Tomás Pérez-Esaú

La cultura: el mejor negocio político que Lanzarote todavía no ha aprovechado del todo

Cuando se hace con criterio y constancia, invertir en cultura no solo llena auditorios. Llena las urnas, nutre comunidades y convierte a los gestores públicos en referentes. Una oportunidad demasiado buena para desaprovecharla.

La IV Fiera del Libro de Lanzarote, recién celebrada en Arrecife, y la presencia canaria en la Feria del Libro de Madrid —con 15 editoriales, más de 60 publicaciones, 21 firmas y más de 300 ejemplares vendidos en 17 días— nos dejan una imagen que conviene guardar: miles de personas buscando libros de aquí, escolares que ojean –¡y compran!– con entusiasmo, y una isla que, cuando se lo propone, sabe perfectamente cómo estar donde tiene que estar. No está mal para un territorio donde casi todo se mide en plazas hoteleras. Pero lo interesante, les aseguro, no son los eventos en sí, sino lo que demuestran: que cuando la cultura se hace con seriedad y continuidad, la gente responde. Y eso, en términos políticos, vale mucho más de lo que suele reconocerse.

Hay una paradoja curiosa en cómo la mayoría de las administraciones locales gestionan la cultura: la tratan como gasto cuando en realidad es, bien ejecutada, una de las inversiones con mayor retorno político y social que existen. Y Lanzarote, con todo su potencial, podría sacarle mucho más partido del que le está sacando.

No es una opinión aislada. Lo acaba de confirmar el Ministerio de Cultura en su reciente informe La cultura como bien público mundial, esencial, básico y de primera necesidad. El documento sitúa la cultura al mismo nivel que la sanidad o la educación en cuanto a su papel estructural en la sociedad. Dicho de otro modo: quien apueste por la cultura con seriedad no está siendo idealista. Está siendo estratégico.

"La cultura da forma a nuestras identidades, aspiraciones y relaciones con los demás y el mundo. También da forma a los lugares y los paisajes en los que vivimos, los estilos de vida que desarrollamos."

Pau Rausell Köster, economista de la cultura y director de ECONCULT, Universidad de Valencia · The Economy Journal, 2014

Piénsenlo: ¿qué otro tipo de acción pública logra que una familia de Arrecife, unos turistas nórdicos, un agricultor de Haría y una diseñadora de Tías coincidan un sábado por la tarde sintiéndose todos en casa? La cultura bien programada tiene esa magia. Crea comunidad donde antes solo había vecinos. Y la comunidad, ya se sabe, vota. Participa. Habla bien del lugar. Repite.

Quien apuesta por la cultura con criterio gana algo que ninguna campaña de publicidad puede comprar: presencia real en la vida de la gente.

La clave está, claro, en el cómo. No es lo mismo inaugurar una exposición con pompa y luego apagarla a las tres semanas que construir una agenda cultural estable, con continuidad, que llegue a los barrios, a los pueblos del interior, a los centros educativos. Lo primero da una foto. Lo segundo da arraigo. Y el arraigo, en política local, vale oro.

"Los gobiernos han de pensar que la cultura aporta muchos tangibles e intangibles como: cohesión social, empleo directo e indirecto."

Alfons Martinell, director honorífico de la Cátedra UNESCO de Políticas Culturales, Universidad de Girona · ViceVersa Magazine, 2015

La otra gran ventaja de apostar por la cultura es la diferenciación. Lanzarote no puede competir en precios con otros destinos, pero sí puede competir en profundidad, en singularidad, en la capacidad de ofrecer algo que no se encuentra en ningún otro sitio. Eso atrae a un tipo de visitante que gasta más, regresa y recomienda. Y eso, además de cultura, es economía.

También conviene recordar que el informe del Ministerio no cae en el vacío. España ya reconoce legalmente la cultura como bien básico de primera necesidad. La Constitución habla de su servicio como "deber y atribución esencial". Alinearse con ese marco no solo es lo correcto: es también lo políticamente inteligente, porque sitúa a quien lo hace en el lado correcto de un debate que va a crecer.

CINCO MOVIMIENTOS QUE CUALQUIER ADMINISTRACIÓN LOCAL PUEDE HACER YA

  • Continuidad sobre intensidad. Una programación modesta pero sostenida durante todo el año genera más fidelidad ciudadana que dos grandes eventos anuales rodeados de vacío.
  • Tejido profesional propio. Apoyar a los creadores y gestores locales no es subvencionar una afición: es construir un ecosistema que prestigia el territorio y genera empleo cualificado.
  • Descentralización. Llevar cultura a Tinajo, a Yaiza o a Teguise no es un esfuerzo menor: es una declaración de que nadie queda atrás, y eso se recuerda en las urnas.
  • Medición inteligente. El impacto cultural va más allá del número de asistentes. Bienestar, cohesión, orgullo de pertenencia y retención de talento son activos que también cuentan y que se pueden comunicar.
  • Alianzas con el sector privado. Hoteles, restaurantes y comercios se benefician de una isla culturalmente viva. Un modelo de cofinanciación inteligente puede ampliar el alcance sin aumentar el gasto público.

Una isla que protege su paisaje físico y cuida también su paisaje cultural tiene mucho más que ofrecer. Y mucho más que contar.

No se trata de oponer cultura y gestión eficiente. Se trata de entender que una buena política cultural es una buena gestión. Quien construya en Lanzarote un sistema cultural sólido, capilar y sostenido en el tiempo no estará siendo generoso a costa de lo importante. Estará invirtiendo en lo más duradero: el vínculo entre la institución y la gente que vive aquí.

Y eso, a estas alturas, no tiene precio. Aunque sí tiene presupuesto. Y merece tenerlo.

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