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Años de denuncias precedieron a la condena a un profesor por abuso sexual

La Audiencia le ha impuesto 12 años de prisión por delitos continuados contra tres alumnas. Antes tuvo un juicio en el que fue absuelto, quejas en Inspección y otra denuncia en su anterior destino

Isabel Lusarreta 0 COMENTARIOS 10/07/2026 - 06:56

“Estaba disfrazado como algo cotidiano, normal. Puede que alguien lo viera como algo raro, pero no hizo nada”. La frase es de una de las testigos que declararon en el juicio contra el profesor que acaba de ser condenado por tres delitos continuados de abusos sexuales. La Audiencia Provincial ha impuesto a W.P.R. 12 años de prisión, cuatro por cada una de las víctimas, que tenían entre nueve y 12 años cuando ocurrieron los hechos. Hoy son mayores de edad y han sido las primeras en conseguir una sentencia condenatoria, pero no fueron las primeras en denunciar.

En los últimos 15 años, el mismo docente había recibido quejas, denuncias y hasta otro juicio. Diferentes alumnas, de diferentes cursos y hasta de un colegio distinto -porque antes de llegar a Lanzarote ejerció en otro centro de Gran Canaria-, habían denunciado hechos similares, pero sus testimonios no terminaron ni en condena ni en medidas internas de la administración.

“¿Qué pasó ahí? ¿Qué pasó con el protocolo que se tiene que activar?”, se pregunta la madre de dos de las víctimas. Y es que mientras una de sus hijas seguía sufriendo abusos en silencio -los que hoy considera probados una sentencia-, el profesor ya tenía dos quejas abiertas en Inspección Educativa de otras alumnas, que quedaron en nada. Igual que la denuncia que había afrontado en Gran Canaria, poco antes de dejar esa isla en 2013 y conseguir un nuevo destino en Teguise.

Las denuncias previas

“En Las Palmas quisieron jugármela bien jugada”, declaró W.P.R. la primera vez que se sentó en el banquillo de los acusados en Lanzarote, hace ahora cuatro años. El fiscal le preguntó por aquel precedente, y el acusado culpó a la directora del colegio y se limitó a subrayar que no había sido condenado. En cuanto a las denuncias ante Inspección Educativa que se presentaron en Lanzarote ya en 2018, y que están documentadas, las negó: “A mí personalmente no me han llegado”. En cualquier caso, se las notificaran o no, lo concreto es que la administración no adoptó medidas.

Un año después, en 2019, llegó una denuncia penal de otra alumna, que fue la que dio lugar a ese primer juicio celebrado en la Isla en abril de 2022. Cuando se celebró la vista, la víctima tenía solo 12 años. “Pese a la insistencia de la defensa, no se aprecia un móvil espurio en la declaración de la menor”, concluía la sentencia. Sin embargo, aunque la Sala subrayaba que no creía que la niña “faltara a la verdad” en su relato, y así lo confirmaron también las dos peritos, terminó absolviendo al acusado.

En esencia, aquel primer fallo de la Audiencia Provincial concluyó que había “dudas” sobre los hechos. En algunos casos, sobre si realmente tenían un “ánimo libidinoso”. En otros, que “sí podrían entenderse como de carácter sexual”, consideraba que el testimonio de la niña fue “sumamente impreciso” y que no fue corroborado por otros testigos.

“Pese a haberse producido los hechos denunciados en presencia de toda la clase, no han sido propuestos como testigos otros menores que relataran la existencia de tocamientos o comportamientos tan llamativos como que el profesor sentara a la denunciante en sus piernas” o “abrazara y besara a las niñas”, señalaba la sentencia. Los compañeros de la denunciante, igual que ella, tenían entre nueve y 10 años cuando ocurrieron los hechos y solo 12 cuando se celebró la vista.

Consecuencias

Aunque aquel juicio no terminó en condena, sí tuvo dos consecuencias. Por un lado, poco después de recibir esa denuncia, el profesor pidió una baja y dejó de dar clases. Por otro, al ver la noticia del juicio en los medios, otras tres menores que ya habían salido del colegio decidieron denunciar que habían pasado por lo mismo. Fueron dos denuncias distintas, que en los Juzgados se unificaron bajo las mismas diligencias. Las que ahora han llevado a esa condena en primera instancia de la Audiencia Provincial.

“¿Qué pasó con el protocolo a activar?”, cuestiona una madre

Una de las víctimas declaró que le dio un ataque de ansiedad al ver la noticia en 2022. Tras hablar con una amiga, su forma de pedir ayuda fue contarlo por escrito, enviando una carta a su tía. Otras dos, hermanas, ya habían dado algunos avisos en casa desde 2019, pero entonces le pidieron a su madre que no denunciara. En ese momento la mayor ya estaba en el instituto y la pequeña estaba a punto de terminar la Primaria y de dejar el colegio. “Tenía miedo. Me decían: si no le sigues la bola, entonces empieza a tratarte mal”.

Ellas habían formado parte del grupo de “las favoritas” del profesor, que es un término que repiten todas las denunciantes y varios testigos que declararon en el juicio. “Había categorías: sus favoritas, a las que más atención les daba, las más desarrolladas, las más listas, las más femeninas, y luego el resto, a las que despreciaba, por sobrepeso o factores físicos”, declaró una de ellas. Las denunciantes, formaban parte del primer grupo. Del que todos querían integrar.

