En el 140 aniversario de su nacimiento se recuerda a un investigador y divulgador de la educación que fue depurado con el franquismo en el trágico final de su vida

Federico Doreste, un pedagogo ilustre con raíces en Lanzarote y Fuerteventura
En el 140 aniversario de su nacimiento se recuerda a un investigador y divulgador de la educación que fue depurado con el franquismo en el trágico final de su vida
Federico Doreste Betancort (1886-1948) tuvo una vida intensa y llena de contrastes. De la lejanía de Máguez, su pueblo natal, a los viajes por grandes capitales de Europa; de la soledad de Isla de Lobos, a sus múltiples publicaciones sobre educación; del éxito en la investigación y la docencia, al ostracismo de la última etapa de su vida... En el 140 aniversario de su muerte indagamos en una figura muy destacada de la educación a la que se está volviendo a recordar después de un injustificado olvido.
Doreste nació en Máguez, pero por la profesión de su padre, el torrero de faros marítimos Tomás Doreste Bonilla, con 10 años se trasladó a Isla de Lobos, donde vivió con su familia hasta los 17 años. Esta etapa en el islote situado entre Lanzarote y Fuerteventura condicionó muchos aspectos de su personalidad, como él mismo reconoció en la memoria que le obligaron a escribir durante el proceso de depuración que sufrió durante la Guerra Civil: “Viví en un faro situado en una pequeña isla y lejos del trato humano hasta los 17 años... y por efecto seguramente del aislamiento en que viví durante tantos años, mi carácter es demasiado retraído y poco comunicativo no siendo con personas de mi intimidad”.
En 1903 nuestro protagonista salió de Isla de Lobos para ir a Gran Canaria a realizar estudios de maestro elemental y superior en la Escuela Normal de Las Palmas, donde al terminar fue nombrado “ayudante meritorio” de dicha escuela, adscrito a las enseñanzas de Física y Electrotecnia. Esta unión a las ciencias tuvo que ver con que esta misma etapa “su hambre de búsqueda de conocimiento le llevó paralelamente a estudiar en la Escuela Superior de Industria de Las Palmas”, tal y como cuenta Ignacio Romero en Isla de Lobos. Naturaleza e Historia, un libro que recuerda, entre otras cosas, la rica y asombrosa lista de destacadas personas de letras que pasaron por esta pequeña isla y su faro: Josefina Plá, José Rial Vázquez, José Antonio Rial González...
Tras ejercer un tiempo como maestro en la provincia de Santa Cruz de Tenerife, Federico Doreste se matriculó en 1916 en la Escuela Superior de Magisterio de Madrid, especializándose en ciencias y logrando el número cinco de su promoción. En 1919 volvió a Tenerife a dar clases, pero una propuesta del Ayuntamiento de Santa Cruz para que planteara un proyecto de reorganización en la enseñanza primaria de la capital chicharrera le animó a profundizar en la parte teórica de la enseñanza, trasladándose a la Península.
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Detalle del interior del libro ‘Argonautas (Historia de la navegación)’.
Renovador
En 1921 Federico Doreste se mudó a Barcelona, que se convirtió en su principal residencia el resto de su vida, de hecho fue elegido decano de los maestros de la ciudad en 1928, 1929 y 1930 como director de varios colegios en el barrio de Les Corts y en el centro educativo Ramón Llul. También fundó la Casa del Maestro de Barcelona y logró unificar las distintas asociaciones de maestros que existían en ese momento en la ciudad, tal y como cuenta Olegario Negrín Fajardo, catedrático retirado de Teoría e Historia de la Educación de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) y autor de varios artículos sobre esta figura. No obstante, el canario desarrolló, sobre todo, una importante labor como investigador y divulgador de las teorías más vanguardistas de la educación en esos años.
Federico Doreste Betancort se vinculó con la llamada “Escuela Nueva”, un movimiento pedagógico renovador
Federico Doreste Betancort se vinculó con la llamada “Escuela Nueva”, que fue un movimiento pedagógico renovador surgido a finales del siglo XIX y principios del siglo XX en diferentes países occidentales. Su principal postulado consistía en poner al niño o niña en el centro del proceso educativo, sustituyendo la enseñanza más pasiva y memorística por el principio de “aprender haciendo”. Era una idea bastante revolucionaria, que planteaba un giro copernicano frente a los postulados preponderantes hasta ese momento, donde el alumnado era menos activo y autónomo.
