convirtieron ese territorio en un patrimonio vivo. La experiencia culmina con una visita a la bodega, donde se presenta la forma de elaboración tradicional de los caldos y se realiza una degustación de vinos ecológicos “con identidad isleña”.

















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