Era el profesor “diferente”, que “decía palabrotas” y daba “clases divertidas”. “Para mí era normal sentarme encima de él, era parte de la rutina. No quería estar en el grupo de las humilladas”, relató una de las víctimas. De hecho, tardó mucho tiempo en entender lo que estaba ocurriendo, y mucho más en animarse a denunciar, cuando había cumplido ya los 16.

Cuatro años de espera

Hoy su madre cuestiona que hayan tenido que pasar cuatro años para que se celebre el juicio, pero a la vez es consciente de que ese tiempo puede haber sido clave para la condena. Y es que a diferencia de lo que ocurrió en el juicio de 2022, esta vez las víctimas habían dejado de ser unas niñas y, sobre todo, no estuvieron solas. Su relato fue confirmado por hasta seis compañeros y compañeras, que hoy también son mayores de edad. “Creo que eso ha permitido que tengan más claros los hechos y tengan menos dificultad para expresarlo”, apunta esta madre.

La noticia del primer juicio en 2022 animó a otras tres menores a denunciar

De hecho, algunas testigos no solo confirmaron el relato de las víctimas, también declararon haber sufrido ellas mismas episodios muy similares. Una de ellas testificó que en una ocasión el profesor “le tocó los pezones y al día siguiente le habló de una relación especial y le dijo que no le contara nada a su madre”. Otra contó que en el viaje de fin de curso “le pasó la mano por el pecho preguntándole si llevaba sujetador”. “En general le gustaba el contacto físico. Ponía la mano por debajo de la camiseta, por la barriga, por los muslos y el culo a la mayoría de las niñas”, añadió.

Con los chicos, el trato era diferente. “A los niños incluso en algún caso los trataba mal”, declaró en el juicio otro testigo. En su caso, relató que con él “se metió por su sobrepeso y durante el viaje de fin de curso tuvieron una discusión fuerte”. Además, exalumnos y exalumnas coincidieron en que a los chicos a menudo “les humillaba y les daba collejas”.

El daño del silencio

La madre de dos de las víctimas agradece la valentía de los testigos de la acusación que acudieron al juicio, pero cree que deberían haber sido muchos más.  De hecho, lamenta que la actitud del colegio y de otros padres han hecho mucho más doloroso todo el proceso. “Durante estos años he tenido que escuchar tantas cosas, he tenido que ver a tantas familias que han mirado para otro lado, tantos padres y madres que han hecho callar a sus hijas...”

Hoy, con la sentencia en la mano, celebra lo que supone para sus hijas: “Para mí lo importante de este juicio no era si lo metían preso, sino que se supiera que es culpable”. Considera especialmente importante que la sentencia le haya impuesto 27 años de inhabilitación absoluta y 21 años de inhabilitación especial para cualquier trabajo o actividad con menores de edad, y cree que el fallo también puede ayudar a otras posibles víctimas que pasaran en su día por lo mismo. “Puede que las familias de esas otras niñas hoy por lo menos se planteen creerlas. Aunque no quieran denunciar, que las escuchen, porque para mí el silencio es el verdadero daño”.

“Si han tocado a sus hijas, señora, son abusos sexuales”

Cuando la madre de dos de las víctimas acudió a poner la denuncia en la Guardia Civil hace cuatro años, se tuvo que enfrentar por primera vez a un término: abusos sexuales. Lo empleó el agente, para poner nombre a lo que le habían descrito. “A mí aquella palabra me derrumbaba. Le decía: no, abusos sexuales no, tocamientos”, recuerda. La respuesta, terminó de abrirle los ojos: “Si las han tocado, señora, son abusos sexuales”.

Hoy lamenta que durante mucho tiempo, no vio lo que realmente estaba ocurriendo: “Mis hijas tenían una relación fantástica con él. Lo tenían totalmente idealizado. Era el profesor chachi, el que decía palabrotas, el que colegueaba con los niños”.

La propia sentencia apunta que, “aisladamente, hay alguna acción que, aunque inapropiada, pudiera no tener un contenido claramente sexual, o dar lugar a equívocos, como sentar a las menores en sus rodillas”. Sin embargo, añade que cuando a eso se suma que el acusado “toca los muslos y el culo de las menores, les muerde el cuello o la oreja, o les dirige comentarios referentes a su culo, tal y como se desprende de las numerosas declaraciones testificales”, entre otros hechos que también considera probados, “el ánimo libidinoso resulta, sin ningún género de dudas, acreditado”.

“Hay una parte de mí que hasta puede entender que en el colegio a todos se les pasara o que lo normalizaran, como durante un tiempo lo normalicé yo, porque nos embaucó”, admite una de las madres. Sin embargo, subraya que este no fue ni el primer juicio ni la primera denuncia, y cuestiona que distintos profesores hayan acudido a los juicios a declarar en defensa de su compañero. “Puede que al principio no se dieran cuenta o no fueran conscientes de la índole que tenía, pero después creo que simplemente han salvado su culpa. Porque si lo permitieron, ¿en qué lugar quedan ellos?”.

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