España participó desde el primer momento en esta corriente internacional, destacando la Institución Libre de Enseñanza. Federico Doreste logró ser becado en distintos momentos por la Junta para la Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas (JAE) para aumentar su formación en diversos países de Europa, a partir de los años veinte. El canario realizó cursos en grandes capitales del viejo continente como París, Múnich, Zúrich..., al tiempo que aprendía idiomas (francés, alemán, inglés e italiano). Gracias a la documentación de la JAE se sabe que realizó formaciones en Francia, Bélgica, Dinamarca, Alemania, Austria, Italia o Checoslovaquia.
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Especialmente fructíferas para Doreste fueron sus diversas estancias en Bruselas, donde entró en contacto con Ovide Decroly (1871-1932), maestro, psicólogo y médico belga, con una amplia carrera que también influyó en ámbitos de la pedagogía, la neurología y la filosofía. Doreste fue uno de los precursores en España del “método Decroly”, que consistía en una propuesta educativa integral (“escuela por la vida y para la vida”) centrada en el niño, sus necesidades e intereses naturales.
En medio de sus viajes por Europa en los años treinta, la polarizada situación de España también empezó a afectar a Doreste, que tras chocar con los planes educativos de un sector del catalanismo más radical se mudó a Madrid en 1935. El canario se oponía a la rebaja de las horas de lengua castellana en las aulas que proponían los partidos independentistas. El país vivía una rápida radicalización de las posturas políticas, un ambiente que no favorecía la implantación consensuada de nuevos planes educativos. Con el estallido de la Guerra Civil en el verano de 1936, Federico Doreste dejó el colegio de Fuencarral donde impartía clases y se volvió a Barcelona.
El historiador Olegario Negrín considera que “en medio de una confrontación bélica, su comportamiento equilibrado iba a ser mal interpretado por todos. Para los sindicatos y miembros de los partidos políticos de izquierda, pasaría por ser un maestro conservador; para la derecha política sería un republicano con tendencia laica y socialista. Esta fue quizás una de las claves de la tragedia final de Doreste Betancort”.
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Publicaciones
Junto a su labor en las aulas, Federico Doreste también desarrolló una interesante trayectoria como investigador y divulgador pedagógico, casi siempre ligado a las ciencias y a enseñanzas técnicas. Su catálogo de publicaciones fue amplio y muy variado. Ya en 1921 sacó a la luz la primera edición de Motores de viento. Molinos, centrado en el manejo de esta maquinaria, mientras al año siguiente se pasaba a dar a conocer la helicicultura que tanto triunfaba en varios países de Europa con el libro El caracol. Su explotación. Otro texto de carácter más técnico fue el que publicó en 1935: Argonautas (Historia de la navegación), donde realiza un ameno y completo repaso a los grandes viajes por el océano y la transformación tecnológica de los navíos.
Publicó ocho libros sobre educación y se formó en varios países europeos
El maestro criado entre Lanzarote e Isla de Lobos también publicó varias ediciones y manuales más generales sobre educación, como El niño y el mundo (1933), Cuadernos de prácticas de aritmética y Espigas (1936). Especialmente reconocido fue Metodología de la lectura y la escritura (1933), que se convirtió en una obra emblemática de los movimientos de renovación pedagógica en España.
Cuando Barcelona cayó del lado franquista en 1939, Federico Doreste vivió un doble proceso de depuración en Madrid y en la Ciudad Condal. No huyó al extranjero, como otros pedagogos relacionados con la II República en España, y fue condenado a prisión una larga temporada, a pesar de su carácter moderado y de no haberse posicionado de forma radical en política, aunque sí es verdad que perteneció a sindicatos como UGT.
No logró reincorporarse a la docencia ni levantar de nuevo su carrera profesional. Afectado por varios problemas de salud falleció en 1948, a los 62 años de edad, tras una última década vital bastante trágica.
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Este 12 de mayo se celebra una charla sobre este ilustre pedagogo en la sala El Aljibe de Haría a cargo del especialista en historia de la educación Olegario Negrín y con la participación de Ignacio Romero, escritor y biólogo lanzaroteño que ha reivindicado la obra de Doreste en varios libros. La entrada es libre y el acto comienza a las 19.00 horas.




